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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El Instituto Oceanográfico Schmidt capturó en video por primera vez al pez binocular Winteria telescopa en su hábitat natural a 710 metros de profundidad en el océano Atlántico. Esta especie posee ojos tubulares paralelos que le permiten detectar la tenue luz solar y bioluminiscencia en las profundidades marinas, facilitando su caza y evitando peligros.

El Instituto Oceanográfico Schmidt compartió el primer avistamiento en video de un pez binocular (Winteria telescopa) in situ y vivo en las profundidades del océano Atlántico.

De acuerdo con el organismo dedicado al estudio de los océanos, esta especie nunca antes había sido filmada en su hábitat natural y ahora fue vista a 710 metros de profundidad.

El Dr. Marcelo Melo, del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo, explica que se trata de una especie “extremadamente rara”, perteneciente a la familia Opisthoproctidae, también conocidos como peces de ojos tubulares por su peculiar apariencia.

De hecho, estos peces son distintivos y reconocibles por sus raros ojos, que no son como los de un pez común, ubicados lateralmente para una vista panorámica de su entorno, sino que son paralelos entre sí y están alineados.

Según detalla el instituto en el video que postearon en redes sociales, sus ojos “les proporcionan la capacidad de ver el más mínimo destello de luz solar tenue y bioluminiscencia que proviene de arriba”.

“En las profundidades marinas no hay luz solar, y un destello de bioluminiscencia puede indicarles dónde encontrar su próxima comida o evitar que se conviertan en el próximo alimento de otro. La visión binocular también proporciona a los animales una percepción de profundidad increíblemente precisa, una herramienta invaluable para la caza de precisión y la evasión del peligro”, explican.

Foto del pez binocular
Pez binocular | Instituto Oceanográfico Schmidt

Este animal también tiene una lengua que le permite reflejar y controlar la bioluminiscencia. Se trata de un órgano luminoso con el que proyecta un haz de luz hacia abajo, mientras que usan sus escamas superpuestas para controlar la cantidad de luz que los atraviesa.

Los científicos creen que es un mecanismo de camuflaje y que también lo utilizan para comunicarse entre sí. “Ahora podemos entender cómo nada mirando hacia arriba y encuentra su alimento en el ambiente mesopelágico de las profundidades marinas”, puntualizó el Dr. Melo.