Notas
La pedagogía de la indignación en la comuna de Providencia
Publicado por: Tu Voz
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¬ŅQui√©n restituye la dignidad de los estudiante secundarios expulsados, la dignidad de los padres y apoderados. y la dignidad de la opini√≥n p√ļblica?

Cuatro meses han transcurrido desde que el alcalde de Providencia y los docentes directivos de los Liceos de esa comuna decidieron quitarle a decenas de jóvenes el derecho a la educación, expulsándolos de sus respectivos colegios.

Las concertadas respuestas dadas por las autoridades no han hecho otra cosa que ratificar su decisi√≥n de aplicar la m√°xima norma de manera ejemplarizadora. En ning√ļn momento, ni el alcalde ni las directoras de dichos liceos han mostrado alg√ļn inter√©s por el destino de los j√≥venes sancionados, menos por el da√Īo psicol√≥gico que este estado de incertidumbre podr√≠a estarles ocasionando.

Cual sea el desenlace de este proceso de indignidad humana, ¬Ņhabr√° alg√ļn tiempo, alg√ļn espacio para resarcir a un grupo de j√≥venes alevosamente discriminados por la irracionalidad autoritaria?

A la luz de las circunstancias que rodean esta situaci√≥n sancionadora en los liceos de Providencia hay dos elementos que se destacan. Por una parte, no es posible referirse a la educaci√≥n y a la pedagog√≠a sin considerar las relaciones jer√°rquicas y autoritarias de poder en que ellas se desenvuelven y por otra, la sorprendente pasividad con la que act√ļa la mayor√≠a de los padres y apoderados.

Esta realidad estructural y de comportamiento cotidiano ha develado una acentuada intolerancia de la autoridad edilicia y los docentes. Ellos, sintiéndose respaldados por el poder que manejan, no han permitido el diálogo, ni han aceptado puntos de vistas diferentes. Han rechazado cualquier argumentación que no sea la que ellos validan, a la luz del poder autoritario. En otras palabras, revelan una incapacidad de convivir con el diferente y el temor a descubrir que el diferente es tan valioso como ellos o tal vez, más competente.

Por su parte los padres y apoderados, con pocas excepciones, est√°n ya habituados a firmar la condicionalidad de matr√≠cula de sus hijos e hijas cada vez que se les exige hacerlo. Sin un mayor an√°lisis, durante largos a√Īos han estado legitimando un r√©gimen disciplinario jer√°rquico que la escuela a su vez, valida como un tipo de poder y como modalidad para ejercerla. Las normas disciplinarias jerarquizadas de un grado menor a uno mayor se explicitan en los manuales de convivencia escolar, los que hoy, parad√≥jicamente, sirven a las directoras para justificar la expulsi√≥n de los estudiantes.

Es necesario mencionar que el manual de convivencia escolar, de aplicaci√≥n vigente en los Liceos de Providencia, tal como se ha elaborado, est√° lejos de responder a sus directrices originales. No incluye las orientaciones que emanan del aprender a vivir juntos desarrollando la comprensi√≥n del otro; aprender y saber convivir que derivan del Informe a la UNESCO, 1996, ‚ÄúLa Educaci√≥n Encierra un Tesoro‚ÄĚ de Jacques Delors. Tampoco ha tenido en cuenta el Decreto Supremo de Educaci√≥n, N¬ļ 220, 1998, que recomienda textualmente:

Un sistema adecuado de disciplina en el establecimiento, que promueva el ejercicio de la libertad responsable y la capacidad de autogobierno, con plena participaci√≥n de las alumnas y alumnos en la deÔ¨Ānici√≥n de normas de convivencia, y de su protagonismo en la vida liceana o colegial, constituye una dimensi√≥n crucial de la formaci√≥n √©tica y el desarrollo personal deÔ¨Ānidos en los Objetivos Fundamentales Transversales“.

Como se puede apreciar, la escuela contin√ļa tenazmente adherida a una disciplina que ayuda a fabricar individuos como objetos y a mantener el miedo, la incertidumbre y la inseguridad en cada uno de los resquicios de la instituci√≥n escolar.

A la vez, se encuentra base suficiente para argumentar que en el proceder del alcalde y las directoras de los Liceos de Providencia hay una fuerte dimensión ética y moral que no es ajena a la cuestión del poder.

No sólo mantienen cautivo al cuerpo docente, al cual sólo le han comunicado las decisiones adoptadas, involucrándolos en una situación que refleja definitivamente un abuso de poder. Se advierte, además, una marcada incongruencia entre los documentos oficiales y el hacer, de modo que no se condice la visión, misión ni menos el marco valórico del proyecto institucional, con las razones que aducen para expulsar a los estudiantes.

Todo parece conducir a que más temprano que tarde ha de surgir la cuota de racionalidad que debe imperar para desagraviar a los jóvenes afectados por tanta injusticia desbordada.

Luis A. Toledo Mercegué, Dr. En Educación.

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