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Crudo relato explica por qué marineros asiáticos se lanzan a morir en el mar en Magallanes
Publicado por: Christian Leal La informaci√≥n es de: Diario El Ping√ľino
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¬ŅQu√© ocurre a bordo de aquellas embarcaciones? ¬ŅCu√°l es la causa de que muchos tripulantes decidan arrojarse de cubierta buscando un destino incierto? Al hurgar en las razones se encontrar√°n muchas historias reales y de las otras, situaciones a confirmar pero tambi√©n a desmitificar.

Confusión, desesperación, una fracción de segundos y una decisión tras la cual ya no habrá vuelta atrás. Es el instinto de supervivencia tan propio del ser humano, pero que también es sinónimo del más incontenible miedo a la muerte, que aturde, bloquea y condiciona.

Acaso una reacci√≥n √ļltima, desesperada a condiciones que -por testimonios de sus propios protagonistas- resultan infrahumanas.

¬ŅPero qu√© ocurre a bordo de aquellas embarcaciones? ¬ŅCu√°l es la causa de que muchos tripulantes prefieren arrojarse de cubierta buscando un destino incierto? Al hurgar en las razones se encontrar√°n muchas historias, reales y de las otras, situaciones a confirmar pero tambi√©n a desmitificar, pero que como punto en com√ļn tienen las consecuencias y una realidad que indica que aquel instinto de supervivencia es capaz de llevar a esos hombres al l√≠mite de sus capacidades f√≠sicas y psicol√≥gicas.

Casi una vez al a√Īo el tema vuelve a la palestra, m√°s bien cada vez que las embarcaciones calamareras ‚Äúse toman‚ÄĚ el Estrecho de Magallanes haciendo un alto a su ya pol√©mica actividad en alta mar. Basta observarlas para hacerse un juicio (o prejuicio si lo prefiere) casi insano. Y, m√°s a√ļn, toda vez que su tripulaci√≥n es protagonista de una tragedia, como la acontecida el pasado fin de semana cuando un tripulante indonesio fue hallado muerto en el mar y m√°s tarde se conoci√≥ que un segundo estaba desaparecido.

Aquellas naves, conocidas como ‚Äúcalamareras‚ÄĚ, llegan hasta la bah√≠a de Punta Arenas tras m√°s de un a√Īo recorriendo las aguas del Pac√≠fico y el Atl√°ntico en busca de su preciado bot√≠n. En su periplo recorrer√°n de preferencia Uruguay y Per√ļ, enfrentar√°n problemas en Argentina, y terminar√°n frente a Punta Arenas en su ‚Äúpaso inocente‚ÄĚ. Meses despu√©s recalar√°n en puertos de su pa√≠s (Shangai, Tianjin y Guangzhou) con toneladas de carga casi lista para exportar a Europa y a pa√≠ses asi√°ticos, o nutrir a su propio mercado.

La flota china considera m√°s de 2.400 embarcaciones, destinadas a la pesca del tibur√≥n, de la totoaba, del at√ļn, pez espada, calamares, camarones y todo lo que el bendito mar es capaz de proveer a una cultura que parece tener como premisa el que todo sirve y que nada parece estar de m√°s, menos a la hora de alimentarse.

El recurso humano

Probablemente hay episodios anteriores y no sólo en las aguas del Estrecho, pero al menos en nuestra historia marítima reciente los antecedentes indican que a partir de 2006, ciudadanos de diversas nacionalidad han terminado, con distinta suerte, en las gélidas aguas magallánicas buscando terminar con una realidad desconocida para nosotros pero que resulta impactante y estremecedora.

En mayo de 2006, dos tripulantes vietnamitas se arrojaron al mar. Le Dinh Lam y Tran Ann Son fueron rescatados por personal de la Armada cuando la corriente amenazaba sus cuerpos amarrados a tambores de aceite. Una hipotermia y un alto grado de desnutrición era parte del estado que presentaban y hacían necesaria una urgente atención antes del retorno a su país.

Distinta suerte corrieron en diciembre de 2012 cuatro tripulantes chinos del buque ‚ÄúHong-Da 2‚ÄĚ. Tres de ellos fueron hallados sin vida y uno desapareci√≥ en el Estrecho.

En enero de 2013 tres vietnamitas urdieron un plan para salir de estas llamadas c√°rceles de los mares. Cansados de lo que calificaron como maltratos y sueldos miserables, prepararon una improvisada balsa y la lanzaron al mar desde la cubierta del buque ‚ÄúShang Mang‚ÄĚ, frente a la costa magall√°nica.

Van Xuan Pham, de 25 a√Īos; Duy Tung Nguyen, de 32; y Xuang Chung Le, de 35, lograron salvar con vida, en un golpe de suerte que s√≥lo un mes antes no tuvieron sus cuatro compatriotas.

Formalizados por ingreso clandestino a Chile y con una permanencia que se prolong√≥ durante meses, gan√°ndose incluso la solidaridad y el cari√Īo de los magall√°nicos, finalmente el tr√≠o emprendi√≥ regreso a su pa√≠s.

Aquí dejaron sus testimonios, sus historias. En su relato contaron que su jornada laboral diaria se extendía entre 16 y 20 horas; que eran tratados como animales, al punto que a la hora del descanso la mayoría era engrillado para evitar cualquier intento de rebelión o escape; y que su alimento no pasaba más allá de alguna sobra del mar, arroz o incluso roedores.

Se√Īalaban que abordo, la oficialidad (normalmente china o coreana) era la √ļnica que manten√≠a otro trato, privilegiado dentro de las carencias, y que la tripulaci√≥n era conformada por filipinos, coreanos, indonesios, africanos y vietnamitas.

Del sueldo, ni hablar. No pasaba m√°s all√° de los 150 d√≥lares al mes, vale decir, poco m√°s de 100 mil pesos chilenos, que eran aprovechados para cubrir algunas de sus necesidades cuando llegaban a puerto en Uruguay o Per√ļ.

Su testimonio también servía para derribar algunos mitos, como el que estas embarcaciones albergan una tripulación conformada sólo por asiáticos que cumplen condenas por diversos delitos. Son los menos los que pueden llegar en esas condiciones; en su mayoría son personas con la necesidad de trabajar, sin mayor preparación, sin oportunidades en tierra y que consideran que manteniéndose en el mar durante meses tienen la posibilidad de reunir dinero para sus familias.

Y pese a que en su país se sabe algo de la realidad que se vive en estas faenas, la necesidad intrínseca de sobrevivencia es mucho mayor que el temor, soportable al principio, pero -aseguran- inaguantable hacia el final.

De hecho, de un promedio de 40 trabajadores, al menos 5 desaparecen en el mar, dos o tres terminan sin vida en cubierta y una decena cae presa de enfermedades que tienen que ver con la alimentaci√≥n (escorbuto, da√Īos gastrointestinales provocados por el alimento salado y el agua) y la falta de higiene (c√≥lera, sarampi√≥n, viruela y tifus). No menores son los accidentes de trabajo (heridas, ca√≠das y fracturas).

El viaje resulta entonces de paso y retorno incierto. En los puertos chinos, cientos de hombres de diversas edades y sin m√°s requisito hacen largas filas para enrolarse en estos ‚Äúcruceros de la muerte‚ÄĚ. Una firma los separar√° de una decisi√≥n, acaso la primera que no tendr√° vuelta atr√°s.

La fecha, el abordaje y el zarpe. Luego, el inicio del viaje que para muchos no tendr√° retorno.

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