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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El geofísico Francisco Lang, de la UdeC, explicó que la principal señal de alerta es una nube embudo; también pueden presentarse granizos y cambios bruscos en la dirección del viento.

Tras el tornado que ocurrió durante la tarde del lunes de Requínoa, en la región de O’Higgins, los expertos han llamado a la precaución ante las precipitaciones primaverales que está trayendo El Niño.

La recomendación principal es resguardarse, pero también es preciso saber identificar si hay verdadero peligro y existen algunas señales clave que indican probabilidades de que se desarrolle uno de estos eventos.

Lo primero es saber que los tornados tienen temporadas. Francisco Lang, académico del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción (UdeC), explica en conversación con BiobioChile que, en nuestro país, “la mayoría ocurren entre los meses de mayo y junio, según los registros históricos, pero no es anormal que los haya en octubre“.

El experto señala que, de hecho, son comunes en Chile, solo que antes era mucho más complejo registrarlos.

¿Cómo identificar la formación de un tornado?

Lang explica cuáles son las señales para identificar si se formará un tornado; la más clara es la presencia de nubes embudo, que pueden formarse en las tormentas fuertes. “En los videos que se registraron de la Ruta 5, lo primero que se vio fue un embudo, una nube que empezó a formar un embudo, esa es la primera señal”, señala el geofísico.

Los granizos, añade, también pueden ser un indicador, “ya que generalmente están asociados con este tipo de tormenta, pero lo más común es ver esta nube de embudo, ya que realmente cuando hay vientos fuertes es lo más fácil de visualizar”.

Otra señal son los cambios bruscos en el viento, fenómeno al que los expertos llaman cizalladura. “Hay ese cruce de vientos que van en una dirección a media altura y en otra dirección a baja altura; entonces, esto produce que la atmósfera empiece a rotar y se produzcan torbellinos”, aclara.

En el caso del tornado de Requínoa, la cizalladura justamente se combinó con una baja de presión que generó inestabilidad atmosférica y, finalmente, un tornado.

“La inestabilidad atmosférica es básicamente que en la superficie hay aire caliente y húmedo, y sobre este hay aire frío. Entonces, lo que hace el aire caliente y húmedo de la superficie es subir, se condensa y produce granizo que precipita. Los granizos producen carga eléctrica y luego los rayos y las tormentas. Además, se sumó que había cizalla, que es que el viento superficial va cambiando en la dirección a medida que se sube en la atmósfera”, puntualiza Lang.

“También es útil para que la gente esté atenta en los sectores donde declaran zonas tornádicas, de posibilidades tornádicas, que es donde se pueden generar este tipo de nubes en embudo, básicamente”, aconseja.