Resumen generado con una herramienta de Inteligencia Artificial desarrollada por BioBioChile y revisado por el autor de este artículo.
Carlos Aedo, director de teatro, desafía prejuicios sobre la vejez con su obra "La Isla de los Viejos", que destaca las experiencias de actores mayores en una sociedad que los margina. A través de testimonios reales, la obra busca reflexionar sobre el aislamiento social de las personas mayores y cambiar la percepción negativa hacia el envejecimiento. El elenco, de edades entre 61 y 82 años, comparte historias personales que abordan la memoria, la soledad y la libertad en la vejez.
Un término dicho como insulto, esta vez se usa para confrontar los prejuicios sociales e incentivar “una nueva mirada hacia el envejecimiento”. Sidarte, desde el 14 de mayo.
Por Leopoldo Pulgar Ibarra
Es un hombre tranquilo, pero cuando se refiere a las personas y grupos con los que hace teatro -y por extensión, a todas las personas mayores- su pulso se agita y el temperamento de artista en acción se endurece tras un objetivo difícii de alcanzar, pese a los avances.
Y aunque también es muy pacífico, se muestra dispuesto a “confrontar prejuicios”, además de subrayar con énfasis que “lo que hay que cambiar es la cultura”. Un esfuerzo que Carlos Aedo manifiesta nuevamente en el segundo título de su Trilogía de la Vejez que comenzó con El Plan: actrices sin diploma.
Esta vez convocó a actores y actrices profesionales de larga trayectoria sin trabajo… por viejos, según esa ley invisible que opera de manera hipócrita.
Son cinco seleccionados del medio centenar que asistió a una audición para un proyeco de artes escénicas “que explora y aborda el envejecimiento de las personas y el aislamiento social en la vejez, en un contexto de creciente deshumanización”.
El mismo tema de la organización que fundó Aedo hace ocho años –Gerocultura– con la cual ha tejido relaciones de financiamiento que le permiten desarrollar un amplio trabajo, con la colaboración de diversos profesionales.
En La Isla de los Viejos las historias son reales. Las aporta el elenco y se despliegan en escena con ellas y ellos como protagonistas. También realizan coreografias mientras se mueven constantemente y se encargan de un monólogo sobre sus vidas. Incluso ellos mismos graban la obra, imágenes que se proyectan en tiempo real.
En esta propuesta de ficción y realidad, “buscamos instalar una reflexión sobre la exclusión y el aislamiento social que viven las personas mayores, muchas viviendo relegadas a espacios impropios, determinados y carentes de autonomía”, dice Carlos Aedo, director de La Isla de los Viejos.
Metáfora de la vida
¿No hay algo despectivo al poner “viejo” en el título?
“A propósito titulamos la obra así, para confrontar esa mirada negativa desde un lugar que definimos como positivo. Es una apuesta para conversar sobre cómo en nuestra cultura estamos mirando a la gente de más edad.
“Actualmente, decir ´viejo` es aludir a algo desechable, negativo. Fíjate también que desde hace tiempo se dice tercera edad, adulto mayor, persona mayor, etcétera, etcétera. Por eso, lo primero que tenemos que cambiar es la cultura y la mirada sobre el envejecimiento.
“Además, como metáfora, el título hace mención al aislamiento que ellos viven y a que estamos conformando islas sociales.
“Y no podemos olvidar que los jóvenes aportan grandes índices de suicidio y, a continuación, las personas mayores: tienen sintomatología de soledad, depresión e incomprensión profundas”. La isla de los viejos, Gerocultura
¿Lo conversaron con el elenco?
“Sí. Todos mis trabajos nacen de la investigación en el laboratorio teatral. Me estaría pisando la cola si hiciera procesos creativos, solo a partir de lo que pienso. No soy viejo, pero tengo una conexión muy profunda con el tema. Nuestros protagonistas, en el proceso de creación, pudieron expresar cómo perciben la realidad”.
¿Qué procedimientos se usaron para elegir el elenco?
“Con nuestro equipo –antropólogos, expertos en vejez– pauteamos preguntas para detectar personas mayores de edades entre 60 y 90 años. Era importante hablar de las diversas vejeces.
“Luego se hicieron preguntas como si se estuvieran en una isla: ¿con quién te relacionarías, qué harías? O ´ ¿cómo te imaginas estar en la isla?´ También hicimos preguntas sobre la muerte y los miedos de cada uno.
“Lo que ellos más destacaron del casting fue su cercanía, sentarse a conversar de manera respetuosa y transversal. Incluso, existía la posibilidad de que nos interpelaran. Había una cámara funcionando, porque teníamos que registrar estas entrevistas”.
Edades e impactos
¿Y cómo evaluaron las cualidades o habilidades artísticas y físicas?
“A partir de lo que nos parecía interesante en la entrevista. Por ejemplo: ´¿tienes algún tipo de habilidad que te gustaría compartirnos?´ Y, claro, si alguien decía ´yo canto´, le pediríamos que cantara si fuese necesario. Si lo decían era porque era así. No era necesario entrar en la convención tradicional de los castings”.
¿Hay algo especial que te impactó y recogiste en las respuestas?
“Sí, hubo algo clave. Como actores y actrices no les cuesta hablar de la interioridad de sus personajes… pero hablar de sí mismo es muy difícil. No hubo tabúes ni miedos. Por cierto, algún recelo. Es una obra de teatro documental y biográfico”.
¿Entre qué edades quedó el elenco?
“Lorena Prada tiene 61, Pelusa Troncoso 82 y todos los demás alrededor de 70. Hay una diferencia de 20 años, lo que es muy interesante, porque ese rango la obra lo trabaja de varios modos. En lo que cuenta cada uno, la forma de escuchar, las pausas que hacen, los momentos de ansiedad, angustia o desesperación por estar más calmados y plenos”.
La isla de los viejos, Gerocultura
Historias personales e isleñas
”Tal como lo dice el título, el montaje habla de una ficción en que cinco personas mayores caen en una isla de manera inexplicable. Así, poco a poco, se contarán en modo íntimo sus historias y vivencias. En cada una se resalta un concepto determinado que vive la vejez.
“Una de las actrices destaca la importancia de la memoria al hablar sobre la dictadura, donde fue censurada… Lo que prevalece es recordar y preservar la memoria. Esto puede relacionarse con personas mayores repetitivas en sus recuerdos… Así cada uno va contando algo distinto.
“Otra hace una revisión de su vida, cuestiona su relación con el trabajo y quiere saber si lo había hecho bien o no como madre; un actor recordó que a los 50 recién se dio cuenta que era un paquete, preocupado de banalidades, y que después de los 60 años empezó a sentirse libre.
“Otra actriz narra que toda su vida ha vivido sola, aunque tiene un hijo, y que no le teme a la soledad, porque desde pequeña aprendió a pararse sola… nunca tuvo apoyo. Se reflexionó sobre el disfrute de vivir solo cuando se elige de manera consciente. Y otro actor expuso lo que vive: luego de estar tanto tiempo en el teatro, de la noche a la mañana ya no está en los escenarios”.
“Se ponen de acuerdo en cómo convivir y enfrentar la energía de esta isla misteriosa, metáfora de un asilo de ancianos, un espacio público o una isla geográfica… Están moviéndose, articulando o poniéndose al servicio de la escena. Hacen una vida cotidiana, doméstica: ´¿qué vamos a hacer?´ y sacan un calendario.
“Pero no es tan simple: también se pasan a llevar, entran en contradicciones… En otros momentos se habla sobre la muerte para ponerse de acuerdo donde sepultar al fallecido Hay opiniones diversas”.
¿Juegan el mar y el agua alguna función en esta isla?
“No. En escena hay juegos y en el escenario tenemos una gran mesa de laboratorio y maquetas que se van mostrando al público, al que también se graba. Todo ese material proyectado forma parte de la escenografía, del escenario y del relato”.
La isla de los viejos, Gerocultura
La isla de los viejos
Dramaturgia y dirección: Carlos Aedo Casarino
Elenco: Lorena Prada, Pelusa Troncoso, Corina Posada, Hernán Vallejo, Julio Ramírez.
Actores de reemplazo: Nicolás Bastías, María Ester Messina
Investigación: Eugenio Gutiérrez
Diseño integral: Gabriela Torrejón
Diseño musical: Mauricio Flores
Asistencia dirección: Enrique Aguirre
Diseño medial y audiovisual: Daniela Miranda
Jefe técnico: Eleodoro Araya
Asistencia técnica: Millaray Colihuinca, Fernanda Lira
Diseño gráfico: Eduardo Cerón
Diseño dossier: Josefa Henríquez
Comunicaciones: Romina López
Financia: Mincap
Producción: Gerocultura
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