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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La Administración de Trump anunció que en dos semanas comenzará la construcción de un arco de triunfo en Washington para conmemorar los 250 años de la independencia de EE.UU. El arco se erigirá en la rotonda Memorial Circle entre el Monumento a Lincoln y el Cementerio de Arlington. Tendrá 76,2 metros de altura, coronado por una figura de la Victoria Alada y leones dorados en la base.

La Administración de Donald Trump anunció este jueves que dentro de dos semanas comenzará la construcción de un arco de triunfo en Washington para conmemorar los 250 años de la independencia de Estados Unidos.

“Estamos preparando el inicio, durante el próximo período de dos semanas, de los trabajos de excavación necesarios para el Gran Arco de Triunfo”, escribió en redes sociales el secretario del Interior, Doug Burgum.

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El anuncio se produce días después de que el Tribunal Supremo autorizara a Trump a seguir con la construcción de un gran salón de baile en la Casa Blanca.

Ese fallo marcó un precedente para otros intentos de defensores del patrimonio histórico de frenar los proyectos de construcción del Gobierno.

El arco se erigirá en una rotonda conocida como Memorial Circle, en una de las entradas a la ciudad, entre el Monumento a Abraham Lincoln y el Cementerio Nacional de Arlington, el principal panteón militar del país.

El arco, que aspira a ser el más alto del mundo, tendrá 250 pies (76,2 metros), en alusión a los 250 años de Estados Unidos. Estará coronado por una figura de la Victoria Alada y flanqueado en su base por leones dorados.

Los críticos del proyecto han advertido de la distorsión que puede provocar en el paisaje urbano de la capital, además de considerarlo un proyecto vanidoso del presidente.

Desde su regreso al poder, Trump, antiguo magnate inmobiliario, ha impulsado varios proyectos para dejar huella en la ciudad, entre ellos la construcción del gran salón de baile en la Casa Blanca, lo que obligó a derribar la histórica Ala Este de la mansión presidencial.