Artes y Cultura
Miércoles 08 agosto de 2018 | Publicado a las 09:42
El Patrimonio Cultural es un campo de lucha ideológica sobre lo que queremos ser
Publicado por: Ezio Mosciatti
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La definición central es quiénes definen y a través de qué procesos lo que queremos ser. Y ese quiénes y cómo tiene un trasfondo político e ideológico.

El Patrimonio Cultural es lo que un grupo, una comunidad o la sociedad, valora de su pasado, de su historia, artes, artesanía, costumbres, fiestas, etc.

El Patrimonio Cultural es, en buena medida, lo que queremos ser ‚Äďy lo que otros quieren que seamos- en base a lo que hemos sido, lo que hemos hecho en el pasado.

Lo anterior ‚Äďlo que queremos ser y lo que otros quieren que seamos- es fundamental entenderlo, porque de ello depende lo que valoramos, lo que protegemos, conservamos.

En este sentido, el Patrimonio Cultural es un acto de voluntad que debiera ser consciente y explícito.

Patrimonio Cultural: lo que queremos ser

Lo que queremos ser es una pregunta profunda, esencial, que no se responde de manera r√°pida, ‚Äúa la r√°pida‚ÄĚ, en forma ‚Äúejecutiva‚ÄĚ, ‚Äúeficiente‚ÄĚ. Eso porque, en el fondo, al preguntarnos por la sociedad que deseamos ser estamos definiendo nuestro futuro social y pol√≠tico. S√≥lo al responder esa pregunta estaremos en condiciones de saber en forma consciente qu√© valoramos de nuestro pasado material e inmaterial y, por lo tanto, qu√© protegemos.

No es casual que la evoluci√≥n de la humanidad se vea directamente reflejada en lo que, en las distintas comunidades, ha ido conservando. Si originalmente se proteg√≠an iglesias, palacios y construcciones militares ‚Äďes decir los grandes poderes- hoy se valoran muchos m√°s aspectos, reflejando una concepci√≥n de sociedad mucho m√°s diversa, compleja e inclusiva: m√°s democr√°tica.

¬ŅQui√©nes definen lo que queremos ser?

El punto entonces no es sólo la pregunta sobre qué queremos ser y por lo tanto qué protegemos, sino a quiénes designamos para que respondan esa pregunta.

Hoy se (re)levanta la propuesta que el Patrimonio Cultural lo debe definir un grupo reducido de funcionarios p√ļblicos (que responden al gobierno de turno) y de ‚Äúespecialistas‚ÄĚ, esos ‚Äúsabelotodo‚ÄĚ que tienen un largo curr√≠culo acad√©mico, muchas publicaciones, que saben cientos de citas de otros tantos acad√©micos e intelectuales muy valiosos. Gente muy respetable y respetada.

Hoy, la gran disputa en el √°mbito del Patrimonio Cultural -a m√≠ entender- es decidir qui√©nes ser√°n los que definir√°n qu√© es Patrimonio, con qu√© procedimientos y con cu√°les categor√≠as. Y la definici√≥n de esos ‚Äúqui√©nes‚ÄĚ (representantes de instituciones, organizaciones, √°mbitos, comunidades) tendr√° impl√≠cita una definici√≥n de la sociedad que queremos ser.

El Patrimonio Cultural, como definición de elementos simbólicos de distintas escalas, es un terreno político, es una lucha política sobre la definición de sociedad que queremos preservar o imponer.

Es ingenuo o abiertamente un enga√Īo pensar que este tema es un ‚Äúasunto de especialistas‚ÄĚ. Detr√°s de ese argumento, consciente o inconscientemente, est√° la voluntad de reducir la pugna a los grandes poderes dejando fuera a las comunidades, a las diversas minor√≠as sin poder, e incluso a una mayor√≠a sin poder.

La lucha por la identidad, por lo que se quiere ser, es tan potente e importante porque con ella se pueden borrar luchas, identidades, comunidades. Puede ser un triunfo aplastante del mercado, ese que anula, que intenta transformarnos en borregos.

Foto de Pablo Ovalle, Agencia UNO (c)
Foto de Pablo Ovalle, Agencia UNO (c)

Lo que quieren que seamos: víctimas de la industria del turismo

Es indudable que no somos refractarios a lo que otros piensan y opinan de nosotros. Un ejemplo b√°sico es c√≥mo algunas comunidades se ven afectadas y modificadas por el turismo ‚Äďuna mezcla entre lo que los visitantes opinan y y lo que consumen-, transform√°ndolas en algunos casos extremos en verdaderas representaciones de lo que ‚Äúbuscan‚ÄĚ encontrar los visitantes y as√≠ responder a las expectativas generadas por la industria del turismo.

El Patrimonio Cultural debe ser una mezcla de los sentires y deseos de las comunidades locales con ideales e imaginarios regionales y nacionales, sin ser inmunes a la globalización.

Lo anterior debe ser construido con las comunidades, las que deben ser fortalecidas y reapropiarse de sus barrios, sus ciudades, sus entornos.

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