El empresario venezolano Alejandro Betancourt emerge como un elemento fundamental en la apuesta del mandatario estadounidense, Donald Trump, por tomar el control petrolero de Venezuela.
Su compañía, North American Blue Energy Partners (NABEP), se ubica como el socio privado para desarrollar 17 campos de crudo, en un acuerdo que vuelve a poner en primer plano a un empresario que hizo fortuna durante el chavismo y cuya trayectoria ha estado marcada por controversias e investigaciones.
El anuncio de Trump contempla una participación directa de Estados Unidos en el desarrollo de una parte sustancial de las reservas de crudo del país latinoamericano, en una apuesta destinada a, según el actual regimen de Caracas, a devolver a la nación una posición relevante dentro del mercado energético mundial.
El acuerdo, suscrito por 25 años, abarca 17 campos petroleros distribuidos por Venezuela, indicó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Fuentes citadas por ‘The New York Times’ señalan que el Gobierno estadounidense respaldaría el desarrollo de una parte significativa de las reservas probadas mediante la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono, mientras que la compañía North American Blue Energy Partners (NABEP) asumiría un papel central en las operaciones.
El Departamento de Estado ha señalado que Estados Unidos obtendría el 55% de la producción de la empresa conjunta. Trump, por su parte, ha descrito el acuerdo como una fórmula que otorgaría a su país el “control mayoritario” sobre una gran parte de las reservas venezolanas.
Los detalles de la estructura definitiva, sin embargo, todavía no están completamente claros y podrían modificarse durante la ejecución del proyecto.
Delcy Rodríguez, respaldó públicamente el pacto y afirmó que tendría un impacto significativo en la recuperación económica del país y que podría generar más de 200.000 millones de dólares en ingresos fiscales.
A sus 46 años, Betancourt no es un empresario petrolero convencional ni un recién llegado al tablero venezolano. Su trayectoria está directamente vinculada a los años de expansión del Estado bajo Hugo Chávez.
Su salto a la notoriedad se produjo a comienzos de la década de 2010, cuando él y sus socios recibieron contratos para construir centrales eléctricas en medio de la emergencia energética que atravesaba Venezuela. Lo hicieron pese a carecer, según las informaciones publicadas entonces, de una experiencia previa relevante en ese sector.
Aquellos empresarios fueron bautizados como “bolichicos”, término utilizado para describir a una generación de jóvenes empresarios que amasaron grandes fortunas gracias a contratos y negocios con el Estado durante la llamada Revolución Bolivariana.
Betancourt fundó Derwick Associates antes de cumplir los 30 años. Según informaciones publicadas por medios como ‘El País’ de España, la compañía obtuvo al menos 11 contratos sin licitación por unos 5.000 millones de dólares para construir plantas termoeléctricas. Transparencia Venezuela llegó a estimar entonces posibles sobreprecios de alrededor de 2.900 millones de dólares.
La gestión de aquellas centrales se convirtió posteriormente en uno de los elementos más controvertidos de su trayectoria. Informaciones citadas por medios venezolanos han señalado que una parte importante de las unidades instaladas no llegó a funcionar de manera permanente.
El siguiente capítulo de la trayectoria de Betancourt se desarrolló en el sector petrolero. El empresario adquirió una participación en Petrozamora, compañía que explotaba campos maduros en el lago de Maracaibo, en el occidente venezolano. Esos activos terminarían constituyendo la base de North American Blue Energy Partners, conocida como NABEP.
La empresa, con sede en Barbados, ha ampliado posteriormente sus operaciones y, según las informaciones citadas por ‘The New York Times’ y otros medios estadounidenses, produce actualmente alrededor de 200.000 barriles diarios.
La compañía pretende elevar esa producción hasta aproximadamente un millón de barriles diarios en los próximos cinco años, para lo cual contempla endeudarse por hasta 5.000 millones de dólares.
Ese historial de incremento de producción resulta especialmente relevante para Washington. Mientras la industria petrolera estatal venezolana permanece muy por debajo de su potencial histórico, NABEP se ha convertido en uno de los pocos operadores privados que han conseguido aumentar significativamente su producción en los últimos años.
Precisamente esa capacidad operativa habría contribuido a que la Administración Trump considerara a Betancourt un socio útil para reconstruir rápidamente parte de la industria petrolera venezolana.
La relevancia de Betancourt en el nuevo escenario venezolano no deriva únicamente de su participación empresarial.
Desde la salida de Nicolás Maduro del poder en enero, la Administración Trump habría recurrido a él como intermediario entre Washington y el nuevo Gobierno encabezado por Delcy Rodríguez.
Su ventaja, según personas familiarizadas con las gestiones citadas en las informaciones publicadas, sería precisamente su conocimiento de ambos mundos: el funcionamiento del negocio petrolero venezolano y las relaciones con empresarios e inversores estadounidenses.
El empresario habría ayudado a facilitar reuniones, contactos y oportunidades comerciales en un momento en que grandes compañías petroleras internacionales todavía buscan garantías sobre la estabilidad jurídica y política de sus inversiones en Venezuela.
En ese contexto, Betancourt puede desempeñar una función que va más allá de la de un simple productor de crudo: conectar al nuevo poder venezolano con capital privado y operadores estadounidenses.
Según informaciones atribuidas a ‘El País’, su ámbito de interlocución con Rodríguez incluye además de la recuperación petrolera otros asuntos estratégicos, como la minería y la reestructuración de la deuda venezolana.
El acuerdo puede representar una transformación radical para la propia NABEP. La compañía ha operado durante años en un entorno marcado por las sanciones estadounidenses, las restricciones financieras y la incertidumbre política venezolana. Un respaldo directo de Washington facilitaría el acceso a financiación, equipos, tecnología y suministros que hasta ahora han sido difíciles de obtener.
Según dos personas familiarizadas con el acuerdo citadas por ‘The New York Times’, Estados Unidos tendría además el derecho a adquirir acciones de NABEP o de una entidad relacionada mediante un warrant, un instrumento financiero que concede a su titular la posibilidad de comprar acciones a un precio predeterminado.
La fórmula convertiría al Gobierno estadounidense en algo más que un socio comercial de la operación: le daría una potencial participación económica en la compañía que se encuentra detrás de una parte relevante del nuevo desarrollo petrolero venezolano.
Para NABEP, el vínculo con Washington también ofrecería un elemento de protección frente a los cambios de la política venezolana.