Un abogado ingresó más de 38.000 escritos judiciales entre el sábado y el lunes a través de la Oficina Judicial Virtual del Poder Judicial, colapsando el sistema y afectando a miles de causas en todo Chile.
Entre las víctimas de este episodio insólito estuvo el periodista especializado en tribunales, quien vio reabrir una causa de cobro que había cerrado hace cuatro años.
Con 28 años reportando tribunales, Mario Antonio Guzmán, relató cómo descubrió que era una de las personas afectadas por lo que los jueces civiles califican como un “abuso procesal” sin precedentes.
Un colapso con nombre y apellido
La mañana del lunes comenzó con una notificación inesperada: una resolución judicial sobre el desarchivo de una causa por una deuda que había sido saldada en 2021 y archivada en 2022.
Lo que parecía una molestia personal pronto reveló su verdadera dimensión cuando fuentes judiciales le confirmaron que un abogado había ingresado decenas de miles de escritos mediante lo que se presume fue un sistema automatizado o inteligencia artificial.
Guzmán explicó que el profesional involucrado, vinculado a oficinas que realizan cobranzas para el retail, habría intentado retirarse masivamente de causas antiguas.
“Yo creo que alguien le vendió una supuesta solución mágica que no existe“, afirmó. Los tribunales civiles, que normalmente reciben alrededor de 2.000 peticiones cada lunes, se encontraron con 5.000 o más documentos por resolver.
El sistema estuvo al borde del colapso total. “Me comentaban en la OJV que quizás si el tipo hubiese puesto dos mil escritos más, colapsa y se cae la OJV quizás por días”, advirtió.
Los jueces civiles rechazaron la mayoría de las peticiones y enviaron una carta a la presidenta de la Corte Suprema solicitando acciones contra el abogado, incluyendo una posible denuncia penal por mal uso de sistemas informáticos.
El profesional se arriesga a suspensión administrativa como abogado y eventuales responsabilidades penales.
Para el periodista afectado, el caso sirve de alarma. “Pueden haber muchas buenas intenciones con la inteligencia artificial, pero también el camino al infierno está plagado de buenas intenciones“, expresó.
La advertencia queda clara: la tecnología requiere regulación y sentido común cuando el Estado no tiene la capacidad de recepción que prometen las soluciones automáticas.