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Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.

El documental “Cobija, el misterio de no querer irse”, de Pamela Pequeño, retrata la historia y la vida cotidiana de la caleta al sur de Tocopilla, antiguo puerto boliviano conocido como Lamar. La directora regresa tras la muerte de su tío Damir y, junto a Danilo, explora los misterios y leyendas del lugar, marcado por terremotos, epidemias y el abandono. La cinta también reflexiona sobre una comunidad que, pese a quedar fuera del progreso y la globalización, conserva su modo de vida y un particular encanto.

Al sur de Tocopilla, se encuentra Cobija. Unos años se llamó Lamar, fue el antiguo y único puerto marítimo boliviano.

Hoy, Cobija es un caserío, una caleta pesquera sin tiempo. Parece invisible para quienes pasan por la carretera. Y sus habitantes, fantasmas. Fantasmas tranquilos, de un pasar modesto, pero satisfechos. A pesar de ello, o por eso, Cobija tiene un encanto que hace que las personas se queden y se queden…

Lamar, Cobija y más

El lugar es intrigante. Hay vestigios humanos de, al menos, 9.000 de años. Eran cazadores recolectores. Parece que, desde entonces, el lugar atrapa. Porque no ha dejado de tener presencia humana. Incluso de los conquistadores españoles.

En 1587 fue fundada Santa María Magdalena de Cobija, con iglesia, para evangelizar. Además, el lugar sirvió de refugio para navegantes, contrabandistas y corsarios.

En el s XIX, llegan a Santa María Magdalena de Cobija nuevos aires, la idea un gran porvenir. Y es que, a fines de 1825, Bolivia decidió la creación de Puerto Lamar. La salida al mar para el país, que le permitiera mejorar su comercio internacional.

Pero Cobija quedaba lejos, estaba aislado. Además, el lugar tenía la dificultad de no contar con agua dulce todo el año. Pero el puerto, dinámico y multiétnico, a fines de la década de 1860 y en la de 1870, se ve remecido por una serie de desastres. Un terremoto en 1868, una epidemia de fiebre amarilla en 1869 y un terremoto y maremoto en 1877 la dejaron convertida en ruinas. Esas que todavía subsisten.

Después vendrá la Guerra del Pacífico. Entonces Cobija, o Puerto Lamar, dejará de ser la única salida al mar que tuvo Bolivia. Y volverá a ser un asentamiento de recolectores…

Cobija, de Pamela Pequeño

Tío Damir

“Tío Damir, vuelvo a Cobija después de tu muerte. Embrujada por este lugar.”

El documental de Pamela Pequeño (Santiago, 1962) es un retrato sensible de una comunidad a partir de la relación afectiva de la directora con Cobija. En especial con su tío Damir y los entrañables recuerdos de sus vacaciones allí.

Tras la muerte de Damir, Pamela Pequeño (La hija de O’Higgins) regresa e indaga con Danilo, una especie de socio de su tío en la búsqueda de un mítico tesoro, sobre la historia y misterios de Cobija.

El documental es un deambular buscando los secretos de un lugar que atrapa, de una comunidad que, con sus conflictos, logra vivir de manera apacible y la infancia feliz de la directora en ese lugar perdido. De esa “patria” o “matria” que es la infancia cuando ha sido así: feliz, llena de fantasía y misterios.

Sin embargo, en el proceso de realizar el documental, Danilo muere ahogado. En ese momento, se cierra una historia y se abren nuevos misterios.

“Se fue a la tumba con la historia de nuestro pueblo.”

La necesidad de mitos

El documental de Pamela Pequeño permite muchas miradas, tiene distintas capas. Por ejemplo, la necesidad de toda comunidad de tener creencias, una historia común, mitos. Grandes o pequeños, pero vivos.

“En el pueblo cuentan que Danilo escondió el tesoro.”

Cobija alberga muchos secretos, misterios. Algunos insisten en el mandinga, de que se ha visto en esos lugares. Y en la existencia de “entierros”, no solo de uno indígena o del que visitan, esporádicamente, turistas. De tesoros.

Una globalización que nos hace invisibles

“A Cobija la han dado por muerta tantas veces que se ha vuelto invisible para el mundo.”

El llamado progreso, con sus luces, y la globalización, que todo lo va uniformando, dejan fuera y sin piedad todo lo que no sigue su ritmo. Todo lo que no es rentable o no se puede monetizar. Todo lo que no está lleno de estímulos llamativos.

Cobija está fuera “del sistema” hace un siglo y medio. Sus habitantes parecen (semi) nómadas. Tienen televisores, celulares e internet, pero viven como hace cincuenta años o más. Y, posiblemente, seguirán viviendo así.

Pamela Pequeño busca los misterios de un lugar y una comunidad que vive fuera del sistema. Que no quiere cambiar y, aparentemente, no se somete a un modelo alienante. Una comunidad que, sin propuestas utópicas o ideológicas alternativas, simplemente vive… muy parecido a como habitaron, ahí mismo, los Changos. Recolectando lo que el mar les da y haciendo pequeños trabajos.

“Cobija tiene un encanto que no te deja ir. Te quedai y te quedai.”

Cobija, de Pamela Pequeño

Cobija

El misterio de no querer irse

Dirección y guion: Pamela Pequeño
Dirección fotografía y cámara: Diego pequeño
Montaje: Javiera Velozo Saldivia

Funciones

Jueves 29 de octubre 18:45 horas.
Centro Arte Alameda.
Estreno en salas.

Viernes 30 octubre 19 horas
Sala Ñuñoa
Casa de la Cultura de Ñuñoa.

Miércoles 4 de noviembre 19:00 horas.
Sala K

Sábado 28 de noviembre, 20 horas
Estreno en la localidad Cobija, región Antofagasta

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