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Miles de “nenas” despiden sin consuelo a Sandro
Publicado por: Felipe Delgado
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“Una muchacha y una guitarra, para poder cantar”, entonan desafinadas un grupo de “nenas” que aguardan pacientemente en una extensa fila el ingreso al Congreso argentino para despedir al cantante Sandro, su √≠dolo fallecido el lunes a los 64 a√Īos.

Las “nenas”, como Sandro llamaba a sus fan√°ticas, la mayor√≠a de m√°s de 50 a√Īos, no dejan de cantar las piezas m√°s populares de “El Gitano”, pero a medida que se acercan lentamente al sitio del velatorio algunas bajan el tono, otras ya no aguantan el llanto y todas aprietan las flores que dejar√°n cerca del f√©retro.

“Seguro, seguro, lo llamar√© Sandro”, dijo a la AFP Jesica Jofre, de 28 a√Īos, que exhibe un embarazo de 7 meses y muestra orgullosa su playera con la foto de “El gitano”, como tambi√©n se lo conoc√≠a.

Sandro

Sandro

Ni a Jesica ni a los miles de fan√°ticos del int√©rprete de “Rosa, rosa” que esperaban su turno en colas de m√°s 800 metros les hizo mella el sol implacable que castigaba a Buenos Aires con 35 grados celsius, apenas mitigado por el agua que se distribu√≠a desde un cami√≥n cisterna.

“Era un excelente ser humano; no encajaba en este mundo. Yo lo segu√≠ durante sus 40 a√Īos de carrera. Estoy destruida”, dice resignada y entre sollozos Alicia V√©spoli, de 68 a√Īos, instantes despu√©s de pasar ante el f√©retro abierto del llamado de “Sandro de Am√©rica” en el Sal√≥n de los Pasos Perdidos del Congreso.

Los seguidores de “El Gitano” desfilaban sin cesar ante el ata√ļd entre llantos desgarradores y quejas airadas porque no ten√≠an posibilidades de detenerse y s√≥lo ten√≠an unos segundos para dejar flores a un costado.

“Ni un minuto nos dejaron verlo. No les interesa porque no somos gente de dinero. Yo quer√≠a rezar un Padre Nuestro, pero enseguida me dijeron que ten√≠a que moverme”, dijo Irma Vega, una de las primeras en ingresar al velorio, mientras mostraba la foto del cantante con la leyenda: “Sandro, eternamente √≠dolo”.

Las mismas fotos se repet√≠an por cientos entre las fan√°ticas, la mayor√≠a de clase media o baja, aunque tambi√©n estaban las afortunadas que se hab√≠an retratado en alguna ocasi√≥n con el √≠dolo que impuso un estilo que se hizo famoso en Am√©rica latina, primero imitando a Elvis Presley y luego con un sello inconfundible en la m√ļsica rom√°ntica.

“Hace 35 a√Īos que lo sigo a Sandro. Fui a casi todos sus recitales y en algunos casos iba dos veces en la misma serie. Tengo todos sus discos (52) y vi todas sus pel√≠culas (16)”, dijo a su vez Beatriz Ayerza, de 53 a√Īos, quien se sonroja pero no responde al ser interrogada si fue una de las tantas seguidoras que lanzaban su ropa interior al escenario mientras cantaba Sandro.

La gente segu√≠a llegando de a cientos a las cercan√≠as del Congreso con sus flores y fotos. Nadie se quejaba del sol y el calor, casi como un verdadero sacrificio para “devolverle todo lo que √©l nos dio”, dijo Jesica, la joven embarazada, y ya no aguanta el llanto.

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