Doce estadounidenses pisaron la Luna entre 1969 y 1972, y la mayor parte ha descrito minuciosamente su experiencia sobre este suelo oscuro, recubierto de polvo fino y permanentemente golpeado por un sol cegador, donde la fuerza de la gravedad es una sexta parte que en la Tierra.

Aquí están sus impresiones, sacadas principalmente de largas entrevistas con historiadores de la NASA entre las décadas de 1990 y 2000.

Justo después de alunizar

“Sientes el momento más tranquilo que un humano puede vivir. No hay ninguna vibración. Ningún ruido. El suelo deja de hablarnos. Nuestro compañero está asombrado. No puede decir nada. De repente nos damos cuenta de que hemos aterrizado en otro mundo, en otra estrella del Universo, y que lo que vemos es visto por primera vez por un ser humano, por los ojos humanos”. (Gene Cernan, Apolo 17)

El cielo negro

“Nos tomamos un instante para mirar el cielo negro, un cielo totalmente negro. El sol brilla pero no se refleja en la superficie, no hay difusión, no hay reflejo, un cielo totalmente negro, y vemos otro planeta: la Tierra (…) Uno comienza a imaginar que millones de personas viven en ese planeta y no se dan cuenta de su fragilidad”. (Alan Shepard, Apolo 14)

NASA
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El horizonte

“Me sorprendió la aparente proximidad del horizonte. Me sorprendió la trayectoria del polvo que se levantó con una bota (…) Nunca hubo una nube de polvo allí. Eso sucede si hay una atmósfera, pero cuando no hay ninguna, no hay una nube de polvo. Quedé absolutamente estupefacto cuando detuve el motor del cohete y vi las partículas que previamente fueron expulsadas desde debajo del motor hacia el horizonte. Una vez se apagó el motor, estas partículas fueron más allá del horizonte y desaparecieron instantáneamente, como si el motor hubiera estado apagado hace una semana. Fue increíble”. (Neil Armstrong, Apolo 11)

“Hay un problema en la Luna para percibir la profundidad. Nos fijamos en los objetos que nunca habíamos visto antes. Un objeto grande muy lejos parece muy similar a un objeto pequeño más cercano. No hay postes de teléfono, no hay casas, ni árboles, ni autos para estimar la escala, como en la Tierra”. (Charlie Duke, Apolo 16)

Caminar ligero

“Parece que no hay dificultad para moverse, como sospechábamos. Incluso puede ser más fácil que en las simulaciones con una sexta parte de la gravedad que hemos realizado en la Tierra. Caminar no es realmente un problema”. (Neil Armstrong al centro de control, poco después de descender del módulo lunar)

“Comencé a correr lentamente, sentí que me movía en cámara lenta, con pasos perezosos, los pies a menudo flotaban al mismo tiempo en el aire”. (Buzz Aldrin, Apolo 11, en su libro “Magnífica desolación”)

“Encontrar el equilibrio no es fácil, sin embargo, observé que cuando hacía saltos grandes tenía tendencia a inclinarme hacia atrás. Una vez casi me caigo y me dije que tenía que parar”. (Neil Armstrong, interrogatorio técnico)

Los guantes

“El mayor problema fueron los guantes hechos a medida, que eran como globos (…) Cuando querías agarrar algo, tenías que apretar para superar la presión (…) Apretar contra esta presión era agotador para los músculos de los antebrazos. Imagina que sostienes una pelota de tenis continuamente durante ocho o diez horas”. (Harrison Schmitt, Apolo 17)

Suelo duro

“Clavar el asta de la bandera en el suelo lunar fue más difícil de lo esperado… Por primera vez, un golpe de pánico me sacudió. Desde mi infancia había visto a grandes exploradores plantar sus banderas en sus nuevos mundos, ¿sería yo el primero en plantar una bandera que caería?”. (Buzz Aldrin, “Magnífica desolación”)

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Polvo desagradable

“Había un poco de polvo lunar en el suelo (del módulo). Tenía una textura abrasiva, como de carbón, y con olor a acre y metálico, como de pólvora, como el olor que queda en el aire después de la explosión de un petardo. Neil comparó el olor con el de la ceniza mojada”. (Buzz Aldrin)

Sentimiento metafísico

“De repente me di cuenta que las moléculas de mi cuerpo, de la nave espacial y de mis compañeros provenían de generaciones antiguas de estrellas. De repente experimenté esto de una manera muy personal, en lugar de una reflexión objetiva del tipo ‘Oh sí, las moléculas y los átomos provienen de las estrellas’. No: mis moléculas fueron creadas en estas estrellas, ¡fue una locura!”. (Edgar Mitchell, Apolo 14)