ESPECIAL COPA DEL MUNDO RUSIA 2018
Sábado 07 julio de 2018, a las 14:33
Luka Modric, la esperanza de un país que sueña con superar lo alcanzado en Francia 98
Por: Felipe Santibañez .
Kirill Kudryavtsev / Agence France-Presse
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Para el Mundial de Francia 98, Luka Modric tenía 13 años y no se perdía ningún partido de Croacia. El equipo liderado por Davor Suker agarró vuelo, barrió con Alemania y solo los locales pudieron sacarlos del camino en semifinales.

Ese tercer lugar coloreó a un país impregnado de un tono grisáceo tras la brutal Guerra de Los Balcanes. Modric, rodeado de sus amigos, miraba a esos ídolos de fines de los noventa con la ambición de todos los niños que pateaban una pelota gastada en las calles de Zadar . “Soñaba con llegar ahí… y hoy soy su capitán”.

Su primer técnico dice que Modric no se hacía notar. Hablaba poco y rara vez de él mismo. Su aparición en el profesionalismo no fue una explosión pirotécnica que encandilara a medio mundo. Deambuló en la penumbra hasta que dio el salto al Dínamo Zagreb. De ahí pasó al Tottenham y desde Londres, sin estruendo, viajó a España para sumarse al Real Madrid. Ya tenía 27 años.

Tras seis temporadas es el motor del equipo que ha ganado cuatro de las últimas cinco Champions League. No es solo el mediapunta habilidoso y de buen remate que asomaba hace quince años. En un fútbol donde a veces se le da excesiva importancia al músculo, él domina con la cabeza. Es un maestro del espacio-tiempo. Es capaz de crear, se sabe colocar, lee el juego, ordena a sus compañeros e incluso corretea rivales sin reventar su cuerpo. Su fútbol tan falsamente simple no necesita florituras para ser hermoso.

En Croacia es el emblema, por lo que representa y por lo que juega. Junto a Ivan Rakitic han conformado la mejor pareja de mediocampistas del Mundial. A veces, por orden del entrenador, le ha tocado arrancar detrás de los delanteros, pero es más atrás donde se siente cómodo, libre, capaz de organizar la posesión o de iniciar filosas contras con un solo toque. Como todo genio, es capaz de verlo todo antes que el resto.

Los elogios se acumulan en su puerta. “Es un 10 total”, escribió en su cuenta de twitter Alessandro Del Piero. “No hay que comentar su juego, simplemente hay que mirarlo y disfrutarlo. No juega al fútbol, lo predice”, afirmó el ex internacional croata Mario Stanic. “Estoy enamorado de Modric, juega con una simplicidad fantástica. Es el mejor jugador croata de la historia”, expresó el ex delantero Alen Boksic.

Modric no tiene ese tufo arrogante que expelen otras súper estrellas. Es el que todos los niños quieren ser no solo por su talento, sino porque sigue siendo el mismo que se crió en Zadar. Hasta el peinado con partidura al medio es igual al que utilizaba en el Dinamo de Zagreb. Ni siquiera estar acusado de falso testimonio en un caso que investiga su pase al Tottenham ha lastrado su figura.

Croacia arrolló con todos en la primera vuelta. El golazo del “10” a Argentina fue el pináculo de su fútbol. Modric apareció en medio del camarín para bajar los niveles de euforia. El más ganador de todos les recordó que aún no tenían nada.

“No me relajo porque no me vale con lo que he hecho. Siempre quiero demostrar que puedo hacer algo más. En el fútbol si te relajas un poco es difícil volver a este nivel. Por eso, hasta que dure voy a ser así”, dijo en una entrevista concedida a El País. Ante Dinamarca, Modric contempló el abismo. Perdió un penal y su equipo tuvo que ir a penales para vencer a la sólida Dinamarca. En la tanda, el medio sí pudo convertir su penal. Cuando lo hizo soltó un hondo suspiro, tal como hoy cuando anotó nuevamente en la serie ante Rusia para ayudar en su lucha por superar a los héroes de su infancia.

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