VER RESUMEN
Óscar Morales, destacado artista visual, poeta y autodenominado inventor y científico, ha vivido más de 50 años internado en el Instituto Psiquiátrico José Horwitz Barak. Su obra única combina honestidad, calidad y originalidad, siendo reconocido internacionalmente en exposiciones como O de Óscar en Dinamarca. También es un poeta del pueblo, con una extensa obra almacenada en cuadernos y en formato digital. Su singular estilo combina caligrafía, códigos y fórmulas, retratando escenas cotidianas y alabando cualquier ser o artefacto. Considerado un referente en Art Brut, sueña con exponer en el Museo Nacional de Bellas Artes. Actualmente, vive en un hogar protegido en Recoleta, donde se celebra su cumpleaños y se fomenta la autonomía e inclusión de sus habitantes.
El destacado artista visual Óscar Morales es, también, un poeta aún por descubrir y desentrañar. Además, dice ser inventor y científico.
Su enfermedad lo ha mantenido internado casi toda su vida. Llegó siendo un joven desde Copiapó al emblemático Instituto Psiquiátrico José Horwitz Barak de la comuna de Recoleta, en Santiago. Su familia lo dejó a su suerte. Desde entonces, ya han pasado más de 50 años.
Su rostro tiene las secuelas de haber pasado por todas las políticas públicas de este país. Desde electroshock y remedios que lo dejaban babeando y aletargado durante días, hasta hogares protegidos dónde, a sus 75 años, se siente mejor que nunca. Viviendo en una casa, como si fuera una verdadera familia.
El precio por vivir en esos mundos oníricos ha sido altísimo, pero Óscar es un pionero y un explorador. Siempre ha vivido en el límite, en esa delgada línea que separa la realidad de lo que llamamos locura. Su gran valor, como artista, es haber aprovechado esos universos y haberlos convertido en arte.
La obra de Óscar fascina por su honestidad, calidad y originalidad. Se ha hecho conocido por su trabajo visual. Ha expuesto numerosas veces en Chile y sus obras han estado en lugares tan importantes como el Museo Reina Sofía de Madrid o en la Bienal de Berlín.
Actualmente se puede ver en Dinamarca su primera exposición individual internacional: O de Óscar. El trazo que sostiene el mundo. Estará hasta el 18 de octubre del 2026, en el Museo Ovartaci.
Para Óscar Morales el arte es su razón de existir. Su modo de resistir un mundo como el nuestro.

Alabanzas y loas
Óscar es también un poeta, un auténtico vate que posee una extensa obra. Ha escrito decenas y decenas de cuadernos, hasta en las contratapas. Cuadernos de todos los tamaños y tipos. Escritos que están almacenados en el hospital y en el hogar donde vive a la espera de ser traspasados. También tiene muchos en Word y que ni siquiera se han impreso. Él ya ha hecho parte importante, y su relación con el computador se transformó en otra fuente inagotable de inspiración y alabanzas.
Porque también canta alabanzas, odas a una hormiga o a una lámpara, cualquier cosa o ser vivo es digno de una loa. Cualquier espacio o tiempo, cualquier ser celestial o humano, cualquier nave o vehículo grandioso. Cualquier artefacto eléctrico, generadores, baterías, también un átomo o una célula. Para él, todo, absolutamente todo, es digno de alabanza, de elogio.
Óscar también escribe muchos textos con códigos y fórmulas. A veces, a las letras les asigna un número y así elabora intrincadas fórmulas. Todo el universo de las palabras encerrado en códigos, algunos entendibles, pero la mayoría imposibles de cualquier tipo de comprensión.

Poeta del Pueblo
Su singular caligrafía se mezcla con el uso del espacio y llena el cuaderno sin dejar espacios en blanco. Solo cuando son máquinas, números o fórmulas deja espacios vacíos. Así y todo, sus escritos también son una elaborada obra visual.
Escribe sobre escenas cotidianas, de su vida en la casa o en el hospital, hasta cantos o remembranzas de lugares que han sido parte de su vida como su recordado Copiapó.
Óscar dice ser el poeta del pueblo porque es cien por ciento autodidacta. Solo estudió en el colegio. Óscar se autodefine, además de artista visual y poeta, como científico e inventor. No hay un límite para él. No existen en su cabeza las fronteras del arte, ni de la imaginación. Porque si Óscar vive en esos mundos, ¿qué imaginará? ¿qué soñará? Con máquinas fantásticas, seguro, algunas que ha visto convertirse en realidad con el paso de los años.
Hablar con él es hablar con un artista antiguo, recita loas y alabanzas como si fuera un filósofo griego o un chamán mapuche. Ocupa el lenguaje con cuidado, habla pausado, es una persona muy tranquila. Lo conozco hace más de 20 años y jamás le he escuchado decir un garabato. Piensa cada cosa que dice, no tiene exabruptos.

50 años internado
Óscar nació en Copiapó en 1951. La ciudad, el desierto, y sus estrechos valles verdes están en su obra, aunque no volvió a verlos.
Realizó sus estudios escolares, parte de ellos en un liceo nocturno, e hizo el servicio militar a los 17 años. En 1975 empezaron los primeros síntomas. Entonces fue trasladado a Santiago para internarse, lo que hizo en forma intermitente, hasta el año 1995. Desde ese año quedaría interno, hasta el 2003, cuando lo trasladan a un hogar protegido.
Desde niño le gustó el arte, pero fue desde que ingresó al hospital cuando comenzó a abrir el grifo de su mente, de su conciencia, a dibujar, pintar y escribir sobre viajes astrales, visitas de seres celestiales, naves fantásticas, todo un mundo muy real para él. La esquizofrenia es una enfermedad mental grave y también muy solitaria.
El psiquiatra Cristian Mena, jefe de la unidad de rehabilitación donde estuvo muchos años Óscar, dice que el estigma es más fuerte que la misma enfermedad. Si bien el 5 por ciento de los diagnosticados tiene algún grado de agresividad, la agresión que reciben ellos, es mucho mayor. Y es una agresividad a diario, gratuita.

El doctor Mena cuenta que las políticas públicas de los últimos años van en dirección de la reinserción, de vivir en comunidad, en casas protegidas por el estado y cerrar las largas estadías en los hospitales psiquiátricos del país.
Mena habla de Óscar como un caso especial, cómo un verdadero y genuino artista. Cuenta que hace unos años se fue a vivir a un hogar protegido. Así, después de muchos años de vivir en el Hospital José Horwitz tuvo que cambiarse a una casa.
El cambio ha sido extraordinario. Ahora tiene un núcleo, una familia, se ayudan entre ellos. Hay personal de apoyo, profesionales preocupados, se relacionan con el resto de la comunidad, son parte del barrio.

Museo Nacional de Bellas Artes
En un mundo cada vez más diverso y conectado, este arte outsider, o Art Brut, aparece con fuerza y brillo propio. Artistas apartados de los circuitos tradicionales emergen con fuerza y voz propia.
Si se hiciera una exposición de Art Brut en Chile, seguro que Óscar Morales ocuparía un lugar destacado. Sus obras son bellas y misteriosas. Con los años, ha logrado encontrar su lenguaje propio, mezclando imágenes y textos, proponiendo códigos por doquier.
Mucha gente, que se ha entusiasmado con su obra, lo ha incluido en exposiciones tanto en Chile como en el extranjero.
Hoy en día, es uno de los principales referentes de nuestro país y de Latinoamérica en Art Brut. La gestora cultural Paula Caballería, con un largo historial en inclusión, tiene responsabilidad directa en este salto. Con los años se ha transformado en una persona muy comprometida con su rehabilitación a través del arte.
Ya hay, no solo en Chile, muchos fanáticos de la obra visual de Óscar y, al verla, es difícil no serlo. Su mente viaja y usa rotuladores y lápices de colores bien colorinches para dibujar esos universos complejos, criaturas angelicales, máquinas fantásticas, edificios o castillos grandiosos y caleidoscópicos. Es imposible conocer la mente de Óscar, pero a través de su obra si podemos aproximarnos. Vive en los mundos que pinta. Para él,no es fantasía ni imaginación, esos seres y objetos son inconfundiblemente reales.
Sin duda, su obra perdurará. Sus dibujos están en importantes colecciones de todo el mundo. Óscar está agradecido de la vida, se siente feliz creando como si fuera un pequeño Dios. Porque según él, eso es lo que somos, pequeños Dioses, seres también maravillosos, capaces de crear mundos celestiales.
Su sueño pendiente es exponer en el Museo Nacional de Bellas Artes, el museo más importante de Chile. Óscar vive en un sueño, y tarde o temprano, ese sueño será real.

Hogar Protegido Gabriel Palma
Óscar vive, desde hace 23 años, en el Hogar Protegido Gabriel Palma, en la comuna de Recoleta. Es una casa grande y amarilla, de dos pisos, que está justo en una esquina. No tiene ningún cartel que la identifique como perteneciente a alguna institución. Hasta de esos detalles se han preocupado los encargados de salud del Instituto Horwitz.
En estas fechas, se preparan para celebrar el 18 de septiembre. La casa es un lugar tranquilo y silencioso. Se celebran los cumpleaños, la navidades y años nuevos, se intenta a toda costa mantener el espíritu de hogar y de familia.
La terapeuta Ocupacional Catalina Arata es la encargada de la casa. Ella explica que hay apoyos graduados, cada residente tiene su perfil particular. Algunos pueden tomar la micro o el metro, salen solos. Y otros, como Óscar, no pueden hacerlo y salen acompañados y, más bien, se movilizan en aplicaciones.

En los hogares protegidos viven, como máximo, 8 residentes. Esto permite respetar la autonomía y la independencia de cada uno. También ayuda a las personas a construir identidad y a sentirse valoradas. Porque, al final de todo, el objetivo es incorporarlos y no aislarlos. La reinserción y la no discriminación se pueden lograr siendo parte de un barrio, de una comunidad. Con cosas tan cotidianas como tomar una micro o ir a la feria.
Los más jóvenes del hogar le dicen a Óscar “Tata” de cariño, deambulan por el patio, por el living, ven televisión, ocupan el computador. Hacen una vida relativamente normal. La señora Patricia, que es como la protectora, les prepara las comidas, está pendiente de la puerta, etc.
Óscar es un exitoso ejemplo de buenas políticas públicas. Pasó durante 50 años por distintos modelos para el tratamiento de una esquizofrenia paranoide. Pasó por el infierno, por el purgatorio y, ahora, está en el paraíso. Hoy es una persona feliz, realizada, aunque aún le quedan sueños por cumplir.
Mientras tanto, sigue escribiendo y dibujando. Porque, aunque apenas salga de su casa, el mundo de Óscar es muchísimo más grande de lo que parece, es un mundo inconmensurable. El “uni-verso” engloba su tesis de que, al final, absolutamente todo es solo un verso, solo uno. Por eso todo se llama universo.

Gabriel Espinoza Bustamante
Escritor – Guía de turismo.
WhatsApp +56938734686
gespinozab@hotmail.com
Enviando corrección, espere un momento...