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La corrupción, una fuerza invisible que tiene secuestrado a El Salvador
Publicado por: Rubén Quast La información es de: Deutsche Welle
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Activistas salvadore√Īos denuncian el v√≠nculo entre pol√≠ticos y grupos del crimen organizado, cuestionando la estrategia de criminalizaci√≥n de las pandillas, lo que impide trabajar en la prevenci√≥n.

La violencia es un problema com√ļn en El Salvador, Honduras y Guatemala y las pandillas son los grupos que m√°s temen los habitantes de los tres pa√≠ses. El gobierno de El Salvador anunci√≥ hace unos d√≠as un plan para aplicar mano dura a las pandillas, tipificadas como organizaciones terroristas por la justicia salvadore√Īa.

“Hay un resentimiento grande entre la sociedad civil salvadore√Īa hacia las pandillas por sus acciones”. Los miembros de las llamadas maras, como se conoce a las pandillas criminales de Centroam√©rica, se enfrentan entre ellos por el control territorial y han hecho de la violencia su modo de vida.

Estos j√≥venes, seg√ļn datos oficiales unos 60 000, con unos 13.000 de ellos en las c√°rceles, han sido muchos reclutados por el crimen organizado y sobreviven de cualquier actividad il√≠cita, desde el secuestro y la extorsi√≥n, hasta el robo y la trata de personas.

“Ejercen mucha violencia contra la poblaci√≥n, pero tambi√©n son j√≥venes que han sido violentados”, afirma un joven psic√≥logo salvadore√Īo que prefiere el anonimato bajo el pseud√≥nimo de Alejandro. El psic√≥logo hace labor social con los miembros de una de las grandes maras, pero eso no lo sabe ni su familia. Su actividad, como las maras mismas, est√° penalizada.

Sin prevención no se resuelve el problema

“Es muy dif√≠cil superar este problema a trav√©s de la represi√≥n como √ļnica v√≠a. El Salvador debi√≥ haber comenzado a invertir en la ni√Īez y la juventud desde hace por lo menos quince a√Īos para restablecer el tejido social, que es lo que permitir√° solucionar este problema”, dice Alejandro.

Aunque el grueso de los j√≥venes que integran estas pandillas es de entre 15 y 25 a√Īos de edad, tambi√©n hay ni√Īos de 10 y 12 a√Īos que ya llevan tres muertos en sus espaldas, seg√ļn Alejandro, lo que demuestra la dimensi√≥n del problema. “Son los j√≥venes de entre 15 y 25 a√Īos los que corren m√°s peligro, son los j√≥venes que est√°n muriendo v√≠ctimas de la autoridad o de los pandilleros”.

El psic√≥logo advierte que el pa√≠s vive una situaci√≥n de inseguridad insostenible, con unos 11 muertos diarios. “Algunos d√≠as llega a haber entre 40 y 50 homicidios. Es algo que a cualquiera le pone los pelos de punta”.

Aunque el activista destaca que la estrategia del Estado requiere un componente represivo para controlar la situaci√≥n, debe estar acompa√Īado del respeto a los derechos humanos de los detenidos por parte de los cuerpos de seguridad, as√≠ como de programas de prevenci√≥n efectivos, que no hay.

Eso se debe a las leyes que criminalizan tambi√©n a quienes se acercan a las maras para hacer trabajo social. “Ya ha habido una persecuci√≥n y vigilancia a personas que trabajan con las pandillas, pues son considerados c√≥mplices, la ley proh√≠be acercarse a las maras. El Estado no ha ofrecido una respuesta, pero tampoco permite que otros se ocupen del problema”.

El Salvador, sumido a√ļn en la pobreza

Por su parte, Jos√© Santos Guevara, director de la Asociaci√≥n de Comunidades Unidas del Bajo Lempa, en el este del pa√≠s, recuerda que la actual situaci√≥n se deriva de una guerra de 12 a√Īos, pero la pobreza y la marginaci√≥n ya la viv√≠an campesinos y pobladores rurales antes del conflicto.

Muchos campesinos emigraron a las ciudades y surgieron as√≠ numerosos asentamientos marginales a orillas de los r√≠os. Las pandillas, que tuvieron su origen en Los √Āngeles con el objetivo de protegerse del hostigamiento de otros grupos de inmigrantes, al ser deportados de Estados Unidos volvieron a El Salvador sin saber otra cosa que la pr√°ctica de la violencia.

“Un grupo no muy grande inicialmente, ha ido aglutinando a otros j√≥venes que sufren desintegraci√≥n familiar y marginaci√≥n en estas zonas pobres, que no han encontrado oportunidades”, explica Santos Guevara.

Los activistas sostienen que la violencia es un efecto de la injusticia social y la pobreza extrema que vive el país, que se manifiesta en la falta de oportunidades para la gente, sobre todo la de escasos recursos, un 80% de la población de 7 millones.

La corrupción se beneficia de la violencia

Aunque la violencia que vive El Salvador se traduce en una limitante para la población que no puede hacer libremente su trabajo, beneficia a la corrupción extendida en la clase política y empresarial. Es el otro lado de la moneda.

“Tres expresidentes est√°n siendo investigados por actos de corrupci√≥n en los que est√°n involucrados cientos de millones de d√≥lares”, subraya Santos Guevara.

El activista enumera los casos conocidos: “el ya fallecido Francisco Flores (1999-2004, de la derechista Alianza Republicana Nacionalista -ARENA), El√≠as Antonio Saca (2004-2009, ARENA) y el izquierdista Mauricio Funes (2009-2014, Frente Farabundo Mart√≠ para la Liberaci√≥n Nacional), que est√° exiliado en Nicaragua”, explica.

A lo anterior, destaca que también hay otros casos, como el del ex embajador de El Salvador en Alemania, el ex militar José Atilio Benítez, investigado por tener vínculos con el crimen organizado al que vendió armas.

“Es fundamental un cambio de visi√≥n en los quienes nos gobiernan y para ello es importante la presi√≥n de la comunidad internacional, de los gobiernos como el de Alemania que destinan a El Salvador recursos en el rubro de cooperaci√≥n al desarrollo, para que las pol√≠ticas atiendan las necesidades de las mayor√≠as”.

Alejandro, que trabaja con los j√≥venes de las maras a√Īade: “Tenemos gente en la pol√≠tica con mucho poder econ√≥mico, que tiene v√≠nculos con el crimen organizado. A ellos les conviene que la situaci√≥n de inseguridad que tenemos en el pa√≠s se mantenga, porque de eso gana el crimen organizado y ellos son una fuerza invisible que tiene secuestrado a El Salvador”.

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