Cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer, el tiempo cambia de escala. Incluso la sola posibilidad de enfrentar esta enfermedad hace que todo se sienta como una carrera contra el reloj. Cada día sin un examen, sin una biopsia o sin un tratamiento oportuno puede marcar una diferencia decisiva e irreversible.
He visto esta realidad como médico y sé que se agrava aún más en regiones como La Araucanía, donde exigimos el avance de un Centro Oncológico Regional que permita fortalecer la atención especializada y evitar que muchas familias deban salir de la zona para acceder a estas prestaciones y tratamientos.
Por eso, el anuncio de incorporar progresivamente todos los tipos de cáncer al GES entre 2028 y 2030 es una de las decisiones sanitarias más importantes que ha tomado nuestro país en los últimos años, y me parece sumamente valorable. No estamos hablando de una enfermedad cualquiera, sino del cáncer: la principal causa de muerte en nuestro país, un diagnóstico que reciben cerca de 60 mil personas al año y que lamentablemente se cobra la vida de alrededor de 30 mil.
Por eso este anuncio, muy esperado, va en la dirección correcta. Chile da un paso importante, pero surge una pregunta ineludible: ¿cómo se sostendrá esta promesa si el sistema de salud actual opera bajo recortes presupuestarios?
Hablamos de un compromiso que trae consigo la obligación implícita de una mayor inversión y financiamiento para diagnósticos tempranos, pabellones, cirugías, tratamientos, medicamentos de vanguardia, especialistas, infraestructura adecuada y una red pública con la capacidad necesaria para responder de manera oportuna. Solo así este compromiso pasará de ser un buen titular en el papel a una respuesta real para miles de familias.
Garantizar la atención del cáncer debe ser un compromiso de Estado que trascienda a los gobiernos de turno. Como médico y parlamentario, entrego toda mi disposición para empujar esta meta, pero con una exigencia clara: las leyes deben respaldarse con recursos concretos. Para que esta promesa sea una realidad en La Araucanía y en todo Chile, el financiamiento tiene que llegar hoy y no en una década más.
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