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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

La misión Artemis II de la NASA marcó el regreso del hombre a la órbita lunar después de más de 50 años, con la particularidad de que Argentina es el único país latinoamericano presente en este histórico viaje al incluir el microsatélite Atenea en la nave Orión. Desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), este satélite de 15 kilos realizará tareas de medición de radiación espacial, pruebas de componentes electrónicos y estudio de señales de navegación desde una órbita inédita para el país. Este hito refleja la inversión argentina en ciencia y tecnología, demostrando capacidades locales en el campo espacial.

El microsatélite Atenea, enviado el pasado miércoles como carga de la nave Orion, es la posibilidad concreta de validar tecnología propia en uno de los entornos más exigentes que existen. Enviará una señal desde 70.000 kilómetros de distancia, la mayor registrada en el país.

El regreso del ser humano al entorno lunar con la misión Artemis II puso esta semana a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) en el centro de la escena global. Sin embargo, la proeza, entre gigantes tecnológicos y potencias espaciales, tuvo un dato de color: Argentina es el único país de América Latina que logró colarse en el histórico viaje.

La misión Artemis II, lanzada el pasado miércoles 1° de abril desde el Centro Espacial Kennedy, marcó el retorno a la órbita de la Luna por primera vez desde los tiempos de Apolo 17, precisamente hace 54 años.

Un satélite con “ADN” argentino

En la nave Orión iba como carga secundaria un microsatélite desarrollado íntegramente en suelo argentino, país seleccionado junto con apenas otros tres, Alemania, Arabia Saudita y Corea del Sur, tras un proceso en el que compitieron propuestas de más de 50.

Se trata de Atenea, un microsatélite desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), que funciona como síntesis de años de inversión pública en ciencia, tecnología y desarrollo espacial, más allá de los recortes de los últimos tiempos en la era Milei.

Detrás del proyecto hay una red que combina organismos públicos y el sistema científico nacional. Participan la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Instituto Argentino de Radioastronomía, la Comisión Nacional de Energía Atómica y la empresa VENG.

La articulación entre los sectores público y privado cumplió con los estándares de confiabilidad que exige la NASA en misiones tripuladas, donde el margen de error es prácticamente nulo.

¿Cómo funciona Atenea?

Atenea, desplegado como un CubeSat de 12 unidades, es un satélite compacto -30 x 20 x 20 centímetros y unos 15 kilos-, pero con un objetivo que empuja los límites de la ingeniería local: operar a unos 70.000 kilómetros de la Tierra, una distancia inédita para el país trasandino.

Desde esa órbita, Atenea intentará establecer comunicación con estaciones terrenas ubicadas en Tolhuin, en Tierra del Fuego, y en la provincia de Córdoba. Si lo consigue, marcará el mayor alcance de transmisión logrado hasta ahora por un desarrollo argentino.

Al mismo tiempo, se busca medir la radiación en diferentes capas del espacio, examinar cómo funcionan los componentes electrónicos en condiciones extremas y estudiar señales de navegación como GPS, Glonass y Galileo en alturas poco exploradas.

Construcción de Atenea
Construcción de Atenea

El desarrollo tecnológico incluye sensores fotomultiplicadores de silicio y un receptor GNSS para navegación satelital, ambos diseñados en Argentina. También se valida sistemas de comunicación de largo alcance y sensores de baja luminosidad.

En términos operativos, después de su exitoso despliegue, el satélite con “ADN argentino” ejecutará una secuencia autónoma: activación, verificación de subsistemas, estabilización y envío de telemetría, es decir, el estado de salud del sistema, hacia las estaciones en Tierra.

“Nos llena de orgullo que Argentina haya sido el único país de América Latina invitado por la NASA a integrar una carga secundaria en esta misión, y uno de los cuatro países seleccionados a nivel global”, declaró Darío Genua, secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología de Argentina.

“Cada proyecto de ingeniería fortalece nuestras capacidades tecnológicas, forma recursos altamente calificados y nos vuelve un proveedor confiable para la nueva economía espacial”, resaltó al anunciar el inédito lanzamiento.

¿Por qué es tan importante la misión Artemis II pese a que los astronautas no tocarán suelo lunar?

Sobre la misión Artemis II, vale recordar que su éxito será decisivo para confirmar la fecha del esperado alunizaje tripulado, pautado antes de 2028, según los cálculos de Estados Unidos, además del establecimiento de una colonia humana en la Luna.

El administrador de la agencia espacial estadounidense, Jared Isaacman, anunció días atrás una estrategia de despliegue lunar por fases, con un costo de 20.000 millones de dólares, que será la más ambiciosa de la historia en cinco décadas y que contará con el aporte de empresas privadas como SpaceX o Blue Origin y de otras agencias espaciales internacionales.

La nueva estrategia se enfocará en que Estados Unidos pueda tener una presencia permanente en la superficie de la Luna y que en la tercera fase del proyecto la base tenga tres hábitats y obtenga recursos propios del mismo satélite terrestre.

El primer paso ya está dado: los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se proyectaron en el espacio a una trayectoria de hasta 9.200 kilómetros más allá de la Luna, superando los récords alcanzados durante las misiones Apolo.