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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Han pasado 25 años desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, uno de los peores ataques terroristas. A pesar de las investigaciones, teorías de conspiración sobre el 11-S aún circulan, especialmente en redes. Al Qaeda secuestró aviones, impactando en las Torres Gemelas y el Pentágono. Algunos creen que el Gobierno de EE. UU. estuvo involucrado, a pesar de investigaciones que desmienten esto. Expertos explican que las teorías conspirativas surgen ante la incertidumbre. Estas narrativas son peligrosas y pueden causar desconfianza y discriminación.

Han pasado 25 años desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, uno de los ataques terroristas más graves de la historia. Pese al tiempo transcurrido y a las numerosas investigaciones sobre lo ocurrido, distintas teorías conspirativas en torno al 11S todavía encuentran eco entre algunas personas y continúan circulando, especialmente en redes sociales.

La mañana de aquel día, miembros de la organización terrorista Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales en Estados Unidos. Dos impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, mientras un tercero se estrelló contra el Pentágono, sede del Departamento de Defensa estadounidense, cerca de Washington D. C. El cuarto avión, el vuelo 93 de United Airlines, cayó en Pensilvania.

Es último tenía presuntamente como objetivo el Capitolio en Washington, sede del Congreso. Sin embargo, se estrelló en Pensilvania tras la intervención de pasajeros que impidieron a los atacantes alcanzar su objetivo. El atentado mató a casi 3.000 personas e hirió a miles.

El 11S, un antes y un después

El 11S fue “un punto de inflexión que desencadenó muchísimas cosas: debates sociales globales que no existían antes y problemas de seguridad que en realidad no se conocían“, explica a BR-Faktenfuchs el historiador Claus Oberhauser.

En eventos como el 11S suelen proliferar las teorías de la conspiración, dice a DW Daniel Jolley, investigador de la Universidad de Nottingham. Y es que aún hay gente que se pregunta: ¿cómo pudo el país más poderoso del mundo ser tomado tan de sorpresa?.

La teoría que responsabiliza al Gobierno de Estados Unidos

Según una encuesta de YouGov de 2023, uno de cada cinco estadounidenses creía que el Gobierno de EE. UU. estaba detrás del 11S, afirmación que se difunde desde hace décadas y demuestra que muchas personas desconfían de las instituciones y de “los poderosos”, explica Jolley.

Aunque en redes sociales se difunde la hipótesis de que el colapso de las Torres Gemelas se debió en parte a explosiones controladas, no existe evidencia; por el contrario, investigaciones oficiales e independientes como las del National Institutes of Standards and Technology (NIST, una institución estatal), el Massachusetts Institute of Technology (MIT), o la consultora Weidlinger Associates confirman que los incendios derivados del impacto de los aviones fueron la causa directa del derrumbe.

¿Qué lleva a creer en teorías conspirativas?

Sucesos repentinos como el 11S dejan vacíos de información y preguntas sin respuesta que amenazan necesidades psicológicas humanas como tener certeza, sentir control y evitar el miedo. Es precisamente en esa incertidumbre, según explican los expertos, donde florecen las teorías de la conspiración como una vía para intentar dar sentido al evento.

Esto no ocurre de un día para otro: “Es más bien un trayecto basado en experiencias de vida; por ejemplo, las adversidades enfrentadas”, apunta Jolley, quien agrega que quien tiende a ser más miedoso puede ser más propenso a creer en esas teorías.

El peligro detrás de las narrativas conspirativas

Tres puntos principales hacen que las narrativas conspirativas sean peligrosas:

• Prometen hacer que la gente tenga menos miedo y más certidumbre. Sin embargo, ocurre lo contrario: generan mayor desconfianza hacia el Gobierno y hacia los demás, conduciendo al aislamiento social.

• Mezclan realidad con desinformación y, a diferencia de esta última, no se pueden desenmascarar claramente como falsas, ya que no se basan en afirmaciones claras, comprobables o refutables. El núcleo de la narrativa es que un grupo de conspiradores actúa en secreto.

• Pueden influir en cómo se tratan las personas entre sí, con el peligro de generar prejuicios, antisemitismo, homofobia, discriminación de todo tipo, negacionismo del cambio climático, e incluso comportamientos que implican un riesgo para la salud, como las teorías sobre el COVID-19.

¿Cómo hablar con alguien que cree en teorías conspirativas?

Instituciones alemanas –como la Fundación Amadeu Antonio o el Centro Federal de Educación Cívica– ofrecen recomendaciones sobre cómo actuar cuando amigos o familiares creen en narrativas conspirativas.

Por ejemplo, comunicarse al mismo nivel —de igual a igual— e investigar juntos en busca de información fidedigna. Asimismo, señalar y posicionarse con claridad en contra del antisemitismo, el racismo y otras posturas extremas. El historiador Oberhauser también da un consejo claro: la sociedad debe volver a aprender a confiar en la ciencia y en los hechos.