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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Marcelo Kiwi se encuentra grabando en Armenia los últimos episodios de la octava temporada de "Siempre hay un Chileno". La temporada se estrenará el 14 de octubre en la franja estelar de Canal 13, lo que representa un desafío ante la competencia. Kiwi destaca que el programa no tiene libreto, solo una agenda, lo que permite la improvisación y la autenticidad en las interacciones. El programa ha impactado a televidentes, impulsándolos a salir de su zona de confort. Kiwi destaca la transformación personal que ha experimentado a lo largo de los 10 años de producción del programa y revela sus próximos destinos de grabación. Considera que la vida nómada le ha permitido ponerse a prueba y aprender sobre sí mismo.

Como es habitual, desde hace ocho años, Marcelo Kiwi se encuentra en otro país que no es el suyo. En este caso, se encuentra grabando en Armenia los últimos capítulos de la octava temporada de su programa de viajes Siempre hay un Chileno.

La octava temporada, que empezó a grabarse a fines del año pasado, representa un orgullo para el comunicador audiovisual que se ganó a pulso su espacio en las pantallas de Canal 13.

Con el estreno agendado para el próximo 14 de octubre, Kiwi enfatiza que este año tendrán un desafío especial, ya que el programa se transmitirá los días miércoles en la franja estelar de Canal 13, dejando su emisión de los sábados.

Ante este cambio, Marcelo Kiwi afirma en conversación con BioBioChile, que la reprogramación “nos tiene superansiosos, también nos tiene un poco preocupados y también nos tiene un poco halagados, porque el nuevo director de programación sintió que había una muy buena oportunidad estrenándolo los días miércoles”.

“A nosotros nos da un poco de aprensión que vaya a ser el miércoles, ya que competimos con monstruos que tienen mucho más presupuesto que nosotros. Tenemos un poco de susto, pero ya estamos en esto”, remarca con optimismo.

—Esta es la octava temporada de Siempre hay un Chileno. ¿Qué te parece el camino recorrido hasta ahora?

“Ya pasaron ocho temporadas, que son casi 10 años produciendo el programa, porque ha habido algunos pequeños baches y, por un lado, uno mira para atrás y dice: ‘Qué cantidad de gente y lugares han pasado por el programa’. Pero por otro lado, todavía yo siento que no haya pasado tanto tiempo. Ha sido un viaje tan rico, de aprender cosas. Se me ha hecho corto, pero si uno mira para atrás, ha pasado harto tiempo. Cuando partí haciendo el programa, no tenía canas en la barba y ahora las tengo. Eso no quiere decir que esté viejo”.

—¿Tienes 50 años en todo caso, no?

“Sí, claro, cumplí 50, fue bien especial y también llegó un momento donde uno empieza a mirar un poco más para atrás, para darse cuenta de lo que he hecho y los lugares que he estado”.

Marcelo Kiwi con sus calcetines de kiwi.

—¿Hay libreto en cada interacción con los chilenos o dejas que la charla fluya?

“En Siempre hay un chileno no hay libreto. Lo que sí tengo es una agenda de lo que vamos a hacer en el día. Y esa agenda tiene por lo menos un punto de partida y un punto de finalización. En el camino improvisamos actos, pues bien, partimos conversando y nos dejamos llevar un poco por el río o la marea, por decirlo de una manera. Porque muchas veces tenemos cosas que están superplaneadas y resultan muy fomes. Y esas cosas inesperadas le dan la chispa, esa salsa especial que tiene el programa y que en verdad, cuando la gente lo está viendo, siente que está viajando”.

“Esta temporada fui a grabar a Australia, a una de las ciudades más aisladas del mundo, que es Perth. Allá hay un montón de chilenos y me encontré con varios que nunca había visto. Ellos son muy fanáticos del programa, porque varios se pasaron el dato de dónde estaba grabando y nos fueron a ver. Fue medio divertido, porque siempre paso ultrapiola, casi nunca me cachan y en Perth me sentí como una celebridad”.

“También grabamos con uno de los participantes que se dedica al stand up comedy y llegaron como 300 chilenos al evento para poder conversar conmigo. Hicimos también una charla; el invitado hizo su rutina de stand up y después yo estuve una hora con el público respondiendo sus dudas, conversamos superrico y contamos cosas bien privadas y solo los que estuvimos ahí sabemos”.

—¿Y esa conexión con la gente cómo la llevas tú?

“Es una conexión supergenuina y muy cercana. Yo me doy cuenta cuando me encuentro con la gente, ya sea viajando o cuando he estado en Chile, la gente siente el programa supercercano y que también es de ellos. Yo creo que tiene que ver con la forma en la que está hecho el programa; lo hacemos de una manera muy sencilla y muy cercana y pues, se da como una relación superrica, las veces que me he encontrado con el chileno viajando, puta, es muy rico. Yo te diría que es un trabajo soñado, se trabaja mucho, porque son largas horas de rodaje solo con mi mochilita y la cámara grabando los lugares, pero de ahí, cuando se estrena el programa y te encuentras con los chilenos, como que te das cuenta del impacto que tiene”.

“En la temporada cuatro, entrevisté a Franco, que se dedica a leer el tarot, y recuerdo que me contaba que al programa le iba a ir muy bien. Ahora que anunciamos que venía la nueva temporada, escribió un post diciendo que participar del programa había sido una experiencia transformadora, que su tata lo había podido ver justo antes de que se le hubiera desencadenado un alzheimer muy avanzado. Él viene de la octava región y era la primera vez que salía de Chile a Portugal y se envalentonó a irse por Siempre hay un Chileno. Muchos televidentes se han envalentonado y les han dado ganas de salir de su zona de confort, y esa cosa yo siento que traspasa el contenido televisivo. A ver, nosotros tampoco pretendemos, ni la idea original del programa era cambiarle la vida a nadie, pero de alguna manera hemos servido como un pequeño empujón para los que están pensando en hacer algo”.

—Encontrar el testimonio de gente que se atrevió es superpotente

“Los personajes de Siempre hay un Chileno es gente común y corriente. Nosotros no hacemos un programa con gente del espectáculo ni de la farándula, ni que tenga mucha plata ni poca plata. Yo creo que ahí está la gracia, porque la gente empatiza con el programa y ahí los que están viendo el programa en su casa muchas veces dicen: ‘Escucha, si él lo pudo hacer, ¿por qué no lo voy a poder hacer yo?’”.

El recorrido de “Siempre hay un Chileno”

Durante la conversación, Marcelo recalca que tiene un equipo pequeño que mantiene un profesionalismo consolidado en los años que lleva al aire, desde su primera emisión el 1 de julio de 2017, lo que también representa un desafío extra para mantener la frescura y chispa del programa.

—Tu trabajo requiere viajar de 6 a 7 meses al año. ¿Hay una fórmula para mantener la motivación durante estos viajes tan largos?

“Mira, no es fácil. Porque a ver, cuando uno se va de vacaciones, es superentretenido viajar, pero cuando uno lo está haciendo por trabajo y tiene que cumplir con una agenda de grabaciones, el tiempo es superacotado. Porque a veces cuesta tener esa motivación. Ahora, yo siento que es un proyecto que vale la pena y, claro, hay días que siento que hoy no salió como lo tenía planeado, porque también hay momentos difíciles. Al final, uno va pasando por muchas etapas, pero cuando uno ve el resultado, siente que vale la pena y ahí es donde uno encuentra esa motivación. El equipo es bien profesional y es superrico trabajar todos juntos. Entonces, por ahí encuentro esa motivación que a veces también flaquea”.

“Aparte de que Siempre hay un Chileno, no soy solo yo. Está Macarena de Cea, que es la investigadora; Daniel Rosales, el montajista, y Pablo Valladares, el que corrige el color de los capítulos. Somos un equipo chico y de profesionales superbuenos, Natalia [Hebel], que es mi pareja, también me acompaña a veces a grabar y es mi primera fuente de consulta”.

—¿Cuáles son los lugares que visitarás durante esta temporada?

“Hemos grabado en la isla de Creta en Grecia, en Costa Rica, en Valencia en España y Perth en Australia. También estuve en Singapur, donde grabamos en el primer y único restaurante con estrella Michelin del mundo, donde ofrecerán gastronomía chilena. Después de eso vamos a Florencia, que ahí estuvimos con una chilena que hace joyas al estilo florentino, que valen muchos millones de pesos, así como un anillo puede costar 100 millones de pesos, porque ocupa una técnica que solo se la enseñan a la gente de Florencia, y a ella la dejaron entrar a su círculo y ella me llevó a recorrer todo eso. Después quisimos hacer un guiño a Latinoamérica, porque el programa no ha grabado tanto en Latinoamérica y en esta temporada estuvimos en Costa Rica y en Colombia, dos lugares a los que tenía muchas ganas de ir. También estuve en los Alpes Franceses, donde me tocó grabar con una de las olas de calor más fuertes que ha habido en Europa en los últimos años. Me sentí muy mal durante la ola de calor; incluso tuvimos que cancelar las grabaciones porque hacía 39 grados, o sea, era un calor extremo”.

—¿Cómo es una grabación con un invitado?

Macarena es la que busca los personajes, una vez que hacemos una reunión los dos, elegimos a los tres que van a participar en el capítulo. De ahí armamos toda la producción, yo llego y me junto con ellos, los conozco el día que vamos a grabar, así que nos juntamos temprano en la mañana. Así es como lo hacemos nosotros, a veces buscamos alguna actividad especial para grabarla al día siguiente.

—¿Qué es lo que debe tener un “personaje”?

“Pero fíjate que tampoco estamos tan preocupados de eso, nos preocupamos más de su historia de vida, de lo que está haciendo en el lugar. Ahora estamos en Armenia y vamos a entrevistar a los tres chilenos que hay acá. Además, si están viviendo en este país, creemos que es gente especial. Armenia es un país chiquitito, con 2,93 millones de habitantes y es una mezcla interesante; yo no había estado en un país así. Hay una mezcla del Medio Oriente y con Europa, también le he encontrado algo a Santiago”.

“No soy la misma persona”

En su anterior vida laboral, Marcelo aclara que llevaba una vida relativamente normal, donde debía cumplir con los plazos de entrega de las piezas audiovisuales que realizaba para Potemkin, la productora que fundó con un socio hace más de diez años.

Así las cosas, viendo que no quería realizar contenido corporativo, la decisión supuso un cambio radical: quería realizar contenido que impactara a la audiencia.

—¿Viajar por tantos países te hizo cambiar tu perspectiva de la vida?

“Yo soy una persona ahora muy distinta. Cuando partí haciendo el programa, era soltero y viajero, además de un poco más desprendido. Y haciendo el programa conocí a Natalia, que me cambió la vida. Y conocí historias de vida superpotentes de más de 300 chilenos que he grabado alrededor del mundo y de cada uno he aprendido algo. No soy la misma persona que hace ocho años atrás”.

—De todos los lugares y realidades que has conocido. ¿Qué hábito o costumbre te llamó profundamente la atención?

“A mí me encanta Japón, por el tempo que hay y lo ceremoniosos que son, pero a la vez también pueden ser alocados. Es una vida que tiene muchas normas; no sé si me adaptaría a vivir en un lugar así, pero visitarlo es increíble. Lo mismo que India, que parece como que la vida se hubiera desarrollado de otra manera en ese lugar. De cómo comen, cómo van al baño y también el tránsito en la ciudad. Nosotros a veces nos quejamos de que Santiago tiene un tránsito terrible. O sea, comparado con el resto del mundo, no es tan terrible”.

—¿Nunca te llamó la atención una vida tradicional?

“Yo siempre he sido emprendedor, o sea, desde que salí de la universidad y me recibí de comunicador audiovisual, he trabajado de lunes a lunes, nunca he estado empleado recibiendo un sueldo, siempre me lo he tenido que ganar emprendiendo. Y dentro de eso yo tuve una productora donde teníamos un horario y llevaba una vida de oficinista, que me duró como 12 años y de ahí maté al oficinista que llevaba dentro y me dedique a seguir mi pasión, que era hacer contenido y viajar. Me dije a mí mismo: ‘Bueno, es ahora o nunca’. Porque cuando estudié comunicación audiovisual, lo que yo quería hacer eran contenidos que tuvieran impacto, con el respeto que merece, no quería estar grabando a gerentes que se aprendían un discurso de memoria y tenían que repetirlo 20 veces”.

“Hasta ahora vamos bien, como consejo puedo decir que siempre sale bien, porque en ese acto hay un aprendizaje, porque es salir de la zona de confort y te puede ir bien o mal, pero vas a aprender algo y al final serás una persona nueva”.

—Actualmente llevas una vida nómada que empezaste desde muy joven. ¿Qué es lo entretenido de viajar solo?

“Cuando tú viajas, solo te tienes que aprender a soportar a ti mismo, porque hay un diálogo contigo mismo cuando estás viajando que encuentro que es bien interesante y te ayuda a ponerte a prueba”.

“A mí me encanta viajar acompañado de la Natalia o a veces me acompaña también Franchesca, que es una amiga realizadora. Ella es directora de fotografía, y hacemos algunos capítulos juntos cuando voy a Norteamérica, pero la mayoría de los capítulos del programa los grabo solo. Yo siento que es un desafío para uno llegar a un lugar donde uno no conoce a nadie. Como que hay una cosa desafiante de poder desenvolverse”.

Marcelo y Natalia | Cedida

—¿Qué lugares te faltan por visitar?

“Voy a estar en Arabia Saudita, que llevo ya un montón de tiempo hablando con las autoridades porque hay que ir con permiso. Me parece alucinante poder ir. Ese era uno de los lugares que tenía superpendiente porque me parece que también la vida ahí debe ser interesante. También creo que es una zona que ha estado más caliente en el último tiempo por el tema de la guerra. Nuestro programa nunca ha estado enfocado en conflictos bélicos y el tema político tratamos de tocarlo, pero sin que sea tan relevante dentro del programa”.

Marcelo Kiwi: “Nací para esto”

—¿Te consideras un romántico viajero?

“Sí, de todas maneras. Ya sea porque me encanta viajar y antes me enamoraba mucho cuando estaba viajando, pero ahora ya no. Me lo tienen prohibido. Y también porque soy de la U”.

—¿Es Natalia el flechazo de tu vida?

“Hay un antes y un después de Natalia”.

—¿Hay alguna canción y/o película que te defina?

“Una canción de Gustavo Cerati que se titula Nací para esto y Los excéntricos Tenenbaums de Wes Anderson. Ahora estoy medio divorciado de Wes Anderson porque encuentro que todas sus últimas películas han sido un bodrio. Pero esa película de Wes Anderson habla de la familia y de las últimas oportunidades, me gusta mucho”.

—¿Qué cosas te dan miedo?

“Yo le tengo terror a la aguja cuando tengo que vacunarme o sacarme sangre. Una vez me pusieron una vacuna y yo me desmayé. Era más chico y mi mamá me había acompañado para un viaje que iba a hacer al Amazonas. Yo ahí cerré los ojos, pero en un momento me vi en el piso, mi mamá estaba llorando. Y ahí le agarré un montón de susto a la jeringa”.

—¿Cómo te gustaría que te recuerden?

“Ahora que cumplí 50, me ha pasado un poco ver hacia atrás y el camino recorrido. Yo no soy mucho de ver los programas, yo veo muchos los programas hasta que los entrego; en ese momento, ya los dejo de ver. Pero ahora último, he estado repasando algunos de los capítulos, también veo mucho el contenido que he hecho en YouTube, que de repente es un poco más suelto, más juguetón, más de la vida diaria, y me he dado cuenta del paso del tiempo. Y el camino recorrido hasta ahora”.

—¿Qué sentiste al cumplir 50 años?

“Lo pasé superacompañado, lo pasé con la Natalia y también con mi familia que vino de Chile; hicimos un viajecito. Me sentí superpleno y muy muy feliz de llegar a los 50. Me duelen un poquitito más las rodillas, tengo una que otra cana que antes no estaban, pero me siento superfeliz con la vida que he tenido hasta ahora y me siento un ser afortunado en el planeta Tierra. Como te decía: ‘yo nací para esto’”.