Marco Moreno analiza los recientes sucesos polémicos que han marcado al Gobierno, señalando que su proceso de instalación aún no termina de consolidarse, en medio de la salida de autoridades y diversos impasses internos. Además, aborda el carácter “performático” de la Operación Cancerbero y advierte que la ciudadanía evaluará al Ejecutivo en función de sus resultados concretos, especialmente en materia de seguridad. En conversación con este medio, el analista entrega un diagnóstico sobre las situaciones que han marcado la última semana del Gobierno.
“La instalación no termina de consolidarse”. Ese es uno de los diagnósticos que plantea el decano de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central de Chile, Marco Moreno, quien analiza las recientes salidas de autoridades —entre ministros y seremis—, así como diversos episodios que evidencian una falta de coordinación interna.
A su juicio, más que simples fallas comunicacionales, existiría un “déficit de centro de gobierno”, con decisiones tomadas de manera compartimentada entre distintos ministerios.
En paralelo, dice que la Operación Cancerbero ha causado una comunicación “performática” del Estado, basada en imágenes de autoridad, cuyo éxito dependerá de que se traduzca en resultados concretos en materia de seguridad.
Finalmente, sostiene que estas dificultades pueden afectar la confianza y aprobación del Ejecutivo, ya que la ciudadanía evalúa a los gobiernos principalmente por sus resultados y no por la cantidad de leyes aprobadas o el despliegue comunicacional de sus medidas.
En conversación con BioBioChile, Moreno se refiere a las señales y la imagen que está representando el gobierno en medio de todas estas polémicas.
Una instalación inconclusa
—Ya son bastantes las salidas de autoridades desde La Moneda en apenas cinco meses de gobierno. ¿Qué señala esto?
Probablemente estamos viendo que aún la etapa de instalación no termina de consolidarse. Pensábamos que, como el gobierno lo había dicho, lo que tiene que ver con la puesta en marcha de su equipo había quedado definida cuando se hizo el primer cambio de gabinete a los 70 días instalado el gobierno, y que a partir de ese momento comenzaba una segunda etapa donde quedaba atrás la instalación y comenzaba la etapa de implementación de la gestión del gobierno, centrada fundamentalmente en la tramitación de la megarreforma.
Pero el caso de la salida de algunos seremis, entre medio de lo que pasó con el exsubsecretario Juan Pablo Rodríguez por el test positivo de droga que generó un ruido político, sumado ahora a la salida de la exministra de Deporte, Natalia Duco, muestra que pareciera ser que esa etapa de instalación aún no termina de cerrarse completamente.
Y estamos viendo algunas dificultades porque, mientras el gobierno avanza en la tramitación legislativa de sus proyectos y obtiene alguna victoria en ese plano legislativo, el equipo de gobierno central y a nivel de las regiones, donde los seremis son actores relevantes, no termina de consolidarse.
En las regiones, los seremis sí son importantes. Entonces, esa estructura territorial expresada en los seremis, la estructura de gobierno expresada en los Secretarios Regionales Ministeriales, no termina de consolidarse y, por lo tanto, no se puede cerrar esta etapa de instalación a casi ya seis meses de que el gobierno se hizo cargo de sus funciones.
—El impasse entre el ministro Quiroz y Alvarado por el requerimiento del TC generó un fuerte ruido. Alvarado dijo no saber de la decisión y Quiroz señaló que no es su obligación tener que informar a cada persona. ¿Qué revela esto sobre la cohesión interna del gobierno?
Esa situación que reveló el ministro Alvarado no fue un invento de los medios de comunicación, sino que él lo dijo con mucha claridad, y creo que muestra algo más profundo que un problema de comunicación, como se ha intentado instalar. De hecho, el presidente dijo: “Ya, resolvimos el tema, damos vuelta a la página”, pero en realidad, cuando una decisión relevante avanza dentro del gobierno y el ministro del Interior se entera después, no basta con decir que a alguien se le pasó tomar el teléfono, como él lo señaló.
Yo creo que aquí estamos en presencia de una falla en la arquitectura de cómo se toman y coordinan las decisiones, y eso puede estar hablando de una centralización de las decisiones, pero sin coordinación.
O sea, se toman decisiones centralmente, pero no hay una coordinación. Un gobierno con fuerte conducción presidencial como este, pero donde el Ministerio de Hacienda, la Segpres, Interior y los ministerios sectoriales parecen operar por circuitos que no siempre convergen antes de que una decisión se haga pública.
Yo a esto lo definiría como una especie de lógica de funcionamiento en silos, como esos donde se guarda el chivo en el campo, esos tubos largos que hay en el sur. Lo que estamos observando es una suerte de estructura, una lógica de silos donde las decisiones se están tomando en forma un poco compartimentalizada.
Entonces, lo que estamos viendo es la falta de un centro de gobierno. No solo quiere decir esto donde esté la figura presidencial, sino alguien que articule las decisiones que se tomen y se pongan en marcha antes de que se den a conocer como políticas públicas.
Hay varios centros decisionales. Lo que estamos mostrando es que La Moneda funciona mediante circuitos decisionales paralelos. Porque de otra manera uno se pregunta: ¿Cómo el ministro del Interior no sabe de esta decisión? ¿Dónde se tomó esta decisión? ¿Quién tomó esta decisión? ¿Por qué no estaba el ministro? Entonces hay una fragmentación de las decisiones que dificulta y que de alguna manera puede estar mostrando un gobierno con varios centros decisionales.
Operación Cancerbero: “Hay una comunicación performática del Estado”
—La oposición criticó la Operación Cancerbero como un “show”, un “espectáculo”. Hubo transmisión en vivo, música, cámaras, todo un despliegue. ¿Fue buena la estrategia comunicacional del gobierno?
Lo interesante de esta Operación Cancerbero es que el gobierno no está comunicando simplemente una política penitenciaria, está convirtiendo una operación estatal en una demostración pública de autoridad.
Hay una comunicación, podríamos decir, performática del Estado. La policía, gendarmes, tecnología construyen una imagen muy sencilla de que el Estado vuelve a tener el control, y eso dialoga bien con lo que es la principal ventaja política del gobierno. Pero hay un riesgo, porque el riesgo para el gobierno sería que la espectacularidad de la operación termine siendo mayor que sus efectos penitenciarios.
O sea, las expectativas que tú instalas con esto, el problema estaría controlado, y esa sensación es la que se transmite desde el punto de vista de la comunicación, pero pueden pasar los días y la gente se comienza a dar cuenta de que esto era un poco solo performático, solo de espectacularidad de una operación, pero que no logra concretarse en medidas concretas, que la gente perciba que se siente más segura.
Por lo tanto, además tiene un cierto aire bukeleano, como se ha dicho, por la manera en que se comunicó. Pero el problema es que esto sea sostenible en el tiempo y esta es la duda que queda: ¿esto va a ser sostenible? ¿Esto se va a expresar en que mejoren las condiciones de seguridad? Y eso no queda tan claro que vaya a ser así.
“Yo creo que todos estos episodios van más allá de una simple descoordinación comunicacional”
—Considerando lo ocurrido con la ministra Chomali, las diferencias entre Quiroz y Alvarado, la salida de Duco, todo en una sola semana. ¿Qué imagen está representando el gobierno frente a todos estos impasses?
Yo creo que todos estos episodios van más allá de una simple descoordinación comunicacional. Yo no lo reduciría solamente a lo comunicacional.
Yo creo que el problema no estaría en que las decisiones no se comunican, sino en cómo se está organizando el proceso a través del cual las decisiones se producen. Porque vemos ministros hablando, el caso de la ministra Chomali y otras autoridades que hablan, pero sin mucha coordinación. Aquí lo que estamos viendo no es solamente un problema de comunicación, sino la dificultad que estamos observando.
Más que una falla de comunicación, puede haber una falla de arquitectura decisional de cómo se toman y se comunican las decisiones. Primero hay que tomar las decisiones y después comunicarlas.
Por eso es que la ministra Chomali, por eso es que otros ministros sectoriales salen a decir o a plantear puntos, pero que no están debidamente articulados. No es que digan cosas distintas. Lo que pasa es que no hay una coordinación respecto de lo que son los elementos centrales.
Los gobiernos necesitan de esta coordinación. Y probablemente lo que estamos observando es que la pregunta es dónde está ubicado el centro de decisiones políticas del gobierno y quién tiene responsabilidad de integrar las decisiones sectoriales —salud, vivienda, etc.— antes de que se transformen en decisiones que se comunican.
Por eso decía, yo utilizaría el déficit de centro. Hay un déficit de centro de gobierno. Y el centro de gobierno no es solamente el lugar donde está el presidente, sino que es el conjunto de mecanismos que permite priorizar, coordinar, arbitrar conflictos y asegurar coherencia entre los ministerios. Eso es lo que está faltando. Siento que en todos estos hechos lo que tienen en común es justamente ese elemento.
—Esta falta de coordinación, ¿podría derivar en falta de confianza dentro del gobierno o ya existe?
Cuando las acciones del gobierno no se articulan bien, no logran generar resultados. Y resultados es la palabra que define a un gobierno. La gente no evalúa leyes. ¿El gobierno aprobó la megarreforma? Sí, pero la gente no evalúa un gobierno por cuántos artículos aprobó, por cuántas leyes aprobó; lo evalúa por sus resultados.
Entonces, la agenda pública, la Operación Cancerbero, todo eso requiere de resultados y no solamente las imágenes que se proyectan. Que los ministros estén articulados en lo que están planteando y no se desalineen respecto a lo que son los temas que le importan al gobierno, también forma parte de eso.
Entonces, la caída en los niveles de aprobación es cuando la gente siente que se hacen cosas, pero que estas cosas no están generando resultados. Y eso es lo que evalúa la gente: resultados.
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