Ahí está la contradicción estructural. No es una contradicción psicológica ni moral. Es una contradicción de posición: la teoría de Poduje exige gobernar el mercado; el cargo de Poduje lo empuja a negociar con el mercado bajo condiciones de urgencia.

Más allá de las polémicas, que suelen ocupar espacio mediático por conflictos y enfrentamientos que hacen noticia, un análisis del escenario nos permite mostrar a Iván Poduje, ministro de Vivienda, en una ruta de alta complejidad.

En política el peor choque es consigo mismo. Y no es la mera contradicción de mensajes, sino la acción que horada el capital que se ha construido. Nuestro análisis pretende mostrar que la trayectoria del actual ministro presenta una complejidad de mediano plazo.

A continuación presentamos las razones que nos hacen pensar que Iván Poduje tendrá su peor conflicto con Iván Poduje.

Partamos por el comienzo. Poduje ha construido una visión del tema de la vivienda y de la ciudad como arquitecto. Es cierto que no es un académico con trayectoria bibliométrica robusta: no se identifica un índice h público consolidado, ni un perfil Google Scholar inequívoco, ni una producción indexada suficiente para situarlo en rankings académicos convencionales. No es un autor. Su peso debe entenderse más como urbanista-consultor, polemista técnico y actor de incidencia pública.

Es un profesional que ha navegado por salones relevantes del mundo político haciéndose cargo o recomendando rutas de acción sobre urbanismo. No obstante no tener una ruta académica consolidada, en sus textos se verifica una crítica al urbanismo abstracto, desconfiando de la planificación que produce diagnósticos, modelos e imágenes objetivo sin capacidad real de ejecución. Su preocupación central no es la pureza conceptual del plan, sino su posibilidad efectiva de transformar el territorio.

Es además un autor que señala explícitamente el predominio de la gestión sobre la teoría. De hecho, su enfoque privilegia la implementación, la factibilidad, la coordinación institucional, la inversión pública y privada, y la capacidad de destrabar procesos urbanos.

En ese sentido, su pensamiento se inscribe más en una lógica de gestión urbana que en una teoría arquitectónica o sociológica de la ciudad. Y durante toda su trayectoria se orientó en las mismas rutas que están siendo dominantes en el mundo: un mercado de vivienda con gobernanza sobre él, crítica a la vivienda como mera cantidad y la importancia de la localización del suelo en la construcción de vivienda social, pues como se sabe, suelos distantes y sin habilitación de infraestructura ni transporte terminarán en fracasos urbanos resonantes.

La ciudad debe ser un sistema de oportunidades, insertando a sus habitantes en una red de servicios y recursos sociales. Poduje ha reivindicado el barrio y una combinación de cierto nivel de diseño acompañado de urbanismo incremental, es decir, actuar sobre el proceso, revisar fallas y resolverlas, negociar con los actores.

Este es Iván Poduje antes de ser ministro.

Pero el ministro parece caminar hacia la contradicción central que Poduje urbanista había diagnosticado: para resolver la crisis habitacional necesita intervenir un mercado de suelo caro, segmentado y especulativo; pero, si lo hace solo mediante productividad, subsidios, flexibilización y aceleración, puede terminar reproduciendo las mismas externalidades que criticó: mala localización, presión sobre infraestructura, deterioro de estándares y vivienda entendida como número antes que como ciudad.

En su tesis, Poduje no formula una crítica anticapitalista del mercado de suelo. Pero sí advierte algo muy importante: las políticas demasiado funcionales al mercado tienden a no considerar las externalidades negativas que recaen sobre quienes no participan del negocio. El ejemplo que usa es muy gráfico cuando refiere a desarrollos inmobiliarios periféricos, apertura de territorios poco regulados, congestión e infraestructura insuficiente, incluso inundaciones en comunas como Quilicura y Huechuraba.

Su crítica se concentra en el momento cuando la ciudad se organiza siguiendo solo la rentabilidad del suelo, el negocio captura beneficios y socializa costos. El privado gana con la operación inmobiliaria; la comunidad recibe congestión, falta de servicios, deterioro ambiental, presión sobre infraestructura y pérdida de calidad urbana.

Por eso su fórmula intelectual no era “desregulemos para que el mercado resuelva”. Su respuesta es que el mercado debe ser incorporado, pero gobernado. Una visión afín al concertacionismo, con el cual dice haberse identificado. No será fácil conciliar esta mirada con la del ministro Quiroz, pero está claro que el principal ministro no retrocederá. Poduje tendrá que ver de qué manera implementa en un gobierno de liberación de mercado una perspectiva donde el Estado debe producir instrumentos realistas, corregir externalidades, orientar localizaciones y evitar que la flexibilidad normativa se transforme en expansión descontrolada o segregación.

Surgen aquí condiciones de alta complejidad. Las metas que se han informado son enormes: levantar 400 mil viviendas, intervenir 50 barrios y reparar 300 mil inmuebles, además de reconstrucción en zonas afectadas por catástrofes. Ahí aparece el primer nudo, pues cuando la meta se vuelve volumen, la localización y la calidad pasan a competir con la productividad. Esto es exactamente lo que Poduje mismo había criticado en sus textos, sobre todo cuando se refiere a los blocks: la crisis de los conjuntos sociales demostraba el alto costo de construir rápido privilegiando la cantidad de viviendas antes que la conformación de barrios.

La paradoja es fuerte, ya que Poduje conoce mejor que muchos el daño histórico producido por la vivienda como conteo. Pero, como ministro, está decidido a producir conteo. Es evidente además su interés presidencial, una ambición que ya fue señalada con anterioridad por él mismo.

El problema del suelo es el centro de la paradoja. Poduje puede querer gobernar el mercado, pero el mercado de suelo urbano tiene una característica difícil de gestionar, ya que el precio incorpora expectativas de renta futura, regulación, localización, escasez, conectividad y demanda pública. Cuando el Estado anuncia que necesita construir masivamente, el suelo bien ubicado no baja de precio; muchas veces sube o se vuelve más difícil de capturar. Entonces el ministro queda ante tres caminos, todos costosos:

Primero, comprar suelo caro y gastar una parte enorme del presupuesto en localización, reduciendo recursos disponibles para estándar, tamaño, espacio público o equipamiento. Y los presupuestos se han reducido, para colmo. Y en este aspecto el ministro Quiroz no ha tenido complacencia con Poduje, ejecutando el ajuste para el Minvu sin piedad, induciendo a buscar una solución habitacional masiva y con poco dinero.

Segundo, Iván Poduje puede construir donde el suelo es más barato, usualmente más lejos del centro de cada ciudad, reproduciendo segregación y costos de transporte. Exactamente lo que él había criticado.

Tercera opción, densificar o flexibilizar normas en zonas urbanas consolidadas, con resistencia vecinal, presión sobre servicios y riesgo de externalidades. Este es un escenario muy complejo, pues se choca con alcaldes y con barrios completos.

Poduje urbanista sabía que una coherencia exagerada de los planes con la lógica de mercado tiende a consolidar territorios socialmente disruptivos, pero de bajo riesgo de inversión. Es la ruta más compleja, la que dificulta recuperar espacios centrales y disminuir segregación.

Ese es el dilema ministerial: si deja operar al mercado, la vivienda social tenderá a ir donde la rentabilidad y el precio lo permitan; pero si fuerza al mercado, encarece, judicializa, ralentiza o bloquea la producción.

Y en el camino tiene que producir una conexión popular para su aprobación, al tiempo que debe mantener una relación fluida con el empresariado, que espera un gobierno afín.

De momento parece buscar la solución con la fórmula del espectáculo, botando casas que él evaluó en terreno y que busca demoler. En esa jugada ataca a una empresa, por lo que produce conexión ciudadana criticando la falta de respeto con la ciudadanía. Un discurso riesgoso, que puede marcar un precedente difícil, volviendo al tiempo de la crítica al ‘lucro’. Es cierto que las empresas constructoras de vivienda social no están entre los grandes conglomerados, pero si prospera ese discurso Poduje estará cavando la tumba de las narrativas de derecha.

Pero Poduje choca contra él, sobre todo, en el problema que él mismo simbolizó con su performance sobre casas construidas en El Olivar cuando afirma que botará todas esas casas. Su crítica es el estándar de las viviendas sociales. Pero el problema se resume con facilidad:

A) Poduje tiene que producir una gran cantidad de viviendas como parte de su promesa.

B) El dinero para cumplir ese objetivo es y será menor que los presupuestos anteriores.

Entonces:

C) Si el suelo es caro y el subsidio es limitado, alguien paga la diferencia: ya sea el Estado, el privado, la familia o la vivienda misma. Y muchas veces la paga la vivienda mediante reducción de superficie, menor estándar, menor espacio común, menor equipamiento, peor mantención o peor integración urbana. Y eso es justamente lo que está prometiendo a los beneficiarios, esto es, mejorar el estándar.

Es así como Poduje puede quedar entrampado por los problemas que Poduje diagnosticó:

Poduje urbanista dijo: cuidado con subordinar la ciudad al mercado.

Poduje ministro necesita que el mercado construya rápido.

Poduje urbanista dijo: cuidado con construir cantidad sin barrio.

Poduje ministro será medido por su propia promesa de cantidad.

Poduje urbanista dijo: cuidado con externalidades no internalizadas.

Poduje ministro puede verse tentado a flexibilizar normas para acelerar oferta.

Poduje urbanista dijo: el suelo fiscal debe servir para relocalizar con calidad.

Poduje ministro intenta usar suelo fiscal, pero entra en conflicto con instituciones, vecinos y precios de oportunidad.

Poduje urbanista dijo: la vivienda mal localizada destruye movilidad social.

Poduje ministro enfrenta un mercado donde la buena localización es precisamente lo más caro (o políticamente difícil).

Y peor.

Poduje ministro asumió diciendo que el estándar actual de las viviendas sociales debe mejorar.

Pero Poduje, desde junio en adelante, no podrá cumplir su promesa cuantitativa sin sacrificar regulaciones y calidad.

Ahí está la contradicción estructural. No es una contradicción psicológica ni moral. Es una contradicción de posición: la teoría de Poduje exige gobernar el mercado; el cargo de Poduje lo empuja a negociar con el mercado bajo condiciones de urgencia.

La gestión de Poduje será doctrinariamente consistente solo si logra demostrar que la productividad habitacional no se compra sacrificando la vivienda o la ciudad. Esa es la prueba.

Todo lo demás —reforma de suelo, DS19, terrenos fiscales, reconstrucción, pavimentos, barrios— debe medirse contra ese criterio. Pero quizás está avanzando a una ruta más publicitaria, controlando la agenda y la narrativa, buscando un cumplimiento escénico que lo conduzca a otros horizontes políticos.

Lo cierto es que, con el presupuesto ordinario, Poduje difícilmente podrá cumplir esa cobertura como vivienda nueva bien localizada y de buena calidad sin cambiar radicalmente las condiciones de suelo, financiamiento y gestión. Por el momento, el ministro ha preferido seguir en tono de campaña, pero ese es procedimiento viable en el primer tramo de un gobierno, pero no es una garantía eterna.