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Pancho Saavedra, reconocido rostro de Canal 13 gracias a 14 temporadas de "Lugares que hablan", se ha convertido en un puente entre las realidades olvidadas de Chile y quienes pueden cambiarlas. Su cercanía con autoridades le ha permitido intervenir en casos invisibles, como el de una señora esperando años por una operación. Saavedra reflexiona sobre el centralismo, la importancia de no romantizar la pobreza en TV y los desafíos de exponer su vida privada. Reconoce errores públicos, como polémicas en redes sociales, y habla sobre su rehabilitación de adicciones. Destaca la importancia del respeto en su amistad con Jorge Zabaleta y Pedro Ruminot. Se muestra orgulloso de su trabajo en televisión, resaltando la relevancia social. Reconoce la falta de atención a la ruralidad y los desafíos del país.
Catorce temporadas de “Lugares que hablan” han convertido a Pancho Saavedra en uno de los rostros más reconocidos de Canal 13. Más que un conductor de televisión, se ha transformado en un puente entre las realidades olvidadas de Chile y quienes tienen el poder de cambiarlas.
Pero Saavedra también ha debido enfrentar sus propias batallas personales. Desde episodios de adicción que superó por voluntad propia hasta polémicas en redes sociales que lo llevaron a pedir disculpas al entonces candidato presidencial José Antonio Kast. Hoy, reflexiona sobre el centralismo que ahoga al país, la importancia de no romantizar la pobreza en televisión y los desafíos de exponer su vida privada en un medio público.
El Chile que la televisión muestra
—Con 14 temporadas de “Lugares que hablan”, ¿hay alguna historia que nunca mostraste en televisión y que todavía recuerdes?
Absolutamente. Yo creo que hay cosas que son bien bonitas que permite este programa. Tuve una muy buena relación con el presidente Piñera, la presidenta Bachelet y el presidente Boric, porque me permitieron poder comunicarme directo con los ministros, con los subsecretarios. Y de repente, lo que yo siempre he dicho es que el recorrer Chile te permite ser un puente también para mostrar algunas realidades que quizás a veces los políticos no ven. Porque uno llega a rincones muy apartados y, cuando la gente tiene la generosidad de contarte su historia, si tú puedes hacer algo por cambiar un poco esa realidad, me parece bacán.
Yo me acuerdo de que una vez llegamos a un lugar donde había una señora que tenía su brazo chueco, absolutamente chueco, porque había tenido una caída cosechando sus lechugas. Ella llevaba cuatro años esperando una operación y yo tuve la posibilidad de decirle: “Señora, páseme su carnet” y se lo mandé al ministro (Enrique) Paris. Una semana después, la señora estaba operada. Entonces, claro, eso te habla de dos cosas. Te habla de alguna forma de por qué tengo que venir yo a mandarle el carnet. Te habla también de una realidad que es descarnada, porque hay mucha gente que es invisibilizada en los rincones del país. Y la salud es muy desigual. Pero también esto tiene que ver con que es lindo tener un propósito. Y cuando podía ayudar en eso, me parece la raja. Yo creo que todas esas situaciones de ayuda han sido muy bacanes, historias muy lindas.
—¿Hay algo que hayas descubierto sobre Chile y que te preocupe?
Absolutamente. Yo creo que la ruralidad está muy abandonada hoy día. Me preocupa mucho, por ejemplo, que Iansa le haya cortado los contratos de la remolacha a sus productores porque van a quedar muchas personas cesantes; hay muchas personas que no alcanzaron, que les dieron el aviso encima y que no alcanzaron a reinventarse en el mundo de la agricultura. Va a llegar el azúcar de otros países y se va a terminar nuestra azúcar, que es mucho más pura, la que viene de la remolacha, los derivados como la chancaca, por ejemplo. Por lo tanto, eso me parece que es una situación supergrave que se está viviendo con los agricultores y me parece muy difícil.
Siento que la ruralidad está muy abandonada. Yo siento que los lugares extremos, la educación… Mira, hay pueblos que uno dice que envejecen, hay lugares que uno dice que envejecen. ¿Por qué de repente tú ves que hay un colegio con ocho niños que llegan hasta octavo básico y que después tienen que irse a la ciudad para poder estudiar? Entonces tú dices, les cortas las alas del arraigo a las personas porque esas personas quisieran estar en su tierra, vivir en su tierra y forzosamente las mandan a otros lugares a estudiar. A veces algunos vuelven, pero otras veces no.
—¿Cuáles crees tú que son las claves para combatir el centralismo, especialmente en las zonas más alejadas del país?
Hay mucho asiento de cuero con aire acondicionado. Yo creo que hay una falta muy profunda de destinar a veces gente competente que sea capaz de transmitir las distintas realidades a las autoridades centrales para que puedan hacer algo y un cambio de fondo. Eso es lo que yo creo.
Yo creo que el centralismo es bien descarnado y la gente entiende que el 70% de Chile es la región; el 70% de Chile no tiene que ver con Santiago y por eso el centralismo a veces viene tan dañado.
La sociedad con Jorge Zabaleta
—Tú con Jorge Zabaleta y el Pedro Ruminot son prácticamente ya una marca. ¿Han tenido alguna discusión que haya puesto en riesgo el programa?
Nunca. Nosotros nos queremos, nos respetamos, tenemos diferencias de contenido, editoriales, pero poner en riesgo el programa no, porque creo que la base de la amistad es honesta. Acá nosotros nos hablamos las cosas, nos gritamos las cosas en la cara, pero siempre desde el respeto. Acá hay mucho respeto y hay honestidad.
Yo creo que eso hace que nosotros tengamos esta relación que nació en la pandemia con live de “Los Socios”. El único que se bajó por decisión propia fue Stefan Kramer. Si Estefan hubiese decidido no bajarse, seguiríamos con él. Entonces yo creo que la base es la amistad y el cariño genuino que nos tenemos. Cuando tú me dices: “Oye, ¿quiénes son tus amigos en la televisión?” Jorge, Pedro y la Begoña Basauri. Son mis tres amigos. Pero están Jorge y Pedro siempre, siempre. Los quiero mucho y son partners y son consejeros y son las personas a las que tú les cuentas tus secretos y todo y que te aconsejan desde sus vidas reales, no de las vidas televisivas.
—En el 13, tú ahora eres uno de los rostros más reconocidos, estuviste en Viña incluso. ¿Tienes algo pendiente en la televisión o sientes que cumpliste los sueños que tenías desde cuando empezaste?
Yo honestamente siento que he cumplido varios hitos importantes en mi carrera y honestamente siento que estoy muy feliz con los pasos que he dado. Ha habido aciertos, ha habido errores, pero todo suma; al final, todo es experiencia.
Hoy día siento que estoy haciendo algo que me llena, de lo que me siento orgulloso. Esta no es una televisión que humilla, esta es una televisión que releva la historia de las personas, la radiografía social de Chile.
Yo nunca voy a romantizar la pobreza ni las carencias, porque eso creo que es un gran defecto que tiene la televisión, que romantiza a veces esas situaciones y le saca el punto a la jeringa para hablar de cosas que son absolutamente reales y profundas como la desigualdad. Yo me siento orgulloso de hacer “Lugares que Hablan”, de entregar a las personas “Socios por Chile”, “Socios por el Mundo”.
Errores públicos y aprendizajes
—También has contado varias cosas de tu vida pública. En todos estos años, ¿hay algo de lo que te hayas arrepentido de haber contado en público?
No, yo creo que a veces, de repente, a lo mejor no repetir algunas historias que me han ocurrido en la vida, como que siento que uno tiene que hablar menos, como que no tiene por qué opinar de todo. Un poco lo que te pasa cuando tienes Twitter: te crees con el derecho a opinar de todo y de repente a agredir, incluso a las personas.
Yo tuve una historia bien especial que me pasó con el presidente Kast en algún momento, que lo traté muy mal a través de Twitter y que yo sentí que la había cagado profundamente porque yo no tengo por qué agredir con un vocabulario, por decirlo de alguna forma, a nadie, ni al presidente, ni a una persona humilde, ni a nadie. Yo de repente soy bien chispita y a los weones que responden en Instagram para andar agrediéndote o cuando te tiran mala onda, a mí me importa un comino y yo soy bien incorrecto en eso. Pero siento que en ese momento yo me metí en una situación en la que no me tenía que meter y nosotros tuvimos una conversación con el señor Kast y nos dimos la mano y yo le pedí disculpas.
Siento que cuando uno la caga tiene que pedir disculpas y yo creo que eso es lo que hace falta también un poquito. Uno puede dar opiniones, pero desde el respeto, y eso es lo que le falta un poco a la política. Y nada, o sea, sí hay situaciones con las que yo nunca voy a estar de acuerdo y uno puede tener intercambios de ideas, maravilloso tener intercambios de ideas, pero yo creo que uno tiene que ser un poco más cuidadoso.
Yo creo que me arrepiento de repente de hablar de temas políticos, aunque creo que es importante tener una visión porque creo que uno, como comunicador, también no le puede sacar el poto a la jeringa de algunas cosas, pero no tienes que hablar de todo. Pero siento que a veces he sido un poco repetitivo en algunas historias y que puede que de repente alguien te critique, pero yo me di cuenta de que el “hater” no existe, es una ficción, es un 2% de Chile y nada más, porque gente en la calle entrega más cariño que la cresta.
A mí me ha rescatado el público en la calle, no el público en las redes sociales, el público de la calle. Ellos son los que siempre me han mantenido firme, en pie y que de repente, cuando te dan ganas de tirar la esponja o por cualquier situación que has vivido alguna polémica o algo, ahí está la gente que te respalda. Y tú dices al final: “La gente es la que me importa”, porque ellos son los que te pagan el sueldo; ellos son los que han logrado que tú tengas un programa.
—¿Ese porcentaje bajo de haters que dices tú, que están en redes sociales, de alguna manera igual pueden llegar a herirte a veces con sus comentarios?
Yo creo que cuando los comentarios son desde la crítica constructiva, uno los escucha. Evidentemente, uno no es perfecto, pero no, el hater, ya uno como que ha ido aprendiendo con el tiempo que hay desde granjas hasta gente que tiene una amargura gigantesca en sus vidas y que a lo mejor están pasando un mal momento y, por último, uno no puede ser moneda de oro para todos. Oye, y si te encuentran feo, uno aprende; cuando hay una grosería, cuando hay un ataque, aprende a no leerlo, corta, da lo mismo. Ya uno con el año también va madurando y va creciendo.
—Y justamente hablando de madurar, si te encuentras con el Pancho Saavedra de hace 20 años, el de Alfombra Roja, en sus inicios, ¿qué le advertirías que no hiciera?
Yo creo que todos lo hemos vivido en la vida es importante y es supermalo arrepentirse, incluso los episodios más duros, como cuando he reconocido el tema de alguna adicción en algún momento y cosas así. Son temas de los que tú tienes que ver cómo saliste o cómo caíste en la mierda, o cómo te levantaste de estar cinco años en Dicom. O sea, uno se tiene que sentir orgulloso de los procesos, aunque hayan sido dolorosos.
Yo leí algunos comentarios y las personas decían mucho: “Oye, no puede ser, seis meses y la gente no se rehabilita así como con fuerza y voluntad”, y yo creo que sí, yo creo que fui un ejemplo, no fui el único, y soy un testimonio de que alguien puede hacerlo con mucha fuerza y voluntad, pero entiendo que para eso existen médicos, centros de rehabilitación y personas que están metidas mucho más profundamente que yo. Lo mío fue una weá de estudiante y por eso no me siento orgulloso, pero fue un proceso de la vida que decidí en algún momento compartirlo. Es tu vida y yo me siento orgulloso de los errores, de los no errores, de los aciertos, y no voy a estar llorando sobre la leche derramada.
—¿Cómo imaginas esas conversaciones con tus hijos cuando ellos vean eso en Internet?
Yo creo que hay que decirles a tus hijos. Ellos tienen que entender. Me acompañan a grabar “Lugares que Hablan”, por lo tanto empiezan como a dimensionar que yo soy una persona que trabaja en un medio público y cuando sea el momento les diré: ‘Hijo, esto es lo que pasó, el papá la supercagó y ustedes espero que no pasen por esto, porque ya para cagarla la cagué yo"”. ¿Me entiendes? Porque es un riesgo caer en alguna adicción; es un riesgo porque uno se puede ir a la cresta en vida.
Uno trabaja y se desloma, y es por tu hijo, por entregarles mejores oportunidades de vida a ellos.
Proyectos y balance personal
—Te ha hecho falta tiempo para estar en la casa? Porque imagino que tú viajas mucho
Gracias a Dios tengo una familia muy unida, tenemos una relación familiar muy buena, me saco el sombrero por Coke, un tremendo papá, pero mi realidad no es la realidad distinta a la de nadie, o sea, cualquiera tiene que trabajar de domingo a domingo si no tiene la vida solucionada; no puede llegar al Caribe cada fin de semana. ¿Me cachas? Si la vida no es así, la vida es con trabajo, la vida es con sacrificio.
Entonces uno al final tiene que entender que lo tuyo no es distinto a lo de otro. No puedo andar llorando. Hay gente que se tiene que levantar a las 5 de la mañana, tomar un bus, tomar el metro, llegar a su trabajo. Hay gente que trabaja puertas adentro, que no ve a su hijo en cinco días. Entonces no puedo victimizarme ni sentirme especial. Yo honestamente creo que es lo que le toca a cualquier persona. Mis papás trabajaron domingo a domingo; mi mamá atendía una carnicería, mi papá era camionero. Así es la vida y espero que los hijos aprendan que en la vida las cosas solo se consiguen trabajando.
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