La reconstrucción debe ser real, con recursos suficientes y con justicia. No puede transformarse en un caballo de Troya para justificar una reforma tributaria escondida.
La llamada “Ley de Reconstrucción Nacional” es un engaño deliberado. No existe una devastación estructural del país que justifique una norma de esta magnitud.
Lo que sí existe es la intención de utilizar el dolor de las familias afectadas por los incendios en Penco para instalar, por la puerta de atrás, una rebaja tributaria que beneficia principalmente a los sectores de mayores ingresos. Eso no es reconstrucción: es oportunismo político.
Se nos dice que se necesitan 500 millones de dólares para ir en ayuda de los damnificados. Pero en la misma ley se incluyen medidas que reducen la recaudación fiscal en cerca de 3.000 millones de dólares. Seis veces más de lo que supuestamente se quiere recaudar para reconstruir.
Es una decisión ideológica para debilitar al Estado y favorecer a quienes tienen mayor poder económico. Piden solidaridad a la mayoría mientras le hacen un regalo tributario al 1% más rico de Chile.
Esta es una ley tipo “jurel que se vende como salmón”: se presenta como un instrumento solidario, pero en realidad es un paquete misceláneo diseñado para instalar beneficios permanentes a un grupo privilegiado.
Bajo el rótulo de reconstrucción aparecen materias que nada tienen que ver con la emergencia: señales para poner en duda la gratuidad universitaria, cambios en impuestos territoriales, eliminación de impuestos a donaciones. Todo mezclado en un verdadero LUMAMI legislativo que busca confundir a la ciudadanía y presionar su aprobación aprovechando la urgencia de quienes lo perdieron todo.
La derecha pretende instalar una lógica brutal: cuando se trata de apoyar a la clase media, a las pymes o a las familias trabajadoras, nunca hay recursos; pero cuando se trata de rebajar impuestos a los que más tienen, la billetera aparece de inmediato. Esa es la verdadera prioridad que esconde esta ley trampa.
No vamos a permitir que se use el sufrimiento de las personas como excusa para avanzar en una agenda económica que beneficia a unos pocos y debilita la capacidad del Estado de responder a futuras emergencias. La reconstrucción debe ser real, con recursos suficientes y con justicia. No puede transformarse en un caballo de Troya para justificar una reforma tributaria escondida.
Mi voto y mi voluntad estarán siempre con el chileno y la chilena de a pie; con quienes se levantan con el alba y regresan cuando está oscuro sin poder ver y disfrutar a sus hijos; con quienes sostienen el país con su trabajo cotidiano y que esperan, con razón, que las decisiones políticas se adopten pensando en el bien común y no en los privilegios de unos pocos.
Y con esta ley LUMAMI o como diría un amigo facho pobre -que a esta altura es de los arrepentidos- “ley miscelánea”, estamos hipotecando el futuro del país por los próximos 30 años.
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