Los aviones generan elevadas emisiones y agravan el cambio climático. Sin embargo, rutas de vuelo optimizadas y combustibles sostenibles pueden reducir una parte importante de su impacto. La transición ya ha comenzado.
El tráfico aéreo es responsable de más del 5% del calentamiento global provocado por el ser humano. Según estimaciones de la Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania (UBA), las emisiones de los aviones generan cada año daños climáticos y sanitarios por un valor aproximado de 2,85 billones de euros.
Hasta hoy, esos costos los asume la sociedad en su conjunto. Si los daños se incorporaran realmente al precio de los boletos, un pasajero tendría que pagar, según la UBA, unos 1.400 euros adicionales por un vuelo de solo ida entre Berlín y Nueva York.
La buena noticia es que estas emisiones pueden reducirse de forma significativa. Y hacerlo es relativamente sencillo y poco costoso.
Rutas de vuelo de aviones optimizadas
Uno de los factores más perjudiciales para el medio ambiente son los llamados efectos no relacionados con el CO₂. Su impacto climático es aproximadamente el doble de dañino que el del dióxido de carbono emitido durante el vuelo. Por ello, la aviación perjudica al clima mucho más de lo que muchas personas creen.
Estos efectos se generan durante la combustión de queroseno a gran altitud. Uno de los elementos más problemáticos es el vapor de agua que se produce en los motores al quemar combustible. A gran altura, ese vapor forma cristales de hielo que se hacen visibles en el cielo como estelas de condensación.
Cuando los aviones atraviesan capas de aire especialmente frías y húmedas, algunas de esas estelas aguantan varias horas sin disiparse. Como consecuencia, se forman extensas nubes conocidas como cirros, que impiden que el calor de la Tierra escape hacia el espacio. Este fenómeno agrava el calentamiento global.
En muchos casos, la formación de estas estelas persistentes puede evitarse si los aviones vuelan a menor altitud o atraviesan capas atmosféricas menos frías y húmedas.
Según expertos, otros ajustes en las rutas podrían incluso eliminar por completo los efectos no relacionados con el CO₂. Así lo sugieren “numerosos estudios”, explica a DW el investigador atmosférico Volker Grewe, del Centro Aeroespacial Alemán (DLR).
Rutas aéreas más respetuosas con el clima en Europa a partir de 2028
En Europa, la aviación ya forma parte del sistema de comercio de emisiones. Actualmente, las aerolíneas pagan entre 70 y 80 euros por cada tonelada de CO₂ emitida.
Antes de finales de 2027 debe presentarse una propuesta sobre cómo incentivar económicamente a las aerolíneas para que utilicen con mayor frecuencia rutas más favorables para el clima.
También se definirá cómo gestionar este tipo de tráfico aéreo. La transición gradual podría comenzar a partir de 2028.
El futuro: combustibles sostenibles para la aviación
Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), la aviación debería reducir sus emisiones netas de CO₂ a cero para el año 2050. El dióxido de carbono se genera principalmente por la combustión de queroseno fósil.
Una estrategia clave para evitar el queroseno fósil es sustituirlo por combustibles sostenibles para aviones, conocidos como SAF (Sustainable Aviation Fuels). Esto permite reducir considerablemente las emisiones de CO₂.
Los SAF de origen biológico o biocombustibles se producen a partir de aceites de cocina usados, grasas animales o residuos agrícolas. Según la IATA, pueden reducir las emisiones de CO₂ hasta en un 80% en comparación con el queroseno fósil.
Aún más favorables para el clima son los combustibles sintéticos o electrocombustibles. Pueden producirse utilizando electricidad renovable, agua y CO₂, lo que les permite acercarse a la neutralidad climática.
La Unión Europea pretende impulsar legalmente la producción de biocombustibles y electrocombustibles mediante cuotas obligatorias de mezcla. En 2025, la proporción de SAF en el queroseno utilizado en la UE alcanzó casi el 3%. Para 2030, deberá llegar al menos al 6%. El objetivo en 2050 es alcanzar, como mínimo, un 70%.
Cómo puede la política fomentar una aviación más sostenible
Hasta ahora, la aviación no ha logrado reducir su impacto climático total. Aunque aumenta la proporción de combustibles sostenibles, el tráfico aéreo sigue creciendo.
Por ello, la medida más sostenible sigue siendo evitar los viajes en avión siempre que sea posible. Los gobiernos cuentan con distintas herramientas para ello. En Francia, por ejemplo, desde 2023 están prohibidos los vuelos nacionales cortos cuando el destino puede alcanzarse en tren en menos de dos horas y media.
Pero el precio sigue siendo un factor decisivo para una movilidad más sostenible. En muchos países, los viajes en avión están exentos del impuesto al valor agregado (IVA) y de tasas energéticas. Esto puede provocar que volar resulte más barato que viajar en tren.
En Alemania, estas ventajas fiscales representan aproximadamente 12.000 millones de euros al año, según la UBA. Esta recomienda eliminar estos subsidios y tratar de forma equivalente a los distintos medios de transporte.
Además, la UBA propone incorporar de manera más clara los costos ambientales y climáticos en los precios. De este modo, las aerolíneas tendrían un incentivo económico para elegir rutas más respetuosas con el clima, ahorrar combustible, utilizar aviones más eficientes y recurrir a combustibles sostenibles.