China acaba de dar un paso decisivo para construir una instalación científica que parece salida de una película futurista: una gigantesca isla artificial flotante, capaz de desplazarse por sus propios medios, resistir tifones y albergar a más de 200 personas durante largas misiones de investigación.
El proyecto, que demandará unos US$ 400 millones, busca transformar la manera de estudiar los océanos y sus profundidades.
“Isla” científica flotante china
La iniciativa se puso en marcha en marzo y acaba de ingresar en una nueva etapa. El 18 de octubre, la Universidad Jiao Tong de Shanghái firmó el contrato de construcción con el astillero Shanghai Waigaoqiao Shipbuilding.
Así, la plataforma, denominada Far-Sea Floating Island, deberá entregarse en junio de 2030.
Sus dimensiones impresionan: tendrá 138 metros de largo, 85 de ancho y un desplazamiento máximo de 74 mil toneladas, comparable al de algunos portaaviones. Podrá albergar 238 personas, entre investigadores y tripulantes, y contará con seis laboratorios especializados, además de un centro de apoyo para operaciones oceánicas.
Pero su principal innovación no será el tamaño, sino su capacidad para trabajar donde los buques científicos convencionales encuentran dificultades.
Su diseño semisumergible, con dos grandes cascos, permitirá mejorar la estabilidad frente a las olas. Podrá operar con condiciones marítimas severas y está diseñada para sobrevivir a tifones de nivel 17, entre los más intensos de la escala utilizada en China.
¿Por qué es importante?
Porque buena parte de lo que sabemos sobre los océanos proviene de expediciones relativamente breves. Los barcos recorren grandes distancias, toman muestras y regresan a puerto. Cuando aparecen tormentas violentas, muchas investigaciones deben suspenderse. Precisamente esos fenómenos extremos son los que los científicos necesitan comprender mejor.
La nueva instalación permitirá observar durante períodos prolongados cómo se forman y evolucionan los tifones, cómo cambian las corrientes marinas y qué ocurre en los ecosistemas de las profundidades.
También facilitará estudios vinculados con el cambio climático, la circulación del carbono y las condiciones en las que sobreviven organismos adaptados a ambientes extremos.
Uno de sus objetivos más ambiciosos será realizar experimentos y desplegar instrumentos a profundidades de hasta 10 mil metros. Allí la presión es enorme, no llega la luz solar y todavía existen innumerables interrogantes científicos.
Parte de las estrategias de China
El proyecto forma parte de una estrategia china para ampliar sus capacidades de investigación y desarrollo tecnológico en alta mar. Además de los laboratorios flotantes, incluirá instalaciones terrestres de apoyo en Shanghái y Sanya, desde donde se coordinarán operaciones y mantenimiento.
La ambición va más allá de construir una enorme estructura naval. China pretende disponer de una base científica móvil capaz de estudiar los océanos durante fenómenos que hoy resultan difíciles de observar directamente. Si cumple sus objetivos, esta isla flotante podría convertirse en una herramienta relevante para comprender mejor el clima, la biodiversidad marina y algunos de los ambientes menos explorados del planeta.