Por primera vez en décadas, el Gobierno de Perú impulsa de forma simultánea la adquisición de un nuevo lote de cazas F-16 y la selección del K-2 Black Panther como su tanque principal de batalla, marcando un hito en la modernización de sus Fuerzas Armadas.
Según conoció BioBioChile, la actual gestión de la presidenta Keiko Fujimori ya se encuentra en negociaciones avanzadas con Lockheed Martin para asegurar una segunda partida de F-16 Block 70, mientras el Ejército ha definido que el blindado surcoreano reemplazará a los históricos T-55 y AMX-13.
El ministro de Defensa, Rafael Belaúnde Llosa, confirmó que la prioridad del Ejecutivo es cerrar la compra del segundo lote de 12 F-16. Desde abril pasado, el país ya cuenta con un contrato firmado para las primeras 12 aeronaves, pero el objetivo de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) es alcanzar una flota mínima de 24 unidades para garantizar capacidades de disuasión efectivas.
“El mensaje es claro: las Fuerzas Armadas van a recibir todo el apoyo del Gobierno”, afirmó Belaúnde en recientes declaraciones. El ministro detalló que se ha reunido con representantes de Lockheed Martin y con el agregado militar de Estados Unidos para coordinar los términos de la operación.
Agenda de modernización
La adquisición de los F-16 responde a una agenda de modernización que el Gobierno de Fujimori ha planteado como prioritaria ante las crecientes demandas de seguridad y defensa nacional.
Belaúnde Llosa explicó que las gestiones avanzan en medio de restricciones presupuestarias y herencia del gobierno anterior, de José María Balcázar. “No han dejado plata en caja”, advirtió tras referirse a la falta de liquidez que también impactó en el pago de pensiones militares y en los fondos destinados a responder a emergencias como el fenómeno de El Niño.
Pese a las limitaciones, el titular de Defensa aseguró que las obligaciones con el personal retirado ya están cubiertas y que el Ejecutivo se enfoca en garantizar los recursos para el segundo lote de cazas.
De acuerdo con lo constatado por BioBioChile, se tramitan cartas de intención y compromisos para programar la disponibilidad de fondos públicos y ejecutar el primer desembolso correspondiente. “Mi trabajo es hacer todo lo posible, todo lo que esté a mi alcance, para cumplir con los requerimientos de los institutos armados”, aseguró Belaúnde.
Proceso relevante
La relevancia de este proceso ha sido subrayada por especialistas del sector. César Torres Vega, general FAP (r) y exviceministro de Políticas para la Defensa, declaró en el programa “Diálogos del Montonero” que la consolidación del segundo lote es clave para el país.
“La concertación del segundo lote es importante para completar los veinticuatro (cazas)… falta un proceso que está a nivel del Ministerio de Economía. Entonces, hay que sustentar al nuevo Congreso para que se agilice, porque es un tema vital para el Perú”, sostuvo Torres Vega.
Según el exviceministro, la compra de los F-16 representa un compromiso internacional con Estados Unidos y, ya autorizado el presupuesto para las primeras aeronaves, resulta imprescindible mantener el cronograma pactado.
“No se puede retroceder. Y hay que seguir con el cronograma porque tenemos un compromiso con Estados Unidos y ellos son muy serios en el cumplimiento de esos compromisos”, añadió.
No solo aéreo
El proceso de modernización no se limita al ámbito aéreo. De acuerdo con información obtenida por Defensa.com, el Comité de Estudio Técnico Operativo (CETO) del Ejército del Perú evaluó durante más de un año varias opciones de carros de combate de última generación.
Tras analizar los Leopard 2E6 alemanes, los M-1A1/A2 Abrams estadounidenses, los MBT-3000 chinos y otros modelos europeos, el comité optó por el K-2 Black Panther, fabricado por Hyundai Rotem en Corea del Sur.
El programa de adquisición contempla la compra de 150 unidades del K-2 Black Panther, que sustituirán a los T-55 y AMX-13, vehículos que superan las cinco décadas de servicio.
Según detalla Defensa.com, está previsto un primer lote de 18 tanques, seguido por otro de 28, ambos fabricados en Corea del Sur. El resto de los vehículos serían ensamblados en territorio nacional, en una planta propuesta por Hyundai Rotem, que incluye la integración de un 30 % de componentes y servicios de manufactura peruana.
El plan de modernización asociado a la compra de los K-2 Black Panther abarca quince años y prevé una inversión de 270 millones de dólares para la instalación de la planta de ensamblaje.
El acuerdo marco firmado en diciembre pasado entre el Ejército y Hyundai Rotem está orientado a ampliar la cooperación tecnológica y gestionar alternativas de financiamiento que permitan la eventual coproducción no solo de los tanques, sino también de 280 vehículos blindados K-808 White Tiger.
Potencia de fuego
El K-2 Black Panther destaca por su tecnología avanzada y su potencia de fuego. Este carro de combate alcanza una velocidad máxima de 70 km/h en carretera, cuenta con una autonomía de 450 km y está equipado con un cañón Hyundai WIA CN08 L55 de 120/55 mm capaz de realizar hasta diez disparos por minuto, según las especificaciones técnicas recogidas. Además, dispone de sistemas de blindaje reactivo y protección activa KAPS-2, así como capacidades de vadeo de hasta 4 metros con la preparación adecuada.
El reemplazo de los T-55 y AMX-13, adquiridos en 1973 y 1954 respectivamente, representa un salto cualitativo en la capacidad del Ejército y responde a la necesidad de adecuar su dotación a los estándares contemporáneos.
De acuerdo con Defensa.com, la adquisición todavía debe sortear la falta de recursos para iniciar la fase de negociación y contratación, aunque el camino técnico y político ya está delineado.
En paralelo, la estrategia de modernización militar se complementa con la llegada de 30 vehículos blindados K-808 White Tiger, de los cuales seis ya participaron en el último Desfile Militar en Perú (el 29 de julio) y serán sometidos a pruebas finales en Corea del Sur antes de su entrega definitiva. La inversión en estos blindados asciende a 60 millones de dólares y responde a los programas de dotación de la 3.ª y 6.ª Brigada Blindada del Ejército.
Política de defensa
Las autoridades peruanas insisten en que la política de defensa debe acompañar el desarrollo nacional y garantizar la seguridad como condición para la inversión y la estabilidad interna.
“La política que debe ejercer el ministro en el sector no solamente queda como política, eso se tiene que operacionalizar en gestión en el sector”, explicó César Torres Vega, al referirse a la importancia de la especialización y la visión estratégica en la conducción del Ministerio de Defensa.
El general retirado subrayó que la adquisición de los F-16 debe ir acompañada de sistemas de apoyo como radares terrestres, aviones AWACS y tanqueros de recarga de combustible para maximizar la capacidad operativa de la FAP.
“La adquisición de los F-16 solo como sistema de armas individuales no es una gran solución. Necesita el acompañamiento de un AWACS. Pero no uno, mínimo dos o tres, para que puedan trabajar en red, en colaboración, lo que se llama modo colaborativo”, precisó.
El desafío de la modernización militar se enmarca en un contexto geopolítico regional exigente, donde la convergencia tecnológica y la articulación interinstitucional se han vuelto imprescindibles.
“El sector Defensa necesita, no una adaptación, no una modernización, sino una transformación. Porque si no, estamos con las herramientas de gestión del siglo XIX y con tecnologías del siglo XX, cuando estamos en el siglo XXI”, advirtió Torres Vega.
Según Infodefensa, la agenda de corto, medio y largo plazo del Ministerio de Defensa incluye el fortalecimiento de la infraestructura del sector, la actualización del marco legal y el impulso de la cooperación internacional, con especial énfasis en la transferencia tecnológica y la producción local de sistemas avanzados.
El proceso de adquisición de los F-16 y de los tanques K-2 Black Panther constituye la apuesta más ambiciosa en décadas para la defensa peruana. Las gestiones políticas y técnicas avanzan en paralelo a la reorganización del aparato militar, con miras a consolidar una fuerza armada capaz de responder a los desafíos contemporáneos, tanto en el ámbito aéreo como terrestre.