La araña de rincón chilena fue detectada por primera vez en Portugal durante los últimos meses, confirmó una investigación de la Universidad de Oporto, algo que se atribuye a que probablemente se escabulló en una embarcación.

Según reporta el portal Euronews, uno de los investigadores que confirmó la presencia de la araña de rincón en la península ibérica, el entomólogo José Manuel Grosso-Silva del Museo de Historia Natural y de la Ciencia de la Universidad de Oporto, afirmó que tiene un comportamiento tímido y que no había que levantar alarmas.

“La probabilidad de que las personas se crucen con esta especie o sean mordidas por ella es reducida”, aseguró.

“Se trata de una especie tímida y poco propensa a morder, pero su mordedura puede causar daños considerables en la piel y provoca con frecuencia lesiones cutáneas necróticas”, indica el estudio de los biólogos Francisco Gil y José Manuel Grosso-Silva.

De acuerdo al citado medio, la araña de rincón o reclusa chilena se originaria de Sudamérica, pero en los últimos años ha sido posible encontrarla en otras regiones del Mundo, principalmente por escabullirse en embarcaciones comerciales.

El primer hallazgo de una araña de rincón en Portugal fue en septiembre de 2025, cuando se encontró un macho en la ciudad de Oporto, mientras que en enero de 2026 se descubrió a un segundo macho muerto pegado a una cinta adhesiva.

Igualmente, pese al hallazgo de la araña de rincón chilena, en Portugal hay una especia similar, se trata de la araña reclusa mediterránea, aunque originaria de Norteamérica, igualmente está en Europa desde hace más de 200 años.

“No sabemos si esta nueva especie se encuentra únicamente aquí en Oporto o si ya está más extendida. Como la araña reclusa chilena puede confundirse fácilmente con la araña reclusa mediterránea, es posible que existan registros fotográficos identificados como de esta última que en realidad correspondan a la nueva especie”, explicó Grosso-Silva.

Sobre un peligro para la población, el investigador sostuvo que la araña de rincón logra camuflarse en las paredes, pero que hay muy poco riesgo para la ciudadanía.

“Son de un color marrón uniforme, no presentan esas tonalidades que les permiten camuflarse en la vegetación y no tejen las telarañas que solemos ver en las plantas para atrapar insectos.
Construyen telas en paredes, esquinas y lugares más escondidos y sombríos, y son más activas durante la noche”, aseguró Grosso-Silva.

“El riesgo está ahí, pero me parece reducido, por lo que intento no contribuir al pánico ni a un alarmismo excesivo”, añadió el investigador.