Creemos firmemente que un país saludable es aquel donde las licencias médicas sean utilizadas de forma justa, oportuna y humana.

A primera vista, una caída de casi 13% en la emisión de licencias médicas en Chile durante 2025, podría celebrarse como una noticia positiva al haber menos días de reposo otorgados, menor gasto fiscal y aparentemente, una mayor productividad laboral.

Sin embargo, esta caída invita a una reflexión más amplia, pero entendiendo que el control y la fiscalización eran urgentes tras los innumerables casos de uso indebido, y que ésta ha sido altamente positiva, porque ha permitido cuidar los recursos públicos.

Los datos oficiales señalan que en el 2025 se emitieron 7.016.470 licencias médicas en total, una cifra significativa, pero inferior en 1.034.791 permisos respecto a 2024, cuando se emitieron 8.051.261.

Este descenso significa una reducción de un 12,9% del total de licencias emitidas en el país. En una caída que se dio en todos los sistemas previsionales, tanto en Fonasa como en las Isapres y también en trabajadores del sector público y privado.

Sin embargo, detrás de las cifras publicadas por la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO) existe un tema más complejo, donde no sólo se debe hacer un análisis técnico, sino también una reflexión ética y política profunda.

Esta reflexión es necesaria, porque la licencia médica es un derecho social esencial, pensado para proteger a los trabajadores cuando su salud se ve comprometida. Si este instrumento se usa de manera indebida o fraudulenta como se descubrió, no solo se desperdician recursos, sino que se deslegitima la protección social que el sistema debe ofrecer.

Si bien es cierto, la SUSESO y otros análisis estiman que esta caída representó un ahorro de cerca de US$675 millones en gastos de subsidios por incapacidad laboral, lo que es un ahorro importante, parece necesario considerar no hacer una lectura simplista de estos resultados, sino tener la capacidad de mirar más allá de los números y entregar propuestas de solución frente al tema.

En este contexto, creemos que Chile necesita un enfoque integrado frente al tema de las licencias médicas, que a lo menos contemple aspectos tales como mejorar los mecanismos de control sin penalizar a quienes legítimamente requieren reposo. Así como invertir en prevención y en políticas de salud pública que reduzcan realmente las causas que generan ausentismo, como el estrés crónico, las enfermedades laborales y las malas condiciones de trabajo.

En un país donde las enfermedades crónicas, el estrés laboral y las bajas por salud mental han ido en aumento en la última década, esta es una preocupación seria.

Es importante pensar que si un trabajador duda en pedir una licencia, porque teme repercusiones sociales o laborales, no significa que su salud haya mejorado, sino que el sistema y la sociedad le han hecho sentir que esa protección es, de alguna manera, un privilegio cuestionable.

Es por eso que nos parece importante, promover la educación y la confianza en el sistema, tanto entre empleadores como trabajadores y profesionales de la salud, para que el uso de licencias médicas sea visto como lo que es, es decir, un derecho social necesario.

Creemos firmemente que un país saludable es aquel donde las licencias médicas sean utilizadas de forma justa, oportuna y humana. Por eso estimamos que el análisis debe ir más allá del ahorro obtenido, sino que debe centrarse en cómo mejorar el bienestar real de las personas que componen nuestro gran capital, que es la fuerza laboral que el país tiene.