“Me di cuenta que un garzón nos miraba mucho, miraba muy atentamente dónde estábamos, y se lo comenté a él en algún momento, que el garzón nos miraba mucho”.
Macario Vargas Pérez es testigo, no imputado. Pero su paso por el restaurante Ají Seco Místico la noche del 22 de septiembre de 2024, convirtió al garzón de 56 años en una pieza clave y esquiva de la causa por delitos sexuales que pesa contra el exsubsecretario del Interior, Manuel Monsalve.
Y pese a declarar en tres oportunidades, el mozo simplemente desapareció en marzo de 2025. Su abrupta salida de Chile se dio pese a que tenía residencia definitiva hace ya 10 años y, hasta ahora, ni siquiera la Interpol lo ha podido ubicar.
Macario es uno de los pocos que pudo ver directamente lo ocurrido en la mesa 211 del restaurante de calle Mac Iver la noche de los hechos y, según presume la defensa del otrora ex hombre fuerte del PS, pudo haber tenido información respecto de si Monsalve y la denunciante fueron o no drogados tal como ambos lo han planteado desde el inicio de las pesquisas.
Las sospechas del entorno del médico oriundo de Coronel también apuntan al local. Los investigadores nunca pudieron recuperar las cámaras de seguridad y el consumo de cuatro pisco sour por cada uno sólo está acreditado a través de la “comanda”: la boleta de esa noche no existe y debió ser ingresada al Servicio de Impuestos Internos sólo después de que la PDI pidiera una copia del documento.
—El Ají Seco Místico es una caja negra —asegura una fuente familiarizada con la indagatoria.
Los sour
Según consta en el expediente de la fiscalía, los hechos se remontan a las 18:15 horas del 22 de septiembre de 2024, cuando el Uber de Manuel Monsalve se detuvo frente al Ají Seco Místico. Del automóvil descendió el entonces subsecretario y su subalterna, quien semanas más tarde se convertiría también en su denunciante.
Quien los atendió fue precisamente Macario. El ciudadano peruano trabajó esa noche en el segundo piso, en el sector junto a la ventana. Allí estaba la mesa de Monsalve.
De acuerdo con la comanda del local, la pareja pidió una entrada de machas a la parmesana, un plato de picante de marisco y un salmón. También, según el mismo documento, consumieron cuatro pisco sour catedral cada uno. La denunciante y Monsalve solo recuerdan haber llegado hasta el segundo. Luego, dicen ambos, perdieron la memoria.
Las declaraciones de él y ella son concordantes en un punto: los dos manifestaron ante los investigadores la inquietud de haber sido drogados. Según se desprende del testimonio de la funcionaria de Interior, fue ella quien deslizó esa posibilidad por primera vez.
—Yo le dije [a Monsalve] que yo creía que había sido drogada, porque nunca me había sucedido que no recordara nada —dijo.
También afirmó que de las pocas cosas que se recuerda antes del blackout es que, precisamente, uno de los garzones no les quitaba los ojos de encima.
—Mientras seguíamos hablando —aseguró ella— me di cuenta que un garzón nos miraba mucho, miraba muy atentamente dónde estábamos, y se lo comenté a él.
La defensa de Monsalve hoy cree que ese mesero era justamente Macario.
Los “no recuerdo” de Macario
Macario declaró dos veces ante la PDI y una ante el fiscal Xavier Armendáriz. Contó que llevaba más de diez años como garzón, pero en líneas generales, dijo no acordarse de nada de esa noche. Por ejemplo, aseguró no recordar a la pareja, pese a que ese día el local no estuvo transitado y para cuando Monsalve se retiró con la denunciante, a eso de 22:38 horas, ya no quedaban otros comensales. Fueron los últimos en irse.
—Yo no recuerdo haber visto ese día 22 de septiembre al señor que ha salido en la prensa. Yo no conocía a ese caballero, no es cliente frecuente del restaurante —espetó.
Sobre cómo se enteró del caso, la versión varió. En una primera intervención, afirmó que se fue “enterando a través de los días del hecho”, pero en una segunda oportunidad dijo que supo de la situación cuando vio “a los funcionarios de la PDI en el restaurante”.
Una de las discrepancias importantes para la defensa de Monsalve guarda relación con el turno de trabajo del mesero. En sus alocuciones, Macario argumentó que entre las 18:00 y 20:00 horas no trabajó. Tenía descanso, aseveró. Explicó que se fue a un dormitorio a descansar. Sin embargo, los registros de atenciones del local adjuntos a la carpeta investigativa difieren de esa versión: el garzón aparece abriendo y cerrando mesas mientras Monsalve estuvo allí.
—¿Usted señala que atendió más parejas? —inquirió Armendáriz a Macario la última vez que compareció ante los investigadores antes de desaparecer.
—Parejas… Parejas que yo haya atendido pueden ser una, no hay fluidez de personal —se excusó.
—Estamos hablando de una pareja que se quedó más de 4 horas, lo que usted mismo señaló que no es habitual, ¿recuerda a la pareja que se quedó el día 22? —volvió a interrogar el persecutor
—Como dije, yo no sabía a qué hora entró esa pareja.
—Usted señala en su declaración que las personas que toman mucho pisco sour, usted les advierte, ¿usted le advirtió algo a esta pareja?
—No, porque no he revisado cuánto pisco sour ha tomado esa pareja.
¿En esa mesa consumieron ocho pisco sour, cuatro cada uno, recuerda algo?
—No. No recuerdo
—El registro señala que usted cerró la mesa a las 22:38 horas, señala que le pagaron en efectivo 114 mil pesos, es la mesa que lejos más pagó esa noche ¿recuerda esta situación?
—No recuerdo la verdad cuánto fue el monto. Como ahí figura eso, puede ser, no recuerdo los montos.
La defensa de Monsalve ha sostenido que parece raro que la pareja consumiera ocho copas generosas del trago. Primero, porque nadie vio a alguien saliendo en malas condiciones del local. Y segundo, porque alguien debió haberse percatado de un consumo tan alto como ese.
A., el jefe de los garzones, abordó el factor sour en su declaración ante los investigadores.
—Respecto a los ocho catedral que aparecen en la comanda de la mesa de Manuel Monsalve, señalar que por mi parte yo no otorgué tal cantidad de alcohol a la mesa, y me parece muy extraño que alguien haya autorizado o haya permitido que ellos solicitaran tantas bebidas alcohólicas.
Y añadió:
—En cuanto al consumo de bebida alcohólica en el restaurante nosotros tenemos estipulado un límite, que es de dos tragos por persona con comida. Incluso esto se le da a conocer a los garzones, ya que nuestro local es un restaurante y no es un lugar para ir a beber alcohol, por lo que se suele negar el consumo de otro trago más de alcohol a pesar que el cliente se moleste al respecto.
En este caso, no consta que existiera tal advertencia para el entonces subsecretario.
Las cámaras que no están
La existencia de imágenes del interior de Ají Seco Místico habría permitido reconstruir qué ocurrió en la mesa 211. Su ausencia, según ha planteado la defensa del médico en audiencias judiciales, es uno de los vacíos más relevantes de la investigación.
V. era el jefe de la brigada de contrainteligencia de la PDI cuando ocurrieron los hechos. A él le encomendaron recuperar las imágenes del local. Según declaró ante la fiscalía, su equipo acudió al restaurante el 11 de octubre. Allí se encontró con el obstáculo:
—No había registros y en el local solo tenían a partir del 28 de septiembre —aclaró.
Es decir, el sistema conservaba imágenes de los días posteriores a la visita de la pareja, pero no de la noche del 22.
V. lamentó la pérdida.
—Se supone que tenían cámaras todos los salones, hubiese sido bueno tener estas grabaciones porque se hubiese visto una interacción con alguna tercera persona —afirmó.
Su unidad intervino, según explicó, porque para ese entonces se sospechaba que la autoridad “pudiera haber sufrido algún tipo de atentado”.
El equipo policial buscó entonces cámaras en los alrededores. Según V., “había una cámara que podía servir que estaba enfrente, pero no tenía grabaciones en las horas que se buscaba, sí de la fecha, pero no a partir de la hora que se buscaba”.
El hecho le llamó la atención. El aparato conservaba imágenes del día, pero no de los momentos en que Monsalve abandonó el establecimiento. Ese periodo es precisamente el que interesaba.
La declaración del detective no explica por qué faltaba ese segmento ni si se indagó el motivo.
Las peticiones sin respuesta de Monsalve
Ante esa carencia, la PDI reconstruyó los movimientos con cámaras de tránsito, de la Municipalidad de Santiago y del hotel donde se hospedaba el alto funcionario de la Administración Boric. Con ellas V. dijo haber visto llegar un Uber a las 18:00 al hotel para recoger a Monsalve, y que trece minutos después el mismo vehículo apareció en calle Mac Iver, en las inmediaciones del restaurante.
Según dijo, en base a los registros, dos personas ingresaron al local.
—Asumimos que son ellos —relató el policía, aunque aclaró que no pudo corroborarse. La razón es que “no era buena la definición de las cámaras”.
En simple, ninguna imagen contenida en el expediente muestra lo ocurrido dentro del local entre las 18:15 y las 22:38. Ni tampoco a la salida.
El 16 de enero y el 21 de agosto de 2025, la defensa de Monsalve solicitó incautar el DVR (Grabador de Video Digital) del restaurante para detectar si las imágenes del 22 de septiembre efectivamente se reescribieron o si habían sido manipuladas o borradas manualmente.
La fiscalía negó ambas peticiones, pese a que la única base para sostener que las imágenes se habían sobrescrito eran declaraciones verbales de trabajadores del restaurante. No existe dentro de los documentos analizados por este medio, una corroboración técnica de aquello.
La pericia fue aprobada finalmente tras la audiencia de reapertura de la investigación, en enero de este año. La jueza que presidió la instancia instruyó al Ministerio Público realizar la diligencia.
El resultado fue que la PDI no pudo obtener información anterior a diciembre de 2025: los discos duros habían sido formateados.
—¿Se hizo algún reporte escrito? —le consultó Armendáriz al detective
—No, no se hizo. No es algo extraordinario, ocurre normalmente que no se hagan reportes u oficios, porque era algo muy concreto. No había nada anormal en estas cámaras [que se lograron levantar] ni en las diligencias realizadas.
—¿Si hubieran encontrado algo raro, un atentado, se hace un reporte escrito?
—Sí, claro, porque ahí cambia la figura. Habría que denunciar el hecho, hacer una investigación que no iba a hacer inteligencia, pero se habría formalizado.
La boleta que no se emitió
Hay otro hecho, documentado por el propio restaurante, que llama la atención: la boleta por los pisco sour y la comida que brindó el local a Monsalve nunca se emitió. Esto se sabe por la declaración del contador del Ají Seco Místico, quien lo atribuyó a un error logístico.
En palabras del profesional:
—El pago en efectivo de la suma de $114.900, por el consumo no se había cursado por problemas del cajero. La cajera titular viajó de manera urgente a Perú, por el fallecimiento de su padre, quedando a cargo de esa labor otro empleado, quien no tenía mayor conocimiento del uso del terminal para el pago en efectivo.
Según se desprende de la declaración, recién cuando la PDI solicitó al restaurante la boleta, un mes después de los hechos, la sociedad controladora del establecimiento presentó una declaración rectificatoria para ingresarla ante el Servicio de Impuestos Internos.
—Realizamos en la plataforma del SII una rectificación del IVA por esa boleta no emitida —dijo el contador—, saneando de manera conforme esa inobservancia con la misma fecha que ustedes me solicitan la boleta.
La versión del empleado, sin embargo, contrasta con los registros del restaurante. En el expediente consta que durante todo el día se realizaron pagos en efectivo.
En esos casos sí emitieron boletas.
¿Dónde está Macario Vargas?
Macario Vargas salió de Chile el 18 de marzo de 2025. Tomó un avión en el aeropuerto Arturo Merino Benítez y ese mismo día ingresó a Perú. Es su último movimiento migratorio conocido.
Antes de que cerrara la etapa de investigación, la defensa de Monsalve consiguió que la Interpol publicara una Notificación Azul contra el ciudadano peruano. Se trata de una alerta mundial para recopilar información sobre la identidad, el paradero o las actividades de una persona vinculada a una investigación penal.
El texto que acompaña la notificación es escueto: se le busca “para tomarle declaración como testigo en un caso de violación cometido en Chile”. La idea también era solicitarle acceso a sus conversaciones telefónicas. Sin embargo, hasta ahora, no hay novedades de Macario desde ninguna parte del mundo.
Y aunque no se puede afirmar que él haya ocultado información ni que haya salido del país para evadir a la justicia, todo indica que se trata de un testigo con posible conocimiento directo de los hechos.
Una eventual nueva declaración, y el acceso a sus mensajes, podrían aclarar lo que ninguna cámara registró.
El principio del fin
Esta mañana el caso Monsalve entra en recta final. Se espera, de no mediar algún inconveniente, que en el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago se celebre la audiencia de preparación de juicio oral en contra del exsubsecretario.
En la instancia, las partes discutirán —entre otros aspectos— las pruebas y testigos que serán admitidos para el juicio.
El Ministerio Público mantiene su solicitud de una pena total de 14 años de cárcel, por los delitos de violación y abuso sexual.