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Lo que no puedes detener
Publicado por: Christian Leal
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La historia de la humanidad se ha basado desde sus inicios en el “yo tengo m√°s derechos que t√ļ”.

Incluso los sabios atenienses, precursores de la democracia y a quienes debemos el concepto de que cada ciudadano tiene derecho a decidir sobre los destinos de su sociedad, dejaban bien en claro que, bueno, no todos eran ciudadanos, ya que los esclavos y otros pueblos “inferiores” no ten√≠an ese derecho.

Todos somos iguales, pero… algunos m√°s iguales que otros.

Ya a fines del siglo XVII, los co-regentes de Inglaterra Guillermo y Mar√≠a aceptaron firmar la Carta de Derechos de 1689, bajo la cual pon√≠an coto al hasta entonces ilimitado e incluso desquiciado poder de los reyes brit√°nicos (pregunten por Enrique VIII), otorgando una que otra garant√≠a a la gente com√ļn (como que no te desmembrar√≠an por ser cat√≥lico) y entreg√°ndole progresivamente poder de decisi√≥n al Parlamento, lo que sent√≥ las bases para su actual monarqu√≠a constitucional.

En Francia no se tomaron muy en serio el tema y como sabemos, a causa de ello el rey Luis XVI termin√≥ perdiendo la cabeza (literalmente) a fines del siglo XVIII. Fue el inicio de la Revoluci√≥n Francesa, y de la primera vez que se escuch√≥ eso de que un pueblo ten√≠a derecho a autodeterminarse y que “todos los hombres somos iguales“.

Bueno los hombres… no las mujeres.

De hecho, las mujeres recién comenzaron a tener derecho a voto a fines del siglo XIX (en nuestro país, limitado a elecciones municipales desde 1931 y total en 1949), pues previamente eran consideradas demasiado ingenuas (tontas) y que abandonarían su deber de madres si se inmiscuían en política.

(En Arabia Saudita reci√©n podr√°n votar a partir de este a√Īo).

www.borgenmagazine.com

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Para qu√© hablar de los indios y los negros. Con ellos el tema ni siquiera era si ten√≠an derechos, sino si es que eran seres humanos en primer lugar. Mantener aquella duda fue el gran aliciente econ√≥mico que permiti√≥ a muchos pa√≠ses -entre ellos Estados Unidos- afirmar en su constituci√≥n que “todos los hombres son creados iguales“, sin afectar el gran negocio de la esclavitud debido a que, en realidad, lidiaban con animales, tan transables como una vaca o un cerdo.

Tuvo que desatarse la guerra m√°s sangrienta que haya visto la naci√≥n norteamericana para que finalmente, los estados del sur fueran obligados a ca√Īonazos a liberar a sus esclavos y descubrir que… ¬°Wow! En realidad eran personas. Habernos dicho antes…

Universidad de Virginia

Universidad de Virginia

Claro que… no tan personas como los blancos. Tras obtener su libertad, los descendientes afroamericanos debieron luchar durante otro siglo por obtener igualdad de derechos con sus compatriotas cauc√°sicos. Y esto no s√≥lo en el derecho a voto (un voto negro equival√≠a a 1/5 de voto blanco), sino en el derecho a ocupar los mismos buses, asistir a las mismas escuelas e incluso ocupar los mismos ba√Īos (como si cag√°ramos diferente).

En Sudáfrica, antigua colonia británica, la misma política del apharteid provocó tensiones que, pese a las atrocidades cometidas por la minoría blanca en el gobierno y la presión internacional, se mantuvo hasta entrados los 90, cuando el presidente De Klerk y el líder opositor Nelson Mandela, acordaron terminar con las odiosas diferencias y permitir el sufragio universal.

Desde luego, no todos los casos de discriminaci√≥n tienen que ver con sexo o color de piel. La religi√≥n -sobre todo las monote√≠stas, due√Īas del dios verdadero y por ende de la verdad absoluta- tambi√©n ha sido un factor dominante en separar a lobos de ovejas.

S√≥lo en Chile, hasta que se dictaron las leyes laicas en 1885, todos los camposantos eran controlados por la santa Iglesia Cat√≥lica, quien decid√≠a quien merec√≠a ser sepultado dentro del cementerio con todos los ritos correspondientes, o fuera de √©l sin siquiera una l√°pida, ya fuera por ad√ļltero, divorciado, hereje o suicida.

Perd√≥n, ¬Ņdije divorciado? Quise decir separado de hecho, porque en Chile nadie pod√≠a divorciarse oficialmente hasta 2004, cuando nuestros parlamentarios le bajaron el volumen al Cardenal Medina y entendieron -a duras penas- que la gente no s√≥lo tiene derecho a equivocarse sino tambi√©n a enmendar sus relaciones personales.

¬ŅQu√© tienen de com√ļn todos estos casos, desde el particular concepto de democracia ateniense hasta el divorcio a la chilena?

Que ning√ļn poder pol√≠tico o religioso pudo detenerlo.

Se le llama progreso. Y hoy Chile dio un nuevo paso al aceptar el matrimonio homosexual… aunque con otro nombre por ahora, para que nadie quede con la idea de que su boda vale menos: Acuerdo de Uni√≥n Civil o AUC.

Por ahora ll√°menlo como quieran. Dentro de algunos a√Īos ser√° matrimonio -as√≠ como antes del divorcio exist√≠a la nulidad- y en otros tantos m√°s, se les permitir√° adoptar como cualquier pareja capaz de prodigar cuidados y amor a un ni√Īo en necesidad.

Tal como recita Peter Gabriel en Biko:

“Puedes soplar una vela, pero no puedes soplar una fogata.
Cuando el fuego comienza a prender, el viento s√≥lo lo har√° m√°s grande”
.

PD: Y a quienes siguen aproblemados sobre ‘c√≥mo le explican a sus hijos peque√Īos que vieron a dos hombres/mujeres bes√°ndose en la calle’, s√≥lo d√≠ganles: “Porque se aman”.

Victor Salazar | Agencia Uno

Victor Salazar | Agencia Uno

Christian F. Leal Reyes
Periodista
Director de BioBioChile

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