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Pamela Villalba, actriz y médica veterinaria, comparte en entrevista con BioBioChile su motivación para cambiar de profesión y la importancia de escucharse a uno mismo. Anima a quienes desean estudiar una segunda carrera a seguir sus sueños sin importar la edad ni las limitaciones económicas.
Cuando tenía 17 años, Pamela Villalba, eligió la actuación como su profesión. Así que, tras su debut en el mundo de las teleseries, se desempeñó por varios años como actriz, aunque en su interior sabía que tenía una situación que resolver: estudiar medicina veterinaria.
En la entrevista con BioBioChile, la actriz y también médica veterinaria revela qué la motivó a cambiar de profesión y la necesidad de escucharse a uno mismo.
Villalba relata que en contados momentos da consejos de vida, pero que respecto a la posibilidad de estudiar una segunda carrera, la veterinaria es enfática en su opinión. “Me he encontrado con hartas mujeres en el transcurso de mi vida, que tenían ganas de estudiar siendo mayores, entre comillas”, afirma Villalba. “Y yo a muchas de ellas les decía que se la jugaran”, destaca.
“A algunas les decía: ‘Si siempre quisiste estudiar esto y sentiste que fue tu pasión o, por último, tenías ganas de probar o de incursionar, hazlo, juégatela"”.
“Si tienes un sueño, tienes que cumplirlo y que no haya límites de edad ni menos por motivos económicos”, remarca. “La vida es un respiro y, si no estamos cumpliendo un sueño, estamos mal”, reflexiona.
En ese sentido, Pamela, cuando tenía 7 años, sabía que quería ser actriz y veterinaria, ambos sueños que finalmente pudo cumplir cuando tenía más de 40. “En ese momento de mi vida, con 17 años, elegí la actuación”, remarca a BioBioChile. “Me fue muy bien como actriz; además, yo encontré al amor de mi vida, que es el Remigio Remedy [con quien lleva 27 años de relación], con quien tuvimos hijos, que son los amores de mi vida [la pareja crió a Lorenzo y Daniel, hijos de una relación pasada de Remedy; a Luna, de una relación anterior de Villalba, y después la pareja tuvo dos hijos en común: Amaranta y Kai]”.
“Él fue el papá de mi hija mayor, que es el amor de mi vida y es el mejor abuelo de nuestros nietos”. “Y todo eso fue gracias a esa etapa que fue la actuación”, complementa.
“Para mí, la vida también es un camino que uno va transitando”, piensa Villalba. “Pero había un Pepe Grillo que me decía en mi cabeza que tenía que cumplir como veterinaria”, cuenta la actriz a BBCL. “Y en un momento me dije que en la próxima vida yo voy a ser médico veterinario y después dije en un momento de incredulidad en la madrugada, cuando uno se despierta y aparecen los fantasmas, me dije: ´Chuta, ¿y si no hay una próxima vida?”. “Me puse a estudiar en un momento en que ya estaba grande, no tenía lucas e incluso vendí una casa; como que hice hartos amagues económicos y conté también con la ayuda de mi santa madre. Así me puse a estudiar medicina veterinaria”, agrega Pamela.
“Había que darle con tuti”
Al respecto, Villalba explica que terminó especializándose con los años en manejo del dolor, en uso de anestesia o también realizando cursos de flores de Bach, de gastroenterología, neurología y endocrinología animal, resume la profesional a nuestro sitio web.
Según el recuerdo de Pamela, estudiar la carrera despertó en ella un impulso parecido al de un caballo de carrera. “Pensaba que tenía que producir, porque también tengo un familión”, detalla a BBCL.
No obstante, hay una historia que rescata, que le contó su hija mayor Luna, que le dijo que una vez la vio levantada de madrugada, estudiando con uno de sus gatos en la falda, mientras se calentaba con una estufa a parafina. “Yo saqué la carrera en cuatro años y medio, porque no podía darme el lujo de atrasarme si encontraba que estaba pasada”, afirma convencida.
También Pamela reconoce que en su caso, Remigio ha sido un gran apoyo en su vida, en especial, en su regreso a las aulas universitarias. “Muchas veces se quedaba en la casa, dándole de comer a los cabros cuando eran más chicos”, explica Pamela. “Él me iba a buscar al metro, cuando yo volvía de la universidad a las 12 de la noche”, recalca.
Aunque la veterinaria cree que para lograrlo, tampoco sea necesario contar con una pareja, “pues yo lo podría haber hecho igual, porque había que darle con tuti”, expresa con seguridad. “De que se puede hacer sin pareja, se puede”, detalla. “Yo tuve la suerte y me saco el sombrero y le agradezco a mi compañero porque me la hizo un poco más liviana”, indica.
Por otro lado, Pamela se toma tiempo para hilvanar la siguiente idea: “Creo que de alguna manera, yo he sido como bien cabrona en eso, en que las familias tienen que funcionar como equipo, donde no hay roles femeninos o masculinos”.
“Todos somos un poco así, una familia bastante disfuncional para la gente normal, pero que funcionamos bacanes, si no estoy yo, el Remi lava la loza, también los cabros se turnan para hacer aseo y así”.
“Vivimos muy poco”
“Yo creo que Marparaíso fue una teleserie importante en mi vida, lo pasé muy bien y fue el momento que quizás más atesoro”, comenta Villalba a BBCL. “En la teleserie hacía de pareja de Remigio, sin ser pololos ni nada. Si bien nos habíamos conocido un poco antes, ahí empezamos a formar un lazo”, agrega la actriz.
Cabe mencionar que Villalba interpretó a Valeria, una profesora de aeróbica que sufría de anorexia nerviosa, un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) que era escasamente abordado en las producciones nacionales de la época.
También consultada si volvería a grabar una ficción, Pamela afirma que hace menos de un mes abrió su propia clínica veterinaria, junto a su socia Aritza Gurruchaga de Cergatos Chile, que bautizó como Villalvet, por lo que ahora tiene los tiempos bastante acotados. “Es que para participar tendría que estar al 100%, entonces yo tendría que no estar disponible en la clínica ciertos días”.
“La verdad, yo amo lo que estoy haciendo, lo amo, o sea, yo estoy haciendo una ayuda social importantísima. No solo en la clínica, sino que he trabajado con las tomas más vulnerables que ha tenido Chile”, responde Pamela. “Lo que sí me interesa es aprovechar ahora que tenemos nuestra clínica con el Remi para poder usar el espacio y quizás hacer programas de televisión. Está ahí el espacio, además que es un espacio grande”, afirma.
Con referencia a su día a día, Pamela dice que recibe la ayuda de Remigio y su hija en común, Amaranta, que estudia medicina veterinaria, que ya está en los últimos años, “pero no está trabajando como médico en la clínica, obviamente, hasta que no esté titulada, pero apoya en la recepción varios días”, afirma Villalba.
Finalmente, Pamela expresa su alegría por elegir el camino de la medicina veterinaria. “Nadie puede pasar la vida sin hacer lo que cree que tiene que hacer. Y si se equivoca, se equivoca, si tampoco es tan grave, si vivimos muy poco. Somos un grano de arena en un universo eterno. Vivimos muy poco”.
Para explicar el sentimiento que la embarga, Pamela Villalba dice que ejercer como veterinaria es una pasión. “Hay un placer en uno, se siente como si el día fuera más brillante”, reflexiona.
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