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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El vicepresidente de EE. UU., JD Vance, se enfrentó a un manifestante con bandera mexicana durante la convención republicana en Dallas, instándolo a irse a México. Vance criticó al hombre por mostrar un "símbolo de la extrema izquierda" y abogó por la bandera estadounidense. El manifestante fue sacado por seguridad.

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, se enfrascó en una discusión con un manifestante que interrumpió su discurso en la convención de medio mandato del Partido Republicano en Dallas el reciente jueves. El hombre en el público ondeó una bandera mexicana, un episodio que la autoridad aprovechó para reivindicar el nacionalismo estadounidense y cargar contra la izquierda.

Si amas tanto México, vete allí. Yo te compro el boleto de avión”, dijo Vance después de que el manifestante mostrara la bandera mexicana durante su intervención.

La prensa presente en la convención republicana, previa a las elecciones de medio mandato, realizada en el American Airlines Center de Dallas, reportó que un sujeto con una bandera tricolor manifestaba en uno de los pasillos del recinto cuando sucedió la confrontación con el vicemandatario.

“Símbolo de extrema izquierda”

El vicepresidente calificó posteriormente que se trató de un “símbolo de la extrema izquierda” y sostuvo que el hombre debería haber mostrado la bandera estadounidense. El manifestante fue retirado del recinto por el personal de seguridad.

Se trata de la primera convención republicana organizada específicamente a mitad de mandato y reúne a dirigentes y candidatos del partido en un momento en que los republicanos buscan conservar sus mayorías en el Congreso.

En su discurso, Vance presentó las elecciones como una batalla por preservar el “derecho de nacimiento” de los estadounidenses y acusó a los demócratas de promover políticas que amenazan la familia, la seguridad, la economía y la identidad nacional.

También vinculó la inmigración irregular con la competencia por empleos y viviendas y afirmó que los estadounidenses habían visto su país “robado” y entregado a extranjeros.