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Las √ļltimas horas de Nabila Rifo antes del ataque que conmocion√≥ al pa√≠s
Publicado por: Monserrat Valenzuela
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Ninguno de los amigos que estaba reunido esa noche en casa de Mauricio Ortega, pensó que él cumpliría su promesa de matarla o que, al menos, trataría.

Habían tomado whisky y ron para entibiar los cuerpos. Hacía frío en Coyhaique y la reunión había comenzado temprano. Tuvieron tiempo de comer, bailar y reír. Y también para discutir.

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“Me cagaste con la plata y el auto” le record√≥ ella, despertando la ira del mec√°nico. “No seas mal agradecida, te tengo el refrigerador lleno, maraca”, espet√≥ √©l con furia, sin importarle la presencia de los amigos.

Los malos tratos eran habituales en la casa de los “chapistas”, apodo que le hab√≠an entregado los vecinos debido al oficio de Mauricio de arreglar cerraduras de autos. Esa noche, su rabia contenida tendr√≠a un punto de ebullici√≥n. Y de haber sabido el desenlace, los amigos hubieran hecho mayores esfuerzos por evitarlo.

Mauricio Ortega, Nabila y los dos hijos de ambos

Mauricio Ortega, Nabila y los dos hijos de ambos

Bailaban y √©l la empujaba. Conversaban y √©l la increpaba. Cada vez m√°s ebrio, aument√≥ el registro de groser√≠as que le escup√≠a a la madre de sus peque√Īos hijos, de 4 y 2 a√Īos. A su “se√Īora”, como la presentaba en p√ļblico.

Pero esa noche estaba m√°s enojado que en otras ocasiones. Se abalanzaba sobre ella con el af√°n de pegarle. Los dem√°s se interpon√≠an entre los golpes. En un minuto, descarg√≥ su ira con la lavadora y la rompi√≥ a golpes. “Malagradecida”, repet√≠a sin parar.

“Est√°n peleando y le est√° gritando garabatos muy feos a mi mam√°, t√≠a. Venga a buscarnos”, escrib√≠a uno de los hijos de Nabila por WhatsApp. “Mi mam√° tambi√©n est√° rompiendo cosas y gritando”.

Los ni√Īos fueron sacados de la casa, para evitar que siguieran viendo la pelea. La t√≠a se los llev√≥ donde la abuela. Ya eran las 4 AM cuando √©l lo decidi√≥: “Te voy a matar, conchetumadre” le advirti√≥ un macizo y tambaleante Mauricio a una temerosa Melisa, como le dec√≠an sus amigos. La empujaba y le tiraba la ropa.

“C√°lmate hue√≥n, por favor” le ped√≠an los presentes, quienes apoyaron la idea de Mauricio de tomar el auto e irse de la casa.

Ofuscado, tomó la llave y se dispuso a sacar el vehículo del estacionamiento. Sin embargo, la camioneta de su padre estaba estacionada detrás del auto, así que tuvo que devolverse.

A esas alturas, los invitados tomaban sus cosas para irse. Llave en mano, Mauricio salió a despedirlos: la fiesta había terminado, pero la discusión no.

Tras el ataque

El relato de los testigos se retoma con Nabila en la calle a 200 metros de la casa, gritando de dolor. Un joven de 17 a√Īos estaba “tarreando” con sus amigos cuando escuch√≥ el clamor de la joven madre y llam√≥ a Carabineros.

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A los tres minutos volvió a llamar, esta vez muy nervioso y en su relato dijo ver a un hombre de rodillas que atacaba a una mujer, moviendo ambos brazos de arriba a abajo. Que incluso después de golpearla y abandonarla, se devolvió para seguir pegándole. Luego se fue corriendo.

Lugar donde encontraron a Nabila | Henry Burrows | RBB

Lugar donde encontraron a Nabila | Henry Burrows | RBB

El adolescente fue el primero en ver a Nabila después del ataque y quedó tan shockeado que abandonó la ciudad.

Su rostro qued√≥ irreconocible: Nabila Rifo, de 28 a√Īos, yac√≠a parcialmente vestida, con se√Īales de haber sido abusada sexualmente, al borde de la hipotermia, con m√ļltiples fracturas, sin algunos dientes y sin sus ojos.

La fiscalía cree que fue la llave la herramienta usada por el agresor para extirparle ambos glóbulos oculares después del ataque, porque fue encontrada a centímetros de su cuerpo.

De no haber sido encontrada por Carabineros, Nabila muere a las 12 horas y Ortega hubiese cumplido su promesa.

No era la primera vez

Pero esa noche no era la primera vez que Mauricio amenazaba a Nabila. El a√Īo pasado, en septiembre, rompi√≥ la puerta de la casa con un hacha amenazando con matarla.

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Tras este hecho, Nabila interpuso una denuncia por violencia intrafamiliar, que poco después retiró con el compromiso de Mauricio de cambiar. Por ella y por sus hijos. Volvieron e incluso se fueron a vivir juntos.

Facebook de Nabila

Facebook de Nabila

√Čl insist√≠a con ningunearla: la trataba de “cacho”, de “mantenida”, a√ļn cuando Nabila vend√≠a muebles que promocionaba en Facebook hasta por $400 mil. Ning√ļn esfuerzo era suficiente, siempre le recriminaba que era √©l el que financiaba los gastos de la casa y a los cuatro hijos de ella, de los que s√≥lo dos eran suyos.

Los vecinos la califican como una mujer “muy trabajadora” y buena madre. No dudan de que los hijos ser√°n su primer recuerdo cuando despierte del coma inducido y se d√© cuenta que sus p√°rpados quedaron cerrados a perpetuidad.

“Seguro lamentar√° no poder verlos crecer”, especulan algunos.

Cuatro hijos que a√ļn no saben qu√© pas√≥ con su madre. La abuela materna les habl√≥ de un viaje, que s√≥lo Dios sabe cu√°ndo terminar√°.

Mauricio Ortega fue formalizado la semana pasada acusado del delito de femicidio frustrado por el brutal ataque que sufri√≥ Nabila, ocurrido en la madrugada del s√°bado 14 de mayo. Hasta el momento es el √ļnico imputado en la causa que indaga el Ministerio P√ļblico.

Los hechos sucedieron luego que la víctima participara de una fiesta donde también estaba Ortega.

La mujer se encuentra internada en la ex Posta Central, esto en la Región Metropolitana, hasta donde fue trasladada para iniciar el complejo proceso de recuperación física y sicológica tras lo ocurrido.

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