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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

En Brasil, se anticipa una reñida elección presidencial el 4 de octubre, con Luis Ignacio Lula da Silva buscando un cuarto mandato no consecutivo y Flávio Bolsonaro luchando por reinstalar el 'Bolsonarismo' en el poder. Encuestas señalan una contienda similar a la de 2022, donde Lula ganó por poco margen a Jair Bolsonaro. Flávio lideró inicialmente los sondeos, pero un escándalo lo perjudicó. Lula mantiene ventaja en las encuestas con un 36% frente al 29% de Bolsonaro, mientras que el escritor Augusto Cury asoma con un 8%. Polémicas recientes, incluyendo acusaciones de vínculos con banqueros, han marcado la campaña.

Brasil vivirá una cerrada elección presidencial el 4 de octubre, en donde Luis Ignacio Lula da Silva buscará reelegirse por un cuarto periodo (no consecutivo), mientras que Flávio Bolsonaro va por reinstalar al ‘Bolsonarismo’ en el poder.

Desde ya se espera que sea una contienda muy similar a lo vivido en 2022, cuando Lula regresó al gobierno venciendo por un apretado 50.9% contra un 49.1 de Jair Bolsonaro. Las encuestas actuales indican que así será.

Bolsonaro Jr. había partido liderando los sondeos a inicios de 2026, superando por 2 puntos a Da Silva en un eventual balotaje, pero el exsindicalista había dado vuelta la balanza a mediados de año, cuando el abogado se vio inmerso en un escándalo, al ser vinculado con el polémico banquero Daniel Vorcaro.

De hecho, actualmente es investigado por la policía en relación a la causa del Banco Máster, por corrupción en torno a la película sobre su progenitor.

El último estudio develó, sin embargo, que el hijo del expresidente Bolsonaro empató al izquierdista, al analizar cómo sería la segunda vuelta.

Se trata de los resultados de la consultora local Quaest, que detalla que,para el primer comicio, Lula mantiene una ventaja de siete puntos con el 36% de los apoyos, frente al 29% de su contrincante más cercano.

Por detrás aparece el popular escritor Augusto Cury, un outsider en la política postulado por el partido de centro Avante, quien figura con un 8% de los apoyos, dos puntos menos que en agosto.

Con un 3% se sitúan el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado y el activista de extrema derecha Renan Santos; y con un 2 % el exgobernador de Minas Gerais Romeu Zema, todos del campo de la derecha.

Las últimas semanas también han estado marcadas por la polémica del juez del Tribunal Supremo de Brasil Alexandre de Moraes, famoso por haber condenado a cárcel a Bolsonaro ‘padre’. El magistrado ahora está salpicado por nuevos indicios sobre supuestos vínculos con un banquero encarcelado por un escándalo de fraude.

Por lo mismo, el De Moraes enfrenta una fuerte presión política, de parte de sectores cercanos al Bolsonarismo, para que deje su cargo. Lula, por su lado, ha instado a que la investigación continúe.

EEUU ante elección en Brasil y posible consolidación de la derecha en Sudamérica

No es un secreto que EEUU mirará con atención lo que ocurrirá en Brasil dentro de tres semanas. Si bien no se puede hablar de una presión directa del gobierno de Donald Trump, aquel mandatario mostró abiertamente su postura en favor de Bolsonaro, en julio pasado.

Lo anterior llevó a que Lula da Silva arremetiera con fuertes epítetos contra su rival y su familia, a quienes trató de “traidores y vendepatrias”.

Pero hay otro factor trascendental, ya que desde el entorno del actual mandatario sostienen que, de perder la elección, incluso podría estar en riesgo el sistema electrónico de compras PIX, el cual es considerado como un emblema brasileño.

Carlos Alsua, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. Andrés Bello, indica a BioBioChile que esta situación puede ser clave, aunque no cree que este modelo esté en peligro.

“PIX hoy tiene cerca de 170 millones de usuarios. Con ese nivel de penetración, políticamente sería muy difícil eliminarlo. Lo que sí puede cambiar es su dimensión internacional. Estados Unidos ha expresado preocupación por el modelo de Pix y por su competencia con sistemas privados de pagos”, detalló.

“Flávio Bolsonaro también ha sugerido limitar su integración con determinadas redes financieras no occidentales. Pix no está en riesgo de desaparecer. El verdadero debate es hasta dónde Brasil quiere utilizarlo como instrumento de autonomía financiera frente a Estados Unidos y otros actores internacionales. Pix ya no pertenece a Lula ni a Bolsonaro. Con 170 millones de usuarios, pertenece a la economía brasileña”, agregó.

Bajo las actuales administraciones, Brasilia y Washington han tenido una relación bastante tensa, con Da Silva exigiendo a Trump que no se entrometa en el proceso. Los dos, de hecho, tuvieron una conversación de varios minutos hace algunas semanas, donde habrían tocado este punto.

A eso se suma que, en agosto, EEUU revocó la visa de la embajadora brasileña en su capital, Maria Luiza Ribeiro Viotti, en respuesta a la demora del gobierno brasileño en aprobar al candidato propuesto por el jefe de la Casa Blanca para la embajada estadounidense en la capital del país sudamericano.

Roberto Uebel, profesor de Relaciones Internacionales de la ESPM, indicó a DW que este es de uno de los momentos más delicados desde el retorno de la democracia en Brasil, aunque considera prematuro calificarlo como la peor crisis de toda la historia bilateral.

“La escalada reúne elementos que normalmente aparecen de manera aislada: imposición de aranceles, acusaciones de injerencia electoral, revocación de visas, demora en la concesión del agrément al candidato para la Embajada de Estados Unidos y, ahora, la revocación de la visa de la embajadora brasileña en Washington”, enumera.

Además, a diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los países, donde los aranceles suelen estar relacionados con cuestiones económicas, como los superávits comerciales frente a Estados Unidos, en el caso de Brasil las medidas tuvieron una motivación política, aseveró el profesor de Relaciones Internacionales del Ibmec de Río de JaneiroLeonardo Paz Neves al citado medio.

Brasil fue objeto de dos rondas de estas acciones, una en 2025 y otra en 2026. En aquel momento, en función del juicio al expresidente Jair Bolsonaro y, ahora, debido al apoyo, que me parece ya no tan velado, a la candidatura del senador Flávio Bolsonaro”, sostiene.

Por lo pronto, es claro que un eventual triunfo del senador sellaría el giro de Sudamérica hacia la derecha, impulsado por los triunfos de De la Espriella en Colombia y Keiko Fujimori en Perú, durante 2026.

De concretarse lo anterior, la izquierda sólo conservaría el gobierno de Uruguay, con Yamandú Orsi.

Una victoria derechista además daría pie para que Brasil adquiriera nuevos compromisos en torno a la llamada doctrina ‘Donroe’, como unirse al Escudo de las Américas o reforzar los lineamientos de seguridad en conformidad con Washington.

“Si gana Bolsonaro se consolidaría el giro, sin duda. Pero yo evitaría la palabra ‘definitivo’. En los últimos años hemos visto victorias de la derecha o centroderecha en varios países importantes de la región. Si Brasil siguiera esa dirección, el cambio político regional sería mucho más evidente”, declara Alzúa.

“Pero no estoy convencido de que América Latina se haya vuelto ideológicamente de derecha.
Creo que hay algo más sencillo detrás de buena parte de este fenómeno: frustración con la inseguridad, el bajo crecimiento, la corrupción y la incapacidad de muchos gobiernos para responder a las expectativas de la población”, cerró.