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‘La vida de Ad√®le’ gan√≥ Cannes 2013: La historia de amor l√©sbico que estremece al cine mundial
Publicado por: Cristi√°n Verscheure
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Pel√≠cula de tres horas sobre la relaci√≥n apasionada de dos j√≥venes mujeres en la Francia de hoy, ‘La vida de Ad√®le’ sedujo al jurado presidido por Steven Spielberg e instal√≥ una nueva manera de mostrar el sexo y las emociones que rigen la vida.

Por René Naranjo S.

Hace mucho que el Festival de Cannes no ten√≠a como ganadora a una pel√≠cula con tanta carga explosiva como ‘La vida de Ad√®le’. La Palma de Oro hab√≠a premiado filmes muy bien realizados y plenos de sentido, como ‘El √°rbol de la vida’ (2010) y Amour’ (2012); desoladores como ‘Cuatro meses, tres semanas y dos d√≠as (2007) y colmados de emoci√≥n y sensibilidad, como ‘La habitaci√≥n del hijo’ (2001), pero habr√≠a que retroceder probablemente hasta 1994, cuando Tarantino se impuso con ‘Pulp Fiction’, para encontrar otro filme capaz de hacer saltar las referencias dominantes en el cine global tanto en estilo como en tema.

‘La vida de Ad√®le’, quinto largometraje del director franc√©s de origen tunecino Abdellatif Kechiche, posee justamente ese poder. Es una pel√≠cula que quiebra moldes y desaf√≠a todas esas f√≥rmulas aparentemente tan consolidadas que rigen las formas de producci√≥n del cine contempor√°neo. Y lo hace con ese infalible recurso que hoy parece tan extraviado e inalcanzable: atrapar un momento de vida.

La pel√≠cula, efectivamente, est√° concebida como el retrato de la vida de Ad√®le (interprtada de forma impresionante por Ad√®le Exarchopoulos), adolescente de 15 a√Īos que estudia en la secundaria y que empieza a salir con muchachos. As√≠ entabla una relaci√≥n con Thomas (Jeremy Laheurte), chico sensible con el que descubre el sexo. Pero Ad√®le se inquieta porque siente que algo falta. Y esa inquietud genera una b√ļsqueda en ella, que a los 17 la llevar√° a cruzar el camino de Emma (L√©a Seydoux), joven de pelo azul que ya cursa estudios superiores de Bellas Artes y que tiene muy asumido que le gustan las mujeres.

Todo este proceso es mostrado por Kechiche con una naturalidad tan sorprendente como esplendorosa, al punto que por momentos parece que las protagonistas est√°n interpretando sus propias historias personales. Cada instante est√° lleno de vida y verdad cinematogr√°fica, dotado de una espont√°nea luminosidad que se ve ajena a cualquier manipulaci√≥n. Ad√®le entabla su primer di√°logo con Emma en un bar gay, se r√≠en, coquetean; otro d√≠a se juntan en una plaza y hablan de Sartre y de Bob Marley, y en otra jornada participan de una gran marcha por una mejor educaci√≥n; cuando las compa√Īeras de curso la molestan la llaman lesbiana, Ad√®le se enfurece y busca refugio en la madura protecci√≥n de Emma; cuando pasa el tiempo, la relaci√≥n se consolida y las dos j√≥venes se van a vivir juntas.

Es ahí cuando, en este flujo de extrema sensación de realidad, llega la escena de sexo lésbico que puso incómodo a más de alguien en las funciones en Cannes. Se trata de una escena de al menos cinco minutos, en que no hay pudores ni nada que cubra los cuerpos, y en que los primeros planos exponen toda la intensidad del placentero descubrimiento físico y sexual que experimenta Adèle. Las dos actrices están lanzadas a vivir este encuentro con todos sus sentidos al máximo, y el resultado es de una potencia y un erotismo rara vez vistos en el cine.

Muchas veces, sobre todo en el cine de consumo industrial, el sexo est√° puesto como por obligaci√≥n, filmado de manera rutinaria y presentado de forma predecible. En ‘La vida de Ad√®le’, la expresi√≥n de la sexualidad es un torbellino imparable sin el cual toda la pel√≠cula perder√≠a parte de su sentido. La fuerza con que ambas protagonistas viven ese instante es, como en la vida misma, fundamental para entender todo lo que van a vivir despu√©s, para dar cuenta de verdad de lo que ser√° la evoluci√≥n de los sentimientos de ambas. El sexo expuesto as√≠, de forma directa y sin zonas prohibidas, es tambi√©n la mejor manera de humanizarlo. Y gran parte de la potencia de ‘La vida de Ad√®le’ reside en hacernos sentir que esta historia de amores, ilusiones, desenga√Īos y quebrantos la hemos vivido, de una manera u otra, cada uno de nosotros.

El filme est√° concebido de principio a fin como un flujo vital, y por eso, cuando tras sus tres inolvidables horas de proyecci√≥n, la pantalla se va a negro, un t√≠tulo inesperado que define lo que acabamos de ver como ‘Cap√≠tulos 1 y 2′ advierte que esta historia continuar√°, como si se tratara de una serie por entregas. El mensaje es n√≠tido y estimulante: la vida de Ad√®le prosigue, y las nuestras tambi√©n. A vivirlas sin pausa y sin miedo!

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