En una tarde que se anticipa tensa y cargada de lecturas políticas, el director general de la PDI, Eduardo Cerna, comparecerá este lunes a las 14:50 horas ante la Comisión de Seguridad de la Cámara de Diputados, en medio de una controversia que ha escalado en los últimos días: la salida de la exsubdirectora de Inteligencia, Consuelo Peña, y las dudas sobre si su remoción respondió a una decisión institucional o a presiones desde La Moneda, en específico, de la ministra Trinidad Steinert.
La sesión, sin embargo, tendrá un elemento que podría marcar el tono —y los límites— de lo que se conozca públicamente, esto porque será de carácter secreto. En la práctica, eso implica que no habrá registro oficial de lo que se diga en la instancia.
Aun así, en el Congreso asumen que, como suele ocurrir en este tipo de encuentros, parte del contenido podría terminar trascendiendo a través de comentarios de parlamentarios, muchas veces fuera de micrófono.
Una comisión clave y un clima enrarecido
A la cita asistirán los integrantes de la comisión: Cristian Araya (republicano), Jaime Araya (Independiente-PPD), Chiara Barchiesi (republicana), Enrique Bassaletti (Independiente-republicano), Jaime Coloma (UDI), Eduardo Cretton (UDI), Mauro González (RN), Raúl Leiva (PS), Gloria Naveillan (PNL), Patricio Pinilla (DC), Bernardo Salinas (Independiente PC), Tatiana Urrutia (FA) y Juan Marcelo Valenzuela (PDG).
En paralelo, el Gobierno no contará con la presencia de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, quien se encuentra en Argentina junto al presidente José Antonio Kast. En su reemplazo, será el subsecretario Andrés Jouannet quien representará al Ejecutivo.
La ausencia de Steinert ya genera críticas en la oposición, donde acusan falta de transparencia y advierten que Cerna llega a una “posición imposible”. Algunos parlamentarios, en privado, van más allá y deslizan que el jefe policial podría verse forzado a “no decir toda la verdad” para resguardar a sus superiores.
Desde el oficialismo, en tanto, cierran filas en torno a la ministra y acusan una “persecución política”. A su juicio, la polémica responde a un intento por instalar un flanco artificial en materia de seguridad, en medio de cuestionamientos más amplios por homicidios y violencia escolar.
La teoría que salpica a Steinert tras salida de Peña de la PDI
En el fondo del conflicto hay una pregunta que atraviesa toda la jornada: ¿por qué salió Consuelo Peña de la PDI tras 35 años de servicio?
Sobre la mesa circulan dos teorías. La primera —y la que genera mayor tensión política— apunta a que Cerna habría removido a la jefa de Inteligencia por presiones de la ministra Steinert, en el marco de antiguas “cuentas” vinculadas a su época como fiscal regional de Tarapacá, particularmente por el caso del denominado “Clan Chen” y la reubicación de funcionarios de la PDI que trabajaban regularmente con ella.
La segunda hipótesis, más remota pero igualmente relevante, sostiene que la salida podría corresponder a razones de seguridad nacional. De confirmarse este escenario, la controversia podría cerrarse abruptamente, bajo el argumento de que existen antecedentes reservados que justifican la decisión y que no pueden ser ventilados públicamente.
En ese contexto, la comparecencia de Cerna no solo será observada por los parlamentarios, sino también por la propia interna de la PDI. Su versión podría tener efectos directos en su liderazgo dentro de la institución, especialmente si se instala la idea de que actuó bajo presiones políticas.
El dilema es complejo: si confirma la primera teoría, se abre un flanco mayor para el Gobierno y para la ministra Steinert. Si opta por una explicación ligada a seguridad nacional, deberá convencer a una comisión escéptica, en una sesión donde —paradójicamente— gran parte de los argumentos no podrán ser contrastados públicamente.
Así, más allá de lo que efectivamente se diga puertas adentro, el desenlace de esta jornada podría terminar jugándose también en el terreno de las filtraciones, las interpretaciones y las versiones cruzadas que emerjan tras la sesión. En un clima donde, como reconocen en el Congreso, la verdad no siempre coincide con lo que finalmente se instala como relato político.