Artes y Cultura
Sábado 07 julio de 2018 | Publicado a las 22:02 · Actualizado a las 09:45
Cinco momentos que marcaron el concierto sinfónico de Rick Wakeman en Chile
Publicado por: Emilio Contreras
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Anoche, ante un Movistar Arena casi a la mitad de su capacidad habitual, Rick Wakeman (junto a una orquesta sinf√≥nica y un coro conformado especialmente para la ocasi√≥n) concret√≥ su regreso al pa√≠s mostrando parte de su can√≥nico repertorio solista, enraizado en la m√ļsica cl√°sica y en √°lbumes que hoy son objeto de culto en todo el mundo. Aqu√≠, cinco momentos del √≠ntimo reencuentro entre el hist√≥rico tecladista de Yes y sus seguidores chilenos.

Arthur

Nueve y cuarto de la noche y tímidas pifias se escuchan en el Movistar Arena. Con notorios vacíos en el palco y en galería, Rick Wakeman se presentó ante una audiencia transversal y notoriamente adulta, conocedora del universo creativo de Yes pero también de la nomenclatura del compositor.

Por eso, cuando el brit√°nico se sent√≥ frente a un fino piano de cola negro y ejecut√≥ las primeras notas de Arthur, lacanci√≥n que abre el disco The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table, no pocos se tomaron la cabeza en gesto de desesperaci√≥n y adrenalina simult√°nea. Era la primera vez que Wakeman se presentaba en Chile con uno de los trajes que mejor lo resumen: el de m√ļsico sinf√≥nico.

Rick Wakeman | Twitter | @movistararena
Rick Wakeman | Twitter | @movistararena

Gui√Īo a Yes

Quienes fueron en busca de un recuerdo relacionado a Yes, el alma mater de Wakeman, encontraron su recompensa ya avanzaba la primera parte del show, cuando interpretó And You and I ante la complicidad absorta de los espectadores.

La pieza fue seguida por una audiencia atenta a los dedos r√°pidos de uno de los pianistas y tecladistas de referencia del rock progresivo. Un testigo de la m√ļsica popular que ha grabado en estudio con figuras como John Williams, Marc Blan, Cat Stevens y Lou Reed, entre otros.

La canción vino a cerrar la primera parte del setlist, en la que Wakeman apeló a su historia como solista para luego volver a Yes. Más adelante, regaló su versión para Roundabout.

Secuencia Beatle

Uno de los momentos más esperados de la noche fue el dedicado a los covers. En el caso del pianista, esto no se trata de interpretar temas ajenos a su historia personal, sino de recordar amigos, juventud, sesiones de grabación y un pasado de gloria.

Por lo mismo, tuvo palabras para The Beatles antes de presentar dos versiones ‚Äúcompletamente diferentes‚ÄĚ de dicho cat√°logo: Help y Eleanor Rigby, esta √ļltima inspirada en los compositores rusos de la m√ļsica docta que en la versi√≥n del ingl√©s reviven en un frenes√≠ minuciosamente calculado y √©pico.

El cierre lo marc√≥ un aplauso seco al final del ritmo galopante de Eleanor Rigby, que en la versi√≥n de Wakeman (y como suele ocurrir con sus covers) muta a una obra fresca y hasta original, aunque esto no tenga ning√ļn sentido.

‚ÄúA mi amigo‚ÄĚ

Es una postal característica de cada recital de Wakeman, cuando cambia su semblante, habla en serio y presenta con pena Life On Mars?: la canción de David Bowie que grabó con él y donde plasmó una de las líneas de piano más recordadas del rock.

Aqu√≠, el m√ļsico asume la responsabilidad completa: el coro y la orquesta que lo rodean dejan sus instrumentos y lo miran en silencio. Y tal como ocurre cada vez que suena Life On Mars? en alg√ļn lugar del mundo, se escucha d√≥cil el piano de Wakeman, tan sutil como c√≥smico y definitivo, con la diferencia que aqu√≠ no irrumpe nunca la voz de Bowie y la desaz√≥n que eso genera entristece absolutamente la escena.

Emoci√≥n natural en el p√ļblico pero tambi√©n en Rick, quien por un momento deja de lado sus intervenciones ir√≥nicas(“¬ŅSoy el √ļnico que se ha casado cuatro veces aqu√≠”?) para mostrarse met√≥dicamente d√©bil y vulnerable.

Las despedidas

Rick Wakeman abandonó cuatro veces el escenario antes de hacerlo definitivamente. La primera fue la más rimbombante: se despidió con Journey to the Centre of the Earth, en una versión sintética de su segundo disco solista. Un cierre ideal para los fanáticos que a pesar del frío se negaron a abandonar el Arena tras cada encore.

Cuatro canciones antecedieron a Rick en el ida y vuelta, hasta que el ingl√©s tom√≥ el micr√≥fono y pronunci√≥ las √ļltimas palabras de agradecimiento. Y en el acto, asegur√≥ que regresar√≠a el pr√≥ximo a√Īo.

Tras coordinar con m√≠micas y gestos una supuesta firma de vinilos con los fans de la primera fila, y luego de una calurosa despedida, el pianista desapareci√≥ de escena dejando atr√°s a decenas de m√ļsicos y coristas que ensayaron toda la semana con √©l en el Aula Magna de la Universidad Central. Para ellos estuvo dedicado el segundo gran estruendo. La improvisada orquesta cumpli√≥ la misi√≥n e inscribi√≥ en sus bit√°coras personales el hecho de haber sido parte de uno de los conciertos m√°s aut√©nticos de lo que va del a√Īo.

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