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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El miedo a perder el empleo crece en Irán tras seis semanas de ataques que han paralizado plantas industriales y afectado a cientos de miles de empleados. Con el bloqueo del Estrecho de Ormuz por parte de Estados Unidos, la economía se ve aún más afectada. La guerra ha causado estragos, calculándose los daños en 229.000 millones de euros y generando despidos masivos en sectores clave como el acero y las petroquímicas.

Tras seis semanas de ataques, el miedo a perder el empleo crece entre la población iraní.

Las plantas industriales destruidas han paralizado la producción en muchos sectores, afectando a cientos de miles de empleados.

Más de 93 millones de personas en Irán viven a la sombra de una guerra que podría estallar de nuevo en cualquier momento.

Tras el fracaso temporal de las negociaciones de paz entre Estados Unidos e Irán en Pakistán, Washington ha comenzado a bloquear el Estrecho de Ormuz. Con ello pretende recortar los ingresos de Irán por las exportaciones de petróleo y evitar que Teherán cobre un peaje por el paso por la ruta marítima.

El bloqueo también significa que no llegarán más mercancías a los puertos iraníes. Mucha gente en Irán teme ahora que puedan venir días aún más difíciles.

Escalada y situación humanitaria en la guerra

“La continuación de la guerra, ya sea a nivel militar o en forma de bloqueos y tensiones regionales, ejerce la mayor presión sobre la gente común, especialmente trabajadores, profesores y otros asalariados”, declara Ismail Abdi.

Él pasó varios años en prisión por supuesta “propaganda contra el sistema político” por sus actividades sindicales en pro de los profesores. Fue liberado por la presión internacional y vive exiliado en Alemania desde marzo de 2025, donde continúa su activismo.

“En las últimas semanas, hemos recibido informes desgarradores sobre el sufrimiento de los trabajadores bajo las condiciones de guerra en Irán”, añade.

“Cuando fábricas, talleres o proyectos de servicios cierran o se recortan, los trabajadores contratados, los jornaleros y los empleados informales son los primeros en sufrir. Este proceso debilita el poder de negociación de los trabajadores y empuja los salarios aún más hacia un colapso total”, explica.

La guerra ha tenido un impacto devastador en la economía iraní, que durante mucho tiempo ha sufrido de mala gestión, corrupción y sanciones. Teherán calcula los daños de la guerra en unos 229.000 millones de euros. Es una estimación preliminar, dijo la portavoz del gobierno iraní, Fatemeh Mohajerani, a la agencia estatal rusa RIA Novosti.

Sin embargo, se desconoce todavía la magnitud de los daños a las instalaciones industriales.

Decenas de miles de jornaleros enviados a casa

La Compañía Siderúrgica Mobarakeh, en Isfahán, el mayor productor de acero del país, tuvo que cerrar todas sus operaciones tras un segundo ataque de Estados Unidos e Israel. El acero es clave para la industria militar, pero también desempeña un papel decisivo en las industrias civiles, como la automotriz, la producción de electrodomésticos o la de envases y conservas. También para la construcción.

Según la Asociación Mundial del Acero, Irán fue uno de los diez mayores productores de acero del mundo en 2025, junto a países como China, Estados Unidos y Alemania, y exportaba alrededor de 31,8 millones de toneladas de acero anualmente. Entre marzo de 2025 y enero de 2026, se generaron ingresos por exportaciones de 860 millones de dólares estadounidenses (741 millones de euros).

Con la suspensión de la producción, miles de trabajadores fueron enviados a casa, y no se sabe por cuánto tiempo. Al menos 10.000 empleados en la industria del acero son jornaleros.

Un paro de producción también puede desencadenar una reacción en cadena y obligar a decenas de otras empresas que dependen de estas plantas a cesar sus operaciones.

El bombardeo de plantas petroquímicas también tendrá un impacto masivo en el mercado laboral, analiza Umud Shokri, estratega energético e investigador visitante senior en la Universidad George Mason. Los ataques a importantes centros petroquímicos en Asaluyeh, Mahshahr y Shiraz causaron daños considerables y paralizaron numerosas plantas.

En centros industriales como Mahshahr, donde trabajan más de 30.000 personas, muchos se enfrentan ahora a pérdidas repentinas de empleo y salarios, señala Shokri: “El daño va mucho más allá de las plantas y también afecta a las cadenas de suministro, los ingresos gubernamentales y los medios de vida de la población”.

En el mejor de los casos, estima que las reparaciones llevarían “unos dos años”. Y eso con acceso a repuestos y tecnología extranjera, difícilmente disponibles bajo las actuales sanciones.

Creciente pobreza

La pérdida de empleos en la industria ya ha generado gran incertidumbre.

La agencia de noticias ILNA (Agencia Iraní de Noticias Laboristas) despidió a todos los periodistas el 14 de abril y pasó a contratarlos por honorarios.

Muchas otras empresas habrían comenzado despidos masivos.

Un ejemplo es el sector de servicios digitales con plataformas como Snapp, que a menudo se denomina el “Uber iraní”. Estos servicios siguen funcionando a pesar del apagón de internet impuesto por las autoridades para evitar posibles protestas. Sin embargo, debido a la guerra, hay menos clientes en la calle y a muchos les falta el dinero.

“Solo por las restricciones de internet, miles de freelancers, programadores y productores de contenido han perdido la oportunidad de trabajar. Ahora están siendo empujados de nuevo al debilitado mercado laboral tradicional”, afirma el sindicalista Abdi.

“A corto plazo, esta situación conduce a una caída de los ingresos reales y a un aumento de la pobreza entre los trabajadores. A largo plazo, existe el riesgo de que surja una sociedad explotada, menos cualificada y más dependiente”, augura.

“Esta guerra debe terminar antes de que sus costes humanos y sociales se vuelvan irreversibles”, espera, sin renunciar aún al sueño de cambio político en Irán. Pero nadie parece pensar en la población iraní, ni los líderes de la República Islámica, aferrados al poder, ni el presidente de Estados Unidos, que les prometió ayuda.