Las lluvias torrenciales que han azotado el Norte Chico de Chile han dejado imágenes de quebradas desbordadas, viviendas inundadas y familias evacuadas. Pero, ¡atención!, porque esto podría persistir.
Lejos de ser un evento impredecible o excepcional, el fenómeno de El Niño forma parte de un ciclo climático que Chile ha experimentado durante al menos 2 mil años, pero que sistemáticamente parece tomarnos por sorpresa.
Yerko Vilina es biólogo, especializado en ecología de aves y humedales, que ha dedicado décadas al estudio de los efectos del fenómeno de El Niño en los ecosistemas chilenos. Desde el intenso episodio de 1982-1983, que marcó su carrera científica, Vilina ha seguido de cerca cada manifestación de este ciclo natural.
A punto de partir a Magallanes para establecerse en una isla remota por dos meses para estudiar las aves y especies australes, el investigador compartió su visión sobre un fenómeno que, aunque predecible, continúa exponiendo las debilidades de nuestra planificación territorial y gestión de riesgos.
Un ciclo milenario que siempre vuelve
—El fenómeno de El Niño parece sorprendernos cada vez que ocurre. ¿Es realmente algo impredecible?
No, no, es un fenómeno sumamente normal en el sentido de que es capaz de ser predicho. No se puede decir cuándo exactamente, pero registros del fenómeno de El Niño hay de más o menos 2.500 años. Y es probable que los últimos registros hechos por geomorfólogos y geólogos lo lleven aún más atrás, unos 5.000 años. Viene con nosotros. Yo, de hecho, lo espero. Espero tres, cinco años, y cuando ocurre, yo sé que es terrible para algunos, pero es mi motivo de estudio. Mi interés comenzó con el evento del 82-83, que fue muy fuerte. Justo me encontraba haciendo mi tesis sobre el ciclo reproductivo de los patos en el altiplano, y esperaba una cierta conducta reproductiva que no ocurrió. Cuando me puse a tratar de entender por qué los patos habían cambiado su ciclo reproductivo, empecé a asociarlo con las lluvias, y las lluvias con el fenómeno de El Niño. Ese evento fue tan intenso que la pesquería peruana se fue abajo. Todavía no se recupera. A la chilena también le pegó, pero no tan fuerte.
—¿Cómo se produce exactamente el fenómeno de El Niño? ¿Qué lo desencadena?
Se supone que tiene que ver con un cambio en el ángulo de la rotación de la Tierra frente al Sol, un leve cambio. Ese leve cambio generaría cambios en la dirección y en la intensidad de los vientos, que a su vez generan un cambio en el océano. Lo explico de manera simple: es como si tuvieras una tina, que representa la cuenca del Pacífico. Tienes ventiladores que son los vientos soplando hacia un lugar, en este caso desde nosotros hacia Australia. De repente, esos vientos paran, entonces, grandes masas de aguas cálidas que vienen desde el trópico y subtrópico entran a las costas de Chile y Perú, porque cesaron los vientos que las empujan al poniente. Es un fenómeno atmosférico y oceanográfico. Cuando esas masas de agua con dos o tres grados de temperatura mayor llegan, se produce mayor evaporación y entonces mayor cantidad de lluvias. A veces la intensidad de El Niño puede ser muy alta o muy baja y no sentirse. Todo indica que este Niño nos va a golpear duro, tan duro como el 82-83, que fue el más fuerte registrado desde 1950.
—Se habla del “Niño Godzilla”, que llegaría hacia final del año. ¿El golpe más fuerte todavía no ha llegado?
Los modelos que tenemos los humanos sobre El Niño no son tan buenos. Si hay alguien dice que esto tal vez se desinfla, puede ser. Pero todo indica que este Niño va a ser muy fuerte y, por lo tanto, esperaríamos lluvias intensas, probablemente con un peak en octubre-noviembre. Un dato: se llama el Niño por el Niño Jesús. Porque cuando los cristianos llegaron a las costas de Perú, los indígenas aprendieron de Cristo, y asociaron que en diciembre llega este fenómeno climático y el Niño Jesús.
Impactos diferenciados: ganadores y perdedores
—¿Qué podemos prever en términos de efectos sobre los ecosistemas y los organismos vivos con este fenómeno?
A los terrestres les va a ir estupendo y a los marinos les va a ir pésimo. Los vegetales y los animales terrestres van a tener alimento porque va a brotar todo con las lluvias. Vamos a tener un desierto florido espectacular. Lo que hicimos con Fabián Jaksic, Premio Nacional de Ciencias, con quien he trabajado en esto, fue encontrar que hasta antes del 82-83 siempre El Niño tenía mala fama. Pero después de eso empezamos a estudiar y resulta que para los seres terrestres les va muy bien. Para las aves terrestres, para los mamíferos terrestres, como los ratones, y las aves rapaces que se comen a los ratones. También a las aves acuáticas, que son las que yo estudio —los cisnes, los flamencos— les va muy bien. Las lagunas del norte, del centro, se van a llenar de cisnes, flamencos y patitos.
—¿Y qué pasa con los ecosistemas marinos?
Esas aguas cálidas que entran son más pobres en oxígeno, porque el oxígeno se evapora con el calor, como cuando uno pone la tetera. Ese menor oxígeno va a provocar que los seres vivos que viven ahí empiecen a morir. Va a haber mortalidad de plancton, de peces, de aves marinas, de lobos e incluso delfines y ballenas, porque van a tener menos alimento. El plancton necesita, como todos los seres vivos, oxígeno. Las aguas tropicales son preciosas, pero no tienen vida, son transparentes. Nuestras aguas son muy heladas, pero si te sumerges están llenas de vida. Por eso la corriente de Humboldt es tan rica en biodiversidad: porque es una corriente helada. Ahora, con el agua más tibia, es probable que lleguen tiburones y peces tropicales.
La falta de planificación territorial
—Si el fenómeno de El Niño es predecible y tiene registros de miles de años, ¿por qué sigue causando tanto daño? ¿Se puede prevenir?
Sí, se puede. Pero no se recurre a la ciencia. Nosotros escribimos libros que nadie lee, pero es cosa de que nos inviten, hagamos un congreso de El Niño, y que vayan geomorfólogos, glaciólogos, geólogos, ecólogos y sociólogos también. Nosotros sabemos qué va a ocurrir. Esto que está ocurriendo no es anormal, es normal. Lo anormal sería que un suceso que ocurre hace 2.500 años deje de ocurrir. Pero la verdad es que no estamos preparados. No han considerado el fenómeno de El Niño en las quebradas. Uno ve que cada ciertos años van a bajar, y eso lo ve un geomorfólogo, un geólogo.
—¿Puede dar ejemplos concretos de esta falta de planificación?
Existe lo que se llaman las cajas chicas y la caja grande de un río. La caja chica es lo que tú ves en el momento, pero si miras un río, tiene una caja grande. Un geomorfólogo o un geólogo te va a decir: mira, el río va de aquí hasta allá en algunos años, y tiene terrazas fluviales que hoy día tendrán árboles, pero por aquí alguna vez bajó el río. Entonces la gente, los humanos, construyen al lado del río y piensan que el río va a ser siempre así, pero lo que muestra el fenómeno de El Niño es que ese cauce se multiplica por diez cada cinco, siete, diez, treinta o cincuenta años. Los estragos, incluso con muertes, es por falta de previsión y de planificación.
Fíjate que Batuco, casi toda la comuna, está arriba del humedal de Batuco, donde está el aeropuerto. El aeropuerto es tan bueno porque es plano, pero es porque ahí existió una laguna. Las construcciones que están en la salida norte de Santiago, las industrias, están construidas sobre rellenos de escombros porque abajo fue una laguna. Entonces, en Batuco las casas se inundan cada ciertos años. Un señor que vive ahí hace cincuenta o setenta años te va a decir: sí, el bajó bajó por aquí alguna vez. Cuántas poblaciones que están inundadas fueron construidas al lado de una quebrada.
—¿Qué pasa con los relaves mineros en el norte? ¿Hay peligro con estas lluvias intensas?
Sí, claro, sin duda. La pregunta es cómo los ingenieros que trabajan en relaves calculan una cantidad de lluvia. Puede que calculen el caudal tomando en cuenta los datos de los últimos diez años, pero quizás los caudales mayores de registran cada cuarenta o cincuenta años. O cien. Desde el fenómeno del Niño de 1982-83, ¿cuántos años han pasado? Más de cuarenta años. Y ahora nos va a patear con fuerza, creo yo. Entonces hay que trabajar a una escala que no es histórica, sino una mesoescala temporal. “Es que nunca había visto esto en cincuenta años”, dicen algunos. Pero si el fenómeno puede pegar cada cien años, al construir algo tienes que pensar en eso. Y los geomorfólogos y los geólogos te van a decir: aquí no, porque cada cien años esto se viene abajo. Hay que consultar a la ciencia.
—¿Cuánto tiempo más durará este evento del Niño? ¿Estamos viendo solo el comienzo?
Sí, sin duda. Por lo menos se sentirá en los próximos cuatro meses. No sé exactamente con qué intensidad, pregúntale a los climatólogos. Pero esto no termina el próximo mes. Van a venir y venir frentes, van a entrar y entrar muchas nubes porque el mar está caliente. Si está caliente, tiene más evaporación. Nos vamos a parecer al trópico. ¿Es bueno eso? ¿Malo? No lo sé.