VER RESUMEN

Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Argentina atraviesa una grave crisis en su sistema científico y tecnológico, con la destrucción de más de 5.700 empleos en dos años de gobierno de Javier Milei. Los salarios del Conicet han caído un 39,9% y el gasto público en ciencia se redujo un 30%. Investigadores como Manuel y Leonardo recurren a trabajar en Uber para sobrevivir. La falta de financiamiento afecta la posibilidad de adquirir libros o acceder a revistas científicas. El Presupuesto 2026 proyecta un recorte del 50,8%, empujando a una fuga de cerebros masiva hacia Brasil y Chile.

Con científicos que manejan Uber para sobrevivir, laboratorios que se vacían, suscripciones a revistas científicas que se caen y una generación entera que emigra o abandona la ciencia, Argentina desmantela el ecosistema que le llevó más de cuatro décadas construir.

El sistema científico y tecnológico atraviesa su peor crisis desde el retorno de la democracia. En dos años de gobierno de Javier Milei se destruyeron 5.701 puestos de trabajo en el sector, lo que equivale a una pérdida de 7,5 científicos por día desde que asumió el nuevo gobierno, según datos del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (Ciicti).

Los salarios del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la columna vertebral del sistema científico del país, acumulan una caída del 39,9% desde noviembre de 2023. El gasto público total en ciencia cayó 30% desde que asumió Milei, y el de investigación, 83%.

“Estamos perdiendo toda una generación de jóvenes científicos”, resume en diálogo con BioBioChile el doctor en bioquímica e investigador Jorge Geffner, quien trabaja en inmunología y en el desarrollo de terapias antitumorales.

Salarios bajo la línea de pobreza

Según el último informe del Ciicti a enero de este año, los salarios de los investigadores y becarios del Conicet perdieron el 39,9% de su poder adquisitivo desde que asumió el nuevo gobierno. Para volver al nivel salarial de cuando asumió Milei, necesitan un aumento nominal del 66,4%.

Manuel, un investigador independiente del Conicet con seis evaluaciones aprobadas desde su doctorado y quien pidió reservar su identidad, contó a BioBioChile que su salario es de 1.9 millones de pesos mensuales (1,2 millones de pesos chilenos), apenas por encima del mínimo necesario para no ser considerado pobre en Argentina.

Leonardo Amarilla, un genetista y doctor en ciencias biológicas que investiga a tiempo completo en el Conicet cómo mejorar el rendimiento de cultivos como el maní, la soja y el girasol, comenzó a conducir Uber cuatro horas al día entre semana y seis los fines de semana para llegar a fin de mes.

“Trabajo entre 12 y 13 horas al día. Estoy agotado. Esto afecta la calidad de mi investigación y de mi docencia. Antes llegaba a casa y leía artículos científicos; ahora llego a casa e inmediatamente salgo a llevar pasajeros de un lado a otro”, contó al diario The Guardian.

Piratear revistas científicas

El deterioro del salario no es el único obstáculo para los investigadores. “También desapareció la posibilidad de obtener financiamiento por proyectos que permiten adquirir libros, pagar inscripciones de congresos, hacer frente a trabajos de campo pequeños. Ni hablar de hacer cualquiera de esas cosas en el exterior. Tampoco se puede pagar el acceso a revistas especializadas que, muchas veces, tenemos que piratear para enterarnos de los avances en nuestro campo de investigación”, confiesa Manuel a BioBioChile.

La función Ciencia y Técnica proyecta para el Presupuesto 2026 un recorte del 50,8% real respecto de 2023, y representará apenas el 0,14% del PBI, un mínimo histórico absoluto en la serie que arranca en 1972, por debajo incluso de los pisos alcanzados en la crisis económica del 2001, que resultó en cacerolazos por todo el país y la sucesión de cinco presidentes en una semana, y durante la última dictadura militar.

La ley de financiamiento del sistema científico vigente, suspendida por el gobierno, preveía que en 2026 la inversión llegara al 0,52% del PBI. La realidad es apenas un cuarto de eso.

Según la hoja de ruta del gobierno libertario, el Conicet perderá un 18,2% real adicional en 2026, acumulando una caída del 42,2% en tres años. La Conae —el organismo espacial argentino, que participó de la misión Artemis de la NASA con el satélite Atenea— sufrirá una reducción del 53,7% este año, acumulando un desplome del 60,6% en tres años. El ex Ministerio de Ciencia y Tecnología, degradado a subsecretaría, perdió el 83,9% de su partida vigente respecto de 2023.

Fuga de cerebros hacia Chile y Brasil

La combinación de salarios de pobreza, sin financiamiento para insumos y con la carrera de investigación prácticamente cerrada, expulsa a la gente del ecosistema científico nacional.

“En los últimos 2 años, con el cambio de gobierno, hay un éxodo masivo de investigadores y tesistas doctorales jóvenes. El Conicet, que siempre fue un semillero, no abre puestos y los grupos de trabajo se están vaciando”, explica Geffner.

Los que no se rinden dentro del sistema buscan alternativas fuera de él. Como Amarilla con el Uber, o el geógrafo Jerónimo Montero, investigador del Conicet y la UBA, que trabaja de electricista para mantener a sus tres hijos, según contó al diario The Guardian.

Brasil y Chile, en este contexto, se convirtieron en un imán. Ana Vivinetto, doctora en neurociencias y especialista en lesiones de médula espinal egresada de la Universidad Nacional de Córdoba, planeaba volver a armar su laboratorio en Argentina tras un posdoctorado en Estados Unidos.

La falta de presupuesto y oportunidades anuló esa opción. Hoy integra el Centro de Biología Integrativa de la Universidad Mayor en Santiago, con un subsidio de 30.000 dólares anuales más apoyo para la mudanza.

“La diferencia de presupuesto para hacer ciencia es muy grande”, señaló al medio argentino La Voz.

Centros como el Cenamad en Chile ofrecen a investigadores argentinos condiciones que empiezan en 4.000 dólares mensuales, con cobertura de congresos internacionales y publicaciones. Especialistas en ciencia de datos, inteligencia artificial, biotecnología, nanotecnología y tecnología satelital son los más buscados.

El marco ideológico que genera este desmantelamiento, explica a este medio el investigador y exministro de Ciencia y Tecnología Daniel Filmus, es una mezcla explosiva de tres elementos. Primero, la escuela económica austríaca que pregona el presidente Javier Milei, que sostiene que la ciencia debe ser financiada por el mercado o por la filantropía, y que la intervención estatal la distorsiona.

Segundo, un neoliberalismo radicalizado basado en un modelo económico primarizado y de especulación financiera que no necesita ciencia ni agregado de valor. Y tercero, un componente que Filmus califica como propio del caso argentino: “Una alianza con un sector oscurantista que niega la ciencia. Entonces tenés la peor combinación posible”.

“Si continúan con esta política el deterioro se va a profundizar. No digo que los cambios no puedan ser reversibles con un gobierno de naturaleza distinta, pero nos va a costar mucho revertir el deterioro”, asegura Geffner.