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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

Maite Alberdi regresa con su nuevo documental "Un hijo propio", disponible en Netflix desde el 13 de agosto, que narra la historia de Alejandra Marín Mendoza, acusada de secuestrar un recién nacido en Ciudad de México tras fingir un embarazo. Alberdi desafía convenciones al explorar las presiones que rodean la maternidad, construyendo una reflexión profunda sobre las expectativas sociales. El documental se desarrolla en dos partes que reflejan el proceso de conocer la historia, destacando la importancia de las presiones invisibles que enfrentan las mujeres. La cinta, que se rodó durante cuatro años, revela la fragilidad y dolor de los personajes, cuestionando si la sociedad ha pagado la deuda con Alejandra.

Maite Alberdiestá de vuelta. Y otra vez con un documental que se inmiscuye en los límites de la ficción y la no ficción, aunque esta vez redoblando la apuesta: filmándolo desde la delgada línea entre la verdad y el engaño.

Ese es parte del preámbulo de ‘Un hijo propio’, documental que debuta este jueves 13 de agosto en Netflix con una historia tan insólita como absurda. La trama sigue los pasos de Alejandra Marín Mendoza, mujer que en 2009, a los 26 años, fue acusada y enjuiciada por el secuestro de un recién nacido del Hospital Marín Mendoza de Ciudad de México, todo esto después de fingir un embarazo durante meses y de engañar a su familia y su propio esposo.

Desafiando las convenciones del género, Alberdi explora aquí las presiones invisibles (y a veces no tanto) que enfrentan las mujeres en torno a la maternidad. La historia surgió de un encuentro fortuito: mientras investigaba en la cárcel de Santa Marta para otro de sus documentales, la cineasta conoció a Alejandra, cuya historia parecía desafiar toda lógica.

“Apenas la conocí inmediatamente me sorprendió lo extraordinario de todo lo que me estaba contando”, recuerda la directora de ‘El agente topo’, ‘La once’ y ‘El salvavidas’, entre otros documentales, en diálogo con BioBioChile.

Lo que podría haber sido un relato sensacionalista sobre una mujer que fingió un embarazo durante meses, se transformó, en manos de Alberdi, en una reflexión profunda sobre las presiones y las expectativas sociales. Para la cineasta, lo relevante no era el qué pasó, sino los porqués: “¿Qué hay en ese entorno que la lleva a eso y cuáles son todas esas presiones invisibles que muchas veces tenemos las mujeres en torno a la maternidad?”, se preguntó desde el inicio.

Maite Alberdi y ‘Un hijo propio’

El documental se estructura en dos partes claramente diferenciadas, que reflejan el propio proceso en que la directora fue conociendo la historia.

La primera sección presenta una puesta en escena de la versión subjetiva de Alejandra, “la historia que ella se cuenta a sí misma”, explica Alberdi. La decisión no es casual: la cineasta vivió ese mismo proceso al conocer primero solo la versión de la protagonista, para luego escuchar otras voces que modificaron su perspectiva.

El punto de quiebre, en palabras de la dos veces nominada al Oscar, ocurre cuando la actriz pasa de intentar ser “una buena mujer casada, con hijos”, al “peor escalafón social de todos, privada de libertad”.

El rodaje se extendió durante cuatro años, dos de ellos con Alejandra finalizando su condena. Este tiempo permitió a Alberdi construir una relación de confianza con todos los involucrados, quienes participaron activamente en la recreación de los hechos. “Fueron muy parte del proceso. El guion está cien por ciento basado en las entrevistas, en lo que ellos nos contaron”, señala la directora.

Se trata de una película que dialoga naturalmente con el trabajo previo de la santiaguina, manteniendo su interés por “personajes dispuestos a mostrar sus fragilidades, dispuestos a mostrar su dolor”.

Alejandra cumplió 13 años de condena por el delito cometido, pero la directora se pregunta si “la sociedad ha pagado la deuda con ella”, describiendo las múltiples fallas del sistema: la ausencia de salud mental tras dos pérdidas gestacionales, un médico incapaz de detectar un embarazo falso, o las brechas de seguridad que permitieron el secuestro, por mencionar algunas.

El desenlace del documental explicita algo que suele quedar implícito en este tipo de trabajos: la distancia entre la mirada del director y la del protagonista. Cuando Alberdi le pregunta a Alejandra cómo terminaría ella esta película, sus respuestas revelan visiones completamente distintas sobre qué constituye un final feliz.

(P): ¿Cuál fue tu primer acercamiento a esta historia?

(R): Conocí a Alejandra haciendo una investigación en la cárcel de Santa Marta para otro proyecto. Y apenas la conocí, inmediatamente me sorprendió lo extraordinario de todo lo que me estaba contando. Claramente, todo lo que pasa en la película está diciendo ‘la realidad supera la ficción’, porque es muy insólito. Pero lo que me hizo conectar con ella rápidamente fue por qué alguien necesita y por qué alguien finge un embarazo todos esos meses, cuál es la necesidad de eso y qué hay detrás, los por qué. Yo creo que es una película que fácilmente pudo haber sido un true crime sobre el ‘qué pasó’. Pero más allá de eso, lo importante es qué pasa en ese entorno que a ella la lleva a eso, y cuáles son todas esas presiones invisibles que muchas veces tenemos las mujeres en torno a la maternidad.

(P): ¿Los protagonistas han podido ver la película? ¿Qué te han dicho?

(R): Sí, siempre veo la película con los personajes antes de estrenarla. Ellos están muy agradecidos porque tuvieron la oportunidad de contar su historia desde otro lugar, porque en realidad solo se había contado desde el delito, desde los medios, pero nadie había hablado de lo que ella vivió previamente. Fueron muy parte del proceso, porque todo lo de la puesta en escena, lo trabajamos juntos. Ellos iban al rodaje, trabajaban con los actores, ensayaban con los actores, entonces fue un proceso muy de la mano donde ellos fueron parte de la película.

(P): ¿Cómo crees que esta película dialoga con tu catálogo?

(R): Creo que dialoga, primero, temáticamente, desde la fragilidad. Mis películas en general tienen personajes dispuestos a mostrar sus fragilidades, dispuestos a mostrar su dolor, a compartirlo. Y en este caso, es una mujer que se equivoca, falla, que muestra ese dolor. Es una película de dos mujeres que sufrieron mucho, finalmente. Formalmente, creo que ‘Un hijo propio’ sí se emparenta mucho con mis películas, en ese límite que muchos me comentan de ¿qué es?, ¿es ficción?, ¿es documental?, ¿es un híbrido? Para mí es un documental, pero claramente explora una forma nueva que yo tampoco había utilizado antes y que para mí fue súper desafiante. Pero es eso, fue como estar empujando la forma.

(P): Al final hay un gesto sanador desde la película hacia su protagonista, quien incluso propone un final para su historia. ¿Es ‘Un hijo propio’ un regalo para Alejandra?

(R): Es lindo eso. No lo había pensado, pero siento que todos los personajes de mis películas finalmente dicen que las películas son regalos. Y me encanta pensar que les estoy haciendo regalos de alguna manera. Y creo que para ella sí es un regalo, porque es una oportunidad de pararse desde otro lugar. Creo que el final es interesante, porque también habla mucho de lo que le pasa a uno como director con los documentales, porque mi punto de vista no es necesariamente el punto de vista de los personajes. Yo le digo, ¿cómo terminarías tú esta película? Y ella me dice algo, yo le respondo, pero su final feliz es otro y a mí su final no me parece feliz, y a ella le parece muy feliz, pero yo la estoy juzgando desde mi mirada. Es muy lindo porque me permite explicitar lo que es algo que a uno siempre le pasa con los documentales. Somos personas distintas mirando un mismo suceso con distintas cargas.