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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La OMS en China recibió informes sobre casos de neumonía de etiología desconocida en Wuhan el 31 de diciembre de 2019. Una joven técnica de laboratorio en Siberia, Rusia, falleció también por una neumonía similar, generando preocupación. Aunque se comparan ambos casos, no hay confirmación de conexión con Yersinia pestis. La falta de información clara ha generado incertidumbre en el caso ruso, con declaraciones contradictorias de autoridades locales.

El 31 de diciembre de 2019, mientras todo el mundo se preparaba para recibir el Año Nuevo, la Oficina de la OMS en China fue informada sobre una serie de casos de neumonía de etiología desconocida (causa desconocida) detectados en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei (China). Todos sabemos lo que ocurrió un par de meses después.

Esta semana, la muerte repentina de una joven técnica de laboratorio en Siberia, Rusia, también fue catalogada como una neumonía de etiología desconocida. La fallecida trabajaba en un instituto dedicado precisamente a investigar la peste y las autoridades adoptaron medidas de vigilancia y aislamiento sobre sus contactos. Este martes se confirmó a un segundo fallecido.

En ese sentido, la coincidencia terminológica con los primeros reportes de Wuhan resulta casi inevitable, y sería prudente prestar atención, pero también existen importantes diferencias que conviene poner sobre la mesa.

“Neumonía de etiología desconocida”

Lo primero que conviene aclarar es que la expresión “neumonía de etiología desconocida” no significa que las autoridades hayan identificado una nueva enfermedad. En términos simples, se trata de una descripción utilizada cuando un paciente presenta un cuadro de neumonía y todavía no se ha determinado qué microorganismo o condición lo provoca.

Y sí, eso fue lo que ocurrió también en Wuhan.

Para el 3 de enero de 2020, todavía no se había identificado el agente causal del Covid-19 y la OMS señalaba que la información disponible era insuficiente para determinar el riesgo general del episodio. Días después se identificó un nuevo coronavirus como responsable de aquellos cuadros. El resto de la historia es conocido.

Según los reportes publicados hasta ahora en el caso ruso, la primera versión de los hechos apuntaba a que la mujer habría tenido contacto accidental con una muestra de Yersinia pestis, la bacteria que provoca la peste. No obstante, el organismo sanitario ruso, Rospotrebnadzor, asegura que los análisis realizados no encontraron microorganismos relacionados con las actividades profesionales de la fallecida.

En China, a comienzos de enero de 2020, ya existía un conjunto de decenas de pacientes con cuadros similares. En Rusia, en cambio, el episodio conocido hasta ahora gira alrededor de dos pacientes fallecidos. Tampoco existe confirmación de que el agente causante sea Yersinia pestis —aunque de momento pareciera ser la hipótesis más probable—.

La OMS, por su parte, está verificando directamente con las autoridades rusas las circunstancias del caso, los resultados de los análisis de laboratorio, el estado de los contactos y las posibles implicaciones para la salud pública internacional.

Información cambiante

Algo que ha contribuido en parte a la incertidumbre en torno a este caso es la falta de una versión única sobre lo ocurrido. En los primeros días, las autoridades regionales rusas entregaron información que posteriormente fue matizada o modificada, recordó el medio italiano Corriere della Sera.

De acuerdo con The Moscow Times, el gobernador de la región de Buriatia, Alexéi Tsydenov, llegó a publicar que la trabajadora había muerto de peste, aunque posteriormente editó el mensaje para agregar que se trataba de un caso “posible”. En paralelo, autoridades locales de Shelekhov llamaron inicialmente a evitar desplazamientos hacia la ciudad debido a información no oficial sobre un caso de peste humana. Esas publicaciones fueron posteriormente eliminadas.

La versión que actualmente sostiene la autoridad es que la mujer murió, como señalamos previamente, por una neumonía de etiología desconocida y desde el Gobierno aseguran que no se han registrado casos de peste en la ciudad de Irkutsk, según recoge Reuters.

Ahora, con la muerte de una segunda persona, deberá definirse si la versión oficial sigue siendo que se trata de una enfermedad desconocida o si se confirma que fue por un contagio de peste.

En ese sentido, la principal similitud con los primeros días del covid-19 sería más bien informativa. Tenemos un cuadro respiratorio “misterioso”, información todavía incompleta y la necesidad de determinar rápidamente si se trata de un caso aislado o de algo que pueda extenderse.

Otras experiencias recientes

En agosto de 2022, autoridades argentinas notificaron a la OMS un grupo de pacientes con neumonía bilateral cuya causa todavía no había sido identificada. El episodio comenzó con seis casos y uno de ellos murió. Días después, los análisis permitieron identificar a Legionella pneumophila como el agente responsable.

La investigación terminó identificando 22 casos sospechosos y seis fallecidos. Aunque fue un evento sanitario serio que requirió investigación epidemiológica, no derivó en una emergencia sanitaria global comparable con el covid-19.

Entonces, ¿por qué este caso genera tanta preocupación?

La pandemia marcó un antes y un después respecto de cómo entendemos las enfermedades contagiosas, cambiando completamente el significado que ciertas palabras tienen para la opinión pública.

En diciembre de 2019, “neumonía de etiología desconocida” parecía describir un problema localizado. Sin embargo, aquello terminó siendo la primera señal reconocible de una enfermedad que en pocas semanas cruzó fronteras.

Esto justifica vigilancia sobre lo ocurrido en Rusia, pero vigilancia no es sinónimo de alarma.

Hasta ahora, los antecedentes disponibles no muestran una cadena de transmisión ni un aumento de casos de neumonía de causa desconocida. Tampoco existe confirmación todavía por parte de las autoridades rusas de que la fallecida haya contraído peste o que su enfermedad estuviera efectivamente relacionada con una eventual exposición en el laboratorio.