A dos meses de la muerte del suboficial mayor de Carabineros, Javier Figueroa Manquemilla, en Puerto Varas, la incertidumbre y dudas han tomado protagonismo ante una investigación reservada.
Aquel 11 de marzo, faltando algunos minutos para las 6 de la madrugada, ingresó una llamada al 133. Hasta ahora se sabe que la voz del otro lado del teléfono habría solicitado auxilio policial por personas bebiendo y haciendo desórdenes en la vía férrea, a metros de calle San Francisco.
Los tres primeros funcionarios en responder llegaron en una radiopatrulla por el pasaje Pewen y, cruzando a pie el paso ferroviario sobre nivel, accedieron hasta una zona de matorrales y árboles.
La cronología del caso Figueroa a dos meses de su muerte
Uno de los acompañantes de Figueroa, quien recordemos ha sido declarado mártir, detalló cómo habrían ocurrido los hechos de ahí en adelante.
“En el sector de Los Pinos, por la primera entrada, ingresamos los dos hacia adentro. Dimos un pequeño recorrido. Como había un camino que seguía hacia el interior, más hacia el fondo, me dijo: ‘Anda a verificar, con cuidado"”, declaró primeramente.
“Me dijo: ‘Yo voy a ir a ver por acá arriba, por la línea del tren’ (…) cuando ya venía por salir al camino de la línea del tren, ahí él empezó a decirle aquí a la Brenda que estaban efectuando clave 25“, añadió. Clave 25 para Carabineros implica disparos.
Al menos tres serían las detonaciones asimilables a disparos que se escucharon esa madrugada. Las primeras entregas de información ese día daban respaldo a la teoría de una emboscada, tema en la actualidad en entredicho.
La investigación inmediatamente fue declarada reservada, y en las primeras 12 horas de ocurrido el hecho policial, no hubo personas identificadas. Las diligencias quedaron a cargo de la Brigada de Homicidios de la PDI, aunque, desde el principio, Carabineros también ha sido aporte activo en la causa.
Con el carabinero internado en Puerto Montt y concretado el cambio de mando en Valparaíso, las primeras instrucciones del presidente José Antonio Kast involucraron el viaje de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, a la zona, ya que el organismo tal día, desde muy temprano, era querellante.
Al terminar el periodo de la denominada flagrancia, en la primera comisaría puertovarina se hizo una reunión en la que participaron autoridades políticas del Ministerio Público y las policías.
Al salir, la ministra Steinert aseguró que una vez identificados los autores, habría penas privativas de libertad. “A través de la Fiscalía o el Ministerio Público, con la coordinación del Ministerio de Seguridad, vamos a determinar; o se va a llegar a esclarecer el hecho totalmente“, aseveró.
Añadiendo: “De establecer los autores de los hechos, obviamente vamos a pedir las penas más duras que puedan existir en nuestro código y en nuestra legislación penal, y así tiene que ser. Una privación de libertad una vez esclarecidos los hechos y determinados los autores”.
La fiscal regional Carmen Wittwer dijo también al terminar esa cita que, en las primeras horas, el trabajo realizado en el lugar del ataque tuvo la atención necesaria, convocando a equipos de ambas policías para las diligencias iniciales.
“Quiero también dejar claro que estamos en un momento bastante preliminar de la investigación. Se están recopilando muchísimos antecedentes desde todo punto de vista; todo tipo de antecedentes. Estamos hablando de antecedentes tanto de cámaras, de tráfico de teléfono, de evidencia balística. Hay mucho trabajo del sitio del suceso”, precisó.
Ese día se afirmó también que había abundante evidencia balística recogida. En adelante, algunas llaves han mantenido la reserva de la indagatoria, aunque no suficientemente efectivas.
El entonces sargento de carabineros Javier Figueroa estuvo desde la madrugada del 11 de marzo hasta la noche del 18 conectado a ventilación mecánica y con muerte cerebral. Luego, tras su fallecimiento, los honores tomaron protagonismo.
El 21 ascendieron póstumamente a quien estuvo 15 años en la institución, pasando al grado de suboficial mayor. Posterior al funeral, la comisaría de Puerto Varas de igual forma pasó a llevar su nombre.
Con el paso de las semanas, la incertidumbre fue tomando espacio y el 11 de abril, un mes después del mortal baleo, Marlene Manquemilla, madre del carabinero caído en servicio, alzó la voz, pidiendo reportes y exigiendo avances.
Ese día, la mujer reveló en conversación con Radio Bío Bío que el hombre de 36 años podría haber enfrentado conflictos en su trabajo.
“Él iba a mi trabajo y conversaba conmigo. Ahí él me contaba sus cosas… Conversábamos los dos, llorábamos los dos, pero yo no entendía por qué, porque él nunca me dijo: ‘Mamá, está pasando esto’. Después un día se decidió y me dijo, pero yo eso lo voy a decir cuando termine la investigación, lo que mi hijo me contó a mí”, relató Marlene.
Cuando la madre del suboficial mayor accedió a la entrevista, todavía afirmaba confiar en la investigación a cargo de la fiscal Nathalie Yonsson; confianza rota luego de eventuales filtraciones que ahora, el Ministerio Público, investiga de oficio.
Al principio de esta nota se describió que el procedimiento en la vía férrea se originó por una llamada al número de emergencias de Carabineros.
Publicaciones realizadas los últimos días revelaron que el origen del contacto radicaría en un celular sin chip asociado a la víctima. Además, se apuntó a que la bala que le quitó la vida al uniformado provendría de su arma de servicio.
La alta cantidad de funcionarios partícipes de las diligencias también se habrían transformado en un obstáculo con el paso del tiempo, ya que la abundante evidencia genética sería el gatillante para una masiva toma de muestras de ADN realizada a más de 200 carabineros, con la finalidad de depurar lo recogido.
Tras esto, parte del círculo más cercano a Figueroa llegó hasta la Fiscalía para pedir el cambio de persecutora y rigurosidad. Luego de la reunión con quien lidera la indagación, Marlene Manquemilla volvió a hablar y esta vez, dijo que supo detalles, guardando eso sí el secreto.
“Yo lo que le dije a ella fue que por qué había salido esa filtración, y ella dice que no sabe de dónde salió. Pero ellos van a seguir investigando. Las cosas que hablé con ella no las puedo decir ahora (…) ella dice que todavía se sigue investigando”, indicó.
Esa misma jornada, la madre aseguró que si bien la confianza en el Ministerio Público ya no está del todo firme debido a las falencias en el control de la reserva, esperará que continúen desarrollando su trabajo para aclarar lo ocurrido.
Cabe mencionar que Javier Figueroa dejó también a su esposa, quien igual pertenece a Carabineros con el grado de sargento, y a un hijo de 7 años.