Las lluvias, los aluviones y las alteraciones en la temperatura amenazan actividades estratégicas a ambos lados del Pacífico. Las proyecciones disponibles muestran impactos distintos sobre producción, exportaciones, precios y cadenas logísticas.
El fenómeno de El Niño incorpora un factor de presión sobre el crecimiento de Perú y Chile, con posibles efectos sobre actividades primarias, infraestructura, transporte, precios e inversión. Las estimaciones disponibles advierten una reducción del producto interno bruto (PIB) peruano si el evento climático se prolonga, mientras que en suelo chileno aparecen riesgos para la agricultura, la minería, la energía y la conectividad logística.
En Perú, las proyecciones oscilan entre una expansión de 3% en 2027 y un crecimiento de 2% en un escenario con condiciones climáticas más extensas y un contexto internacional menos favorable. Para Chile, que se prevé crecerá en 2026 alrededor de un 1.1%, los datos citados sitúan la exposición en sectores con peso en su actividad y sus exportaciones, entre ellos la minería del cobre y la producción silvoagropecuaria.
La información disponible no mide ambos casos bajo un mismo escenario ni permite establecer una comparación directa sobre cuál de las dos economías sufriría una mayor caída. Sí muestra que Perú y Chile enfrentan canales de vulnerabilidad distintos ante El Niño, en un contexto en el que la duración y la intensidad del fenómeno resultan determinantes.Perú podría crecer 2%
El Observatorio Económico, Financiero y Social de la Universidad de Lima planteó dos escenarios para la economía peruana en 2027. El primero considera que un fenómeno extraordinario se extienda hasta el segundo trimestre y que el entorno externo conserve estabilidad. Bajo esas condiciones, el producto interno bruto crecería 3%.
El segundo contempla que los efectos climáticos se mantengan hasta el tercer o cuarto trimestre, junto con mayores tensiones geopolíticas. En ese caso, el PIB peruano se limitaría a una expansión de 2%. El informe también calcula una inflación de 3% y una tasa de referencia del Banco Central de Reserva del Perú de 3,50%.
El presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, también previó un efecto negativo sobre la actividad. Durante la 60.ª Asamblea de la Federación Latinoamericana de Bancos, celebrada en Lima, estimó que el impacto económico podría alcanzar hasta el 2%.
“Si bien El Niño va a tener un impacto negativo, probablemente no va a haber una recesión de la economía porque viene muy fuerte”, manifestó Velarde.
El titular del BCRP sostuvo que la actividad llega a este episodio con indicadores favorables. El empleo crece a una tasa de 6,5%, la inversión privada superó el 17% en el segundo trimestre de 2026 y el consumo de cemento aumentó más del 13% durante ese período.
Citi, por su parte, proyectó que la economía peruana avanzará 3,1% en 2026 y 3,3% en 2027. El economista jefe para América Latina de la entidad, Ernesto Revilla, vinculó esa previsión con la confianza de los inversionistas, la estabilidad macroeconómica, la fortaleza de la moneda y la deuda pública.
La entidad estima que la deuda pública peruana llegará al 33,6% del PIB en 2027. Revilla señaló que ese nivel representa un elemento favorable frente a economías con mayores déficits y obligaciones financieras.
Aun así, el economista advirtió que el alcance de El Niño todavía presenta incertidumbre. “Resulta difícil anticipar con precisión dónde se concentrarán los impactos, cuál será su magnitud y qué actividades económicas serán las más afectadas”, afirmó.
Agricultura, pesca y transporte
La costa norte concentra riesgos para la agricultura de exportación, la pesca y el transporte, según el análisis de la Universidad de Lima. En Lima y Callao, una eventual interrupción de carreteras y servicios puede afectar el abastecimiento, la distribución de bienes y los precios de los alimentos.
La sierra y el sur podrían enfrentar pérdidas agrícolas y dificultades para el turismo. En la selva, la crecida de los ríos puede restringir el transporte fluvial y aislar poblaciones.
El documento también alerta sobre las entidades de microfinanzas y los créditos concedidos a micro y pequeñas empresas ubicadas en zonas vulnerables. Los daños sobre sus negocios y la paralización de actividades pueden deteriorar su capacidad de pago, aumentar la morosidad y abrir la necesidad de reprogramar deudas.
Velarde señaló que El Niño también puede presionar los precios de los alimentos. El presidente del BCRP mencionó posibles daños a las cosechas y aludió al azúcar, cuyo valor ha aumentado en un escenario donde India tiene una participación relevante en la producción mundial.
“Creo que va a ser muy fuerte. Ahora, no es el mismo mundo de 1977. La deuda pesa mucho menos, o sea, no va a tener los mismos efectos que tuvo en el 77”, sostuvo.
Chile enfrenta riesgos
En Chile, el impacto climático puede trasladarse al PIB a través de la productividad, la logística y la continuidad de las operaciones en sectores vinculados a los recursos naturales, de acuerdo con el análisis del experto financiero Fabián Ormeño Milla.
“En una economía atada a los ciclos de la tierra, la resiliencia climática ha dejado de ser un compromiso ambiental para convertirse en la verdadera variable crítica de nuestra estabilidad y crecimiento económico”, indicó Ormeño Milla.
En la agricultura, las lluvias fuera de temporada durante la floración o la cosecha pueden provocar pérdidas en productos como la cereza y la uva de mesa, además de alteraciones en la cadena de exportación. Esos daños implican una reducción del volumen exportable y afectan los ingresos del sector rural.
La minería del cobre enfrenta otra combinación de efectos. Una mayor disponibilidad de agua puede aliviar restricciones para ciertos procesos, aunque lluvias intensas o aluviones en el norte pueden obligar a detener temporalmente faenas a cielo abierto y afectar los caminos hacia los puertos. Una menor producción de cobre fino incidiría en las exportaciones y en los ingresos fiscales por royalty y tributos mineros.
El escenario energético presenta un posible alivio de corto plazo si aumentan los caudales de las cuencas del centro-sur, con mayor generación hidroeléctrica y menores costos marginales de electricidad. Ese beneficio puede perder fuerza si las crecidas dañan redes de transmisión.
Ormeño Milla también identificó amenazas para las obras públicas, la construcción, el comercio y el transporte de mercancías. Los daños en caminos, puentes y conexiones portuarias pueden interrumpir el flujo de bienes. El experto citó los efectos de lluvias fuera de temporada en la Región Metropolitana y de eventos previos en el norte del país, que afectaron la actividad comercial, los servicios, la minería y la conexión vial y portuaria.
En el sector de San Carlos de Apoquindo, las estimaciones preliminares mencionadas por Ormeño Milla calcularon daños materiales y pérdidas económicas cercanos a USD 170 millones en un área de 250 hectáreas.
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