En un cerro ubicado en Lima permanecerían enterrados los restos de alrededor de 200 combatientes de la batalla de San Juan, uno de los enfrentamientos de la Guerra del Pacífico ocurrido en 1881. Entre ellos también habría soldados chilenos que nunca fueron recuperados.
Así lo sostiene el historiador peruano Jhonny Chipana Rivas, autor del libro “La fosa común olvidada de la batalla de San Juan. El último tesoro histórico de la Defensa de Lima”, quien investigó qué ocurrió con los cuerpos que quedaron en la zona del enfrentamiento.
Chipana asegura que logró identificar la ubicación de la fosa en el cerro llamado “Viva el Perú”, en una zona que no ha sido completamente urbanizada al sur de Lima Metropolitana. Sin embargo, hasta ahora no se ha realizado un trabajo que permita conocer quiénes se encuentran enterrados y cuántos de ellos serían chilenos.
Una fosa con restos chilenos
La historia que reconstruye Chipana en su libro comienza después de la batalla de San Juan. Según explica, los cuerpos de numerosos combatientes permanecieron durante años en el campo donde se produjo el enfrentamiento. “Estuvieron desperdigados en el arenal. Estuvieron botados en el arenal”, señala.
El historiador cuenta que incluso existen relatos de viajeros que observaron restos humanos cuando pasaban por la zona. La situación se habría prolongado durante décadas y, cuando Lima comenzó a crecer hacia lo que posteriormente sería el distrito de San Juan de Miraflores, los primeros habitantes todavía encontraron restos.
“Por mucho tiempo los restos han estado tirados, abandonados. No hubo una política de recuperar”, recalca en conversación con BioBioChile.
Ocho años después de la batalla, el 13 de enero de 1889, unas 3.000 personas participaron en una romería patriótica hacia el antiguo campo de batalla. Muchos tenían una razón especial para estar allí.
“Muchos de esos 3.000 van con la esperanza de encontrar los restos de un ser querido. Muchos habían perdido familiares, hijos y no sabían dónde estaba su cuerpo, no sabían nada. Iban con esa esperanza”, relata Chipana.
Durante aquella jornada se formaron grupos para recoger los restos que todavía se encontraban en la zona. Parte de ese trabajo, según el historiador, había comenzado días antes. Los cuerpos encontrados fueron reunidos y depositados en una fosa.
Chipana asegura que los periódicos de la época informaron sobre aquella romería como “la noticia del día”.
Pero hay un detalle que llamó especialmente la atención del historiador durante su investigación: los documentos no hablaban solamente de peruanos. “En ese mismo día se forman cuadrillas de personas recolectando los restos y dicen que hay también chilenos”, señala.
Al ser consultado por cuántos soldados estarían enterrados en la fosa, Chipana vuelve a remitirse a los registros que encontró.
“Los documentos dicen alrededor de 200 restos. Eso es lo que dice, 200 restos”, afirma. Según precisa, se trataría de peruanos y chilenos caídos durante la batalla. No se conoce, sin embargo, cuántos corresponderían a cada nacionalidad.
El hallazgo de documentos y reportes periodísticos sobre esta romería marcó el inicio de su libro, cuenta el investigador. “Sintonizaba un poco con estos temas de justicia, de memoria, reivindicación. La historia sirve para eso”, sostuvo.
Chilenos que nunca fueron recuperados
Chipana explica que no sería la primera vez que se encuentran restos de soldados chilenos en esta zona de Lima.
El historiador menciona que desde 1964 y en años posteriores se produjeron algunos hallazgos durante el crecimiento de la ciudad. En esos casos puntuales, asegura, los restos fueron repatriados a Chile mediante gestiones diplomáticas.
Con la fosa que investigó, en cambio, no ocurrió lo mismo. Chipana sostiene que los restos permanecen hasta hoy bajo tierra y considera necesario realizar un trabajo para proteger la zona.
“Mi aporte con este texto no solo es el hallazgo, de que hay un hecho para reivindicar, sino también que se ha identificado dónde está la fosa. Actualmente, está ahí, uno va y te encuentras con el cerro que no ha sido invadido, sigue estando libre y el cóncavo de la fosa está ahí. Está enterrado, pero está ahí. Eso es para un trabajo arqueológico”, afirma.
Chipana tampoco descarta que puedan encontrarse otros restos fuera de la fosa. Según explica, existen terrenos cercanos que permanecen libres y que también formaron parte del escenario de la batalla.
Una promesa que nunca se cumplió
La fosa, según la reconstrucción realizada por Chipana, no debía convertirse en el lugar definitivo de descanso de los combatientes. La idea era trasladar posteriormente los restos a un mausoleo para rendirles homenaje. No obstante, eso nunca ocurrió.
“Se olvidaron de ellos. Quedaron olvidados hasta ahora”, lamenta el historiador.
Después de publicar su investigación, Chipana presentó un pedido ante el Ministerio de Cultura de Perú para que el cerro sea declarado patrimonio cultural y se realice un estudio de la zona. También acudió a autoridades de San Juan de Miraflores y Surco, distritos ubicados en los alrededores.
Sin embargo, hasta ahora no ha conseguido que se realice la intervención que solicita.
“Ahí están restos de chilenos”
Para Chipana Rivas, rescatar y descubrir lo que hay bajo tierra también tiene importancia para Chile.
“Ahí están los restos de chilenos. Podría ser también una forma de encontrar un acercamiento, nuevos vínculos, nuevas relaciones”, responde cuando se le pregunta directamente qué valor podría tener el lugar para este país.
Hasta ahora, según cuenta, no ha existido un acercamiento con instituciones chilenas para investigar la fosa. El historiador reconoce que él tampoco ha realizado gestiones formales en Chile.
Su propuesta es recuperar el antiguo campo de batalla como un espacio público y eventualmente levantar un monumento o habilitar un lugar donde se pueda contar lo ocurrido. En años previos también se han realizado visitas guiadas de manera particular.
Chipana incluso plantea que podría convertirse en un espacio de memoria con una mirada de integración entre Perú y Chile.
El historiador reconoce que la Guerra del Pacífico continúa siendo un episodio sensible en las relaciones entre ambos países y considera que este tipo de iniciativas pueden ayudar a mirar de otra manera el conflicto, teniendo en cuenta que se acerca la conmemoración de sus 150 años.
“Encontrar puntos en común, encontrar buenas relaciones, buena convivencia, se hace también con actos simbólicos y quizás esto podría ayudar a eso”, afirma.
De esta manera, el lugar donde habrían terminado juntos combatientes de dos países enfrentados durante la Guerra del Pacífico podría tener ahora, según Chipana, un significado distinto.
“Por el hecho de tener restos de peruanos y chilenos, podría ser un museo con una mirada de integración, con una mirada de hermandad”, sostiene. “Yo creo más en el espíritu humano”.