La polémica por Gabriel Zaliasnik reabrió un flanco que va más allá de sus dichos sobre la comunidad palestina: mientras Cancillería salió a desautorizar públicamente al embajador en Israel, los diplomáticos de carrera cuestionaron que la experiencia política o empresarial sea suficiente para ejercer una representación exterior. El Gobierno, pese a todo, decidió mantenerlo en el cargo, dejando expuesta una tensión entre la conducción política de las embajadas y la defensa de una diplomacia profesional.
El episodio sumó este lunes una nueva arista luego de que Sebastián Lorenzini, presidente de la Asociación de Diplomáticas y Diplomáticos de Carrera de Chile (Adica), cuestionara el desempeño de Zaliasnik y planteara la necesidad de fortalecer el Servicio Exterior.
Aunque no se refirió directamente a la decisión del Ejecutivo de mantener al embajador en Israel, Lorenzini apuntó a un debate que toca una de las definiciones que los gobiernos suelen enfrentar al momento de designar representantes en el extranjero: cuánto pesa la confianza política y cuánto la experiencia y preparación diplomática.
“Una vasta experiencia política o empresarial no necesariamente constituye una ventaja para ejercer una función diplomática si no está acompañada del conocimiento de los códigos diplomáticos, las competencias y el criterio que exige representar a Chile en el mundo”, sostuvo.
La crítica adquiere especial relevancia luego de que Zaliasnik cuestionara públicamente las cifras relacionadas con la Comunidad Palestina en Chile y criticara al gobierno del expresidente Gabriel Boric por haber tensionado, a su juicio, las relaciones entre Chile e Israel.
Sus declaraciones provocaron una fuerte reacción de la comunidad palestina, que acusó al embajador de incurrir en una estigmatización colectiva.
Zaliasnik posteriormente lamentó sus dichos y aseguró que nunca fue su intención ofender a la comunidad. Sin embargo, el episodio ya había escalado hasta la Cancillería, obligando al Gobierno a marcar distancia de su propio representante.
Cancillería corrige a Zaliasnik, pero lo mantiene
Este lunes, el canciller Francisco Pérez fue explícito al desmarcarse de las declaraciones.
“Las declaraciones del embajador Zaliasnik no representan la posición de la Cancillería”, afirmó el ministro, quien además señaló que se le pidió al diplomático aclarar sus dichos, algo que, según explicó, ya realizó.
La definición del Gobierno fue, sin embargo, acotar el episodio a las declaraciones del embajador y no convertirlo en una crisis de confianza que terminara con su salida. De esta forma, Zaliasnik continuará como representante de Chile en Israel.
Desde la oposición aprovecharon precisamente esa contradicción para cuestionar su permanencia.
El senador de la Democracia Cristiana Iván Flores sostuvo que Zaliasnik “no debería representar a Chile en ninguna parte en el exterior” y afirmó que el embajador “representa a Israel, no a Chile”.
En el oficialismo, en cambio, la evaluación fue distinta. El senador Rojo Edwards reconoció que los dichos generaron “ruido”, pero destacó la reacción posterior del diplomático y sus disculpas.
“Yo valoro esa reacción más allá y con más fuerza que la declaración inicial”, afirmó.
La discusión que queda instalada
Asimismo, Lorenzini sostuvo que quienes representan al país deben comprender que sus palabras tienen un peso diferente al de las de cualquier comentarista, precisamente porque hablan desde una posición institucional.
“Quienes ejercen esta responsabilidad deben comprender que sus palabras no son las de un comentarista, sino las de un representante del Estado, y pueden tener consecuencias en nuestras relaciones internacionales y en la imagen del país”, señaló.
El dirigente gremial planteó así que el episodio no debería ser leído únicamente como un error comunicacional de Zaliasnik, sino también como una oportunidad para revisar los estándares que se exigen a quienes ocupan cargos diplomáticos.
“Este episodio refuerza la necesidad de fortalecer una diplomacia profesional, con preparación, experiencia y sentido de Estado”, afirmó.
La crítica cobra un peso político adicional porque Zaliasnik no es un actor ajeno a controversias públicas. Su nombre ya había quedado expuesto anteriormente por su estrecha relación laboral y de amistad con el abogado Luis Hermosilla, en el contexto de las investigaciones derivadas del denominado Caso Audios.
Ahora, la nueva controversia vuelve a poner al embajador en el centro del debate, pero también abre una discusión que trasciende su figura.