Notas
De espectadores a protagonistas
Publicado por: Ricardo Bustamante
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Se suele confundir en muchos sentidos a la sociedad civil organizada con los movimientos sociales.

Y es que no hay que perder de vista que se identifica a la primera con el conjunto de organizaciones e instituciones cívicas voluntarias y sociales que fungen como mediadores entre los individuos y el Estado (Alexis de Tocqueville), lo que incluye a las ONGs, asociaciones y fundaciones.

Mientras que los segundos son actores pol√≠ticos colectivos de car√°cter movilizador que persiguen objetivos de cambio a trav√©s de acciones generalmente no convencionales o contenciosas, y que para ello act√ļan con cierta continuidad por medio de un alto nivel de integraci√≥n simb√≥lica y un bajo nivel de especificaci√≥n de roles (Salvador Mart√≠ i Puig).

Sin embargo, ambas definiciones y realidades pasan a planos posteriores cuando confluyen en un elemento en com√ļn, y es que buscan expandir y tambi√©n allanar los l√≠mites que tiene el Estado con sus ciudadanos.

Convivencia muy distante y dicotómica en Chile, en la práctica desde el quiebre institucional que significó el Golpe de Estado de 1973, sumado al paulatino distanciamiento de los gobiernos democráticos -desde 1990- con las demandas ciudadanas, como la descomposición de nuestro tejido social.

Es precisamente esa abultada deuda de los gobiernos chilenos, y por consiguiente del Estado en su totalidad, la que comenz√≥ a destaparse ‚Äď cual olla a presi√≥n ‚Äď en el a√Īo 2006 y el 2011 con las demandas del movimiento estudiantil. Bandera de lucha y envi√≥n an√≠mico-social que han sabido tomar √ļltimamente, el movimiento sindical (portuarios, trabajadores del cobre, y otros) para exigir sus demandas.

En consecuencia, hoy podemos ver c√≥mo los candidatos presidenciables comienzan a mostrar sus diferencias y/o matices en sus programas, sin poder soslayar las demandas ciudadanas expresadas en los √ļltimos a√Īos. No obstante, la suspicacia se nos viene encima en este a√Īo electoral.

¬ŅEsta incipiente apertura a las exigencias y reformas sociales (educaci√≥n, sistema de pensiones, salud, y otras) provienen de la m√©dula de sus convicciones? ¬ŅO es s√≥lo oportunismo pol√≠tico?

Muchos podr√°n se√Īalar que las demandas sociales, hoy m√°s que nunca, son presa de la utilizaci√≥n pol√≠tica de uno y otro bloque, sin embargo, pocos podr√°n negar que despu√©s de 23 a√Īos sea la ciudadan√≠a – en la calle – la que est√° pauteando la agenda de nuestros futuros gobernantes.

Independientemente de los enclaves constitucionales que atentan contra nuestra democracia, léase, sistema electoral binominal, la existencia de un Tribunal Constitucional, o que sea legal romper huelgas con reemplazos, o el hecho de que un Congreso dividido no de espacio a reformas estructurales, la paulatina recomposición del tejido social y la renaciente pro-actividad de la ciudadanía es una realidad que llegó para quedarse. Eso sí, cuidando siempre su proceso organizativo y coherencia.

Prueba de que los candidatos comienzan a abrirse tambi√©n a las demandas ciudadanas es que mayoritariamente han incluido en sus sitios webs apartados donde cada usuario puede ingresar sus inquietudes o exigencias para ver si son incorporadas dentro del programa de cada aspirante a La Moneda. Llamado a la ciudadan√≠a que tambi√©n podemos ver en iniciativas digitales (‚Äú5 Conversaciones para Chile‚ÄĚ), que buscan hacer de puente entre los desaf√≠os pendientes que plantea la sociedad civil y la agenda-pa√≠s de nuestras pr√≥ximas autoridades.

En Chile la ciudadanía ya dejó de ser un mero espectador.

Ricardo Bustamante

Ricardo Bustamante

Ricardo Bustamante


Periodista de la Universidad Andrés Bello, Diplomado en Política Mundial (Universidad de Santiago) y en Democracia en América Latina (PNUD), Tesista de Magíster en Ciencia Política, Universidad Mayor. Se especializa en contenido socio-ambiental, gestión de prensa y generación de redes de contacto

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