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El crudo relato de una víctima de violación cuyo atacante estará sólo 3 meses en prisión

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Brock Allen Turner

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A esta altura ya se ha convertido en un caso emblemático, y no sólo por la repercusión mediática que ha tenido en Estados Unidos, sino que también por el desenlace judicial de esta pesadilla que dejó a una joven marcada de por vida.

Se trata de la violación protagonizada por Brock Allen Turner, un ex nadador de 20 años que pertenecía a la Universidad de Stanford, y que a principios de 2015 fue acusado de abusar y violar a una joven de 23 años que se encontraba inconsciente.

Los hechos ocurrieron en enero de ese año, cuando la joven acudió a una fiesta y perdió el conocimiento debido al consumo de alcohol. Más tarde, fue encontrada en el campus de la universidad, semidesnuda y con signos de haber sido atacada sexualmente.

Los peritajes policiales confirmaron la violación y al autor de ella, Allen…

El joven atacante fue encontrado culpable y arriesgaba una condena de 14 años de cárcel, sin embargo el juez encargado del caso en California, Aaron Persky, condenó a Brock Allen Turner a seis meses de cárcel y libertad condicional, asegurando que tenía miedo de que una condena de prisión más larga lo “afectara severamente”.

Indignación fue la que causó la decisión del juez, que además justificó su suave decisión asegurando que el ex nadador no representaba un peligro para la sociedad, pues se había mostrado realmente arrepentido de su crimen.

Esto se suma a las declaraciones del padre de de Brock, quien aseguró que su hijo no merecía ir a la cárcel por “20 minutos de acción” que arruinarían su más de 20 años de vida.

La joven víctima, al conocer la sentencia de 6 meses, de los cuales sólo 3 serían cumplidos en prisión, quedó devastada, por lo que decidió contar su historia a través de una carta enviada a Buzzfeed en la cual se impregna el relato entregado en la corte durante los alegatos contra su atacante, mismo documento que está en manos de los fiscales a cargo del caso.

En la carta describe los sucesos previos y el horrible proceso posterior al despertar y darse cuenta de todo lo ocurrido, con las consecuentes secuelas físicas y psicológicas al ser víctima de un ataque de este tipo.

Revisa aquí la carta traducida por Pousta:

Su señoría:

Si es que está en esta declaración me gustaría dirigirme al acusado directamente.

Tu no me conoces, pero estuviste adentro mío, y por eso estamos acá.

El 17 de enero del 2015, era un sábado en la noche tranquilo en casa. Mi papá hizo la cena y me senté en la mesa con mi hermana menor que nos estaba visitando por el fin de semana. Yo estaba trabajando así que me iba a acostar temprano. Mis planes eran quedarme en la casa, ver tele y leer, mientras ella se fue a una fiesta con sus amigos. Entonces decidí que como era mi única noche con ella, y no tenía nada mejor que hacer, opté por ir a esta fiesta que estaba a diez minutos de mi casa.

La idea era ir, bailar raro un rato, y avergonzar a mi hermana pequeña. En el camino hacia allá, bromee con que los chicos en la fiesta iban a tener frenillos. Mi hermana me molestó porque iba vestida como una bibliotecaria a una fiesta de fraternidad. Me puse el apodo de “la mamá”, porque sabía que iba a ser la más vieja ahí. Bajé la guardia y tomé un poco más de lo que debía, no considerando que mi tolerancia al alcohol había disminuido significativamente.

Lo siguiente que recuerdo es estar en una camilla en un pasillo. Tenía sangre seca y vendajes en mis manos y codos. Pensé que quizá me había caído y estaba en una oficina del campus. Estaba calmada, preocupada solamente de dónde podía estar mi hermana. Un policía me explicó que había sufrido una agresión. Seguía calmada. Estaba segura que se había equivocado de paciente. Pero en realidad no conocía a nadie de la gente que estaba en la fiesta.

Cuando me dejaron ir al baño, me bajé los pantalones que me dieron y me quise bajar los calzones, pero no sentí nada. Todavía recuerdo la sensación de mis manos tocando la piel directo… No tenía nada de ropa interior entre los pantalones que me dieron y mi vagina. Todo quedó en silencio.

Todavía no tengo palabras para describir el sentimiento. Para poder mantenerme respirando, pensé que quizá el policía había los había cortado como evidencia.

Después sentí pequeñas ramas de pino en la nunca y me las empecé a sacar del pelo. Mi cerebro le estaba diciendo a mi estómago que no colapsara. Porque mi estómago estaba diciendo “ayuda, ayúdenme”.

Empecé a vagar de habitación en habitación envuelta en una frazada. Estaba llena de ramitas. Iba dejando una huella de ramitas por cada lugar al que iba. Cuando me pidieron firmar un papel que decía “víctima de violación“, me di cuenta que algo grave había pasado. Me confiscaron la ropa y estuve parada desnuda mientras enfermeras medían con reglas las heridas en mi cuerpo y les sacaban fotos.

Me ayudaron a sacar las ramas de mi pelo. Para calmarme me decían que era solamente la flora y fauna del lugar. Me insertaron múltiples hisopos en la vagina y en el ano. Me pusieron inyecciones, me dieron pastillas y me sacaron fotos con las piernas abiertas. Me pusieron una especie de pintura helada y azul en la vagina para buscar heridas.

Quería sacarme el cuerpo como alguien se saca una chaqueta y dejarlo en el hospital junto con el resto de mis cosas.

Después de unas horas me dejaron ducharme. Estuve parada examinando mi cuerpo bajo el chorro de agua y decidí que ya no quería mi cuerpo. Estaba aterrorizada, no sabía qué le habían hecho. No sabía si me había contagiado algo, ni quién me había tocado. Quería sacarme el cuerpo como alguien se saca una chaqueta y dejarlo en el hospital junto con el resto de mis cosas.

Esa mañana, todo lo que me dijeron es que fui encontrada detrás de un basurero, probablemente penetrada por un extraño, y que debía hacerme el test de VIH porque los resultados no siempre son exactos recién sucedidos los hechos. Por el momento, debía irme a casa y hacer mi vida normal.

Imagínate volver al mundo con esa información solamente. Me dieron abrazos de despedida y caminé desde el hospital al estacionamiento usando el buzo y la polera que me dieron. De mis cosas, solamente me dejaron llevarme un collar y mis zapatos.

Mi hermana me vino a buscar, con la cara empapada de lágrimas y envuelta en angustia. Instintivamente lo único que quería era quitarle ese dolor. Le sonreí. Le dije que me mirara, que estaba ahí. Que estaba bien. Que todo iba a estar bien. Mi pelo está recién lavado, estoy bien, le dije. Cálmate, le dije. Mira que divertido el buzo y la polera que me dieron, le decía.

Vamos a comer algo, le dije. Ella no tenía idea que debajo de mi buzo, tenía vendajes, que mi vagina me ardía y que había adquirido un color extraño y oscuro. Que no tenía mis calzones. Me sentí vacía y no pude seguir hablando. Estaba tan asustada. Devastada. Manejamos a casa y ella me abrazó durante todo el camino.

Mi pareja no sabía lo que había pasado. Cuando me llamó me dijo que estaba muy preocupado, que lo asusté, y me preguntó si había llegado bien a casa. Estaba horrorizada. Ahí supe que lo había llamado anoche mientras estaba intoxicada. Le había dejado un mensaje incomprensible. Pero también hablamos pero a mí no se me entendía nada, por eso se preocupó. Me preguntó de nuevo si había llegado bien. Le dije que sí. Colgué y comencé a llorar.

Si les decía, tendría que ver el miedo en sus caras, y el mío se iba a multiplicar por un millón. Así que me convencí de que nada de lo que había pasado era real.

No estaba lista para contarle a mi pareja ni a mis padres, que en realidad, al parecer había sido violada detrás de un basurero. Porque no sabía por quién, ni cuándo, ni cómo. Si les decía, iba a tener que ver el miedo en sus caras, y el mío se iba a multiplicar por un millón. Así que me convencí de que nada de lo que había pasado era real.

Traté de empujarlo fuera de mi mente, pero era tan pesado que no podía hablar, no podía comer, dormir, ni interactuar con nadie. Me aislé de las personas a las que más amo. La semana posterior al incidente no tuve ninguna novedad o información respecto de lo que me había pasado. Lo único que me recordaba que lo que había pasado era real era el buzo y la polera del hospital oculto en mi closet.

Un día estaba en el trabajo, mirando las noticias en mi celular, y me encontré con un artículo. En él, leí y aprendí por primera vez sobre cómo había sido encontrada inconsciente, con el pelo revuelto, con mis sostenes tironeados por encima de mi vestido, mi vestido rasgado en los hombros y subido por encima de mis caderas. Que estaba mitad desnuda, con las piernas abiertas, y que había sido penetrada por un objeto extraño, y por un sujeto desconocido.

Así fue que me enteré de lo que realmente me había pasado. Sentada en mi escritorio leyendo noticias en el trabajo. Me enteré al mismo tiempo que todo el mundo se enteró. No pueden estar hablando de mí, pensé.

No podía digerir ni aceptar nada de esa información. No podía imaginar a mi familia leyendo eso en línea. Seguí leyendo. Al siguiente párrafo, leí algo que nunca podré perdonar. Decía que, de acuerdo al testimonio del acusado, me había gustado. Que me había gustado. No tengo palabras para describir ese sentimiento.

Al final del artículo, después de que fui informada sobre los gráficos detalles de mi propia violación, el sitio hacía un resumen de sus logros como nadador.

“Ella fue encontrada respirando, inconsciente, con su ropa interior tirada, desnuda y encorvada e posición fetal. Por otra parte, él es un muy bien nadador“. Si lo iban a escribir así, bien podrían haber puesto que yo soy muy buen cocinera. Al parecer, al final es donde ponen cosas extra curriculares para anular los enfermos hechos ocurridos.

La noche que salieron las noticias me senté con mis padres y les confesé que había sido asaltada, que por favor no las vieran porque eran muy desagradables, pero que quería que supieran que estaba bien. Que estaba ahí y que estaba bien. A la mitad de mi discurso mi madre tuvo que sostenerme porque no podía mantenerme de pie. No estaba bien.

La noche después que todo ocurrió, el dijo que no sabía mi nombre. Dijo que no sería capaz de identificar mi rostro. No mencionó diálogo alguno entre nosotros. Solo que bailamos y nos besamos.

Bailar es un concepto tierno para describir lo que realmente pasó. Cuando el detective le preguntó si pretendía llevarme a su pieza, dijo que no. Cuando le preguntó cómo terminamos detrás de un basurero, dijo que no sabía. Admitió haber besado a otras chicas en la fiesta, una de ellas fue mi propia hermana, pero ella lo empujó.

Admitió que había estado tratando de enganchar con alguien. Y claro, yo era el antílope herido de la manada, completamente sola y vulnerable, físicamente imposibilitada de defenderme, así que me eligió.

A veces pienso que si no hubiese ido, entonces esto nunca hubiese sucedido. Pero después pensé que habría ocurrido igual, pero a otra persona. La noche después de que sucedió, él dijo que me había gustado porque le había hecho cariño en la espalda. Un masaje. Independiente de que nunca intercambiamos palabras, nunca hablamos. Pero le acaricié la espalda.

En otras noticias, me informé que mi trasero y vagina estaban completamente al aire libre, que mis pechos habían sido fuertemente apretados, que me había metido dedos junto con ramas. Que mi cuerpo estaba desnudo e inconsciente contra el suelo mientras un hombre me penetraba. Pero como no lo recuerdo, ¿cómo puedo probar que en realidad no me gustó?.

Pensé que no había forma de llevar esto a juicio. No había testigos, no había tierra en mi cuerpo. El arrancó pero fue detenido. Lo más seguro era que iba a lograr un acuerdo, pedir disculpas públicas, y que íbamos a seguir con nuestras vidas. Pero no.

Me contaron que buscó un poderoso abogado, testigos expertos, investigadores privados que husmearan en mi vida personal para usarlo en mi contra, que buscaran contradicciones en mi testimonio y en el de mi hermana para invalidar mi historia. Me avisaron que él estaba dispuesto a todo por convencer al mundo que todo se trató de una confusión.

No solamente supe que fui asaltada, además me dijeron que como no podía recordarlo, técnicamente no podía probar que no había sido consentido. Y eso me distorsionó, me dañó y por poco me quiebra. Es lo más confuso del mundo que te digan que fuiste asaltada y violada, al aire libre, pero que no se sabe si realmente fue una violación. Tuve que pelear durante un año entero para probar que eso estaba mal.

Cuando me dijeron que debía estar preparada en caso de que no ganara el juicio, dije, no me puedo preparar para eso. Nadie puede sacarme del dolor que me causó. Lo peor de todo, es que me advirtieron, que él sabía que yo no me acordaba, por lo que iba a tener el derecho de tener la versión oficial de los hechos. El podía decir lo que quisiera y nadie podía contradecirlo. No tenía poder, ni voz, estaba indefensa. Mi memoria perdida iba a ser usada en mi contra. Mi testimonio era débil, estaba incompleto, y se me hizo creer que quizá, no iba a ser suficiente para ganar el juicio.

Su abogado constantemente le recordaba al jurado, que sólo le podíamos creer a él, porque yo no recordaba lo que había pasado. Esa sensación me traumó.

En vez de tomarme el tiempo para sanar, tuve que dedicarme a revivir lo que había pasado en detalle, para poder prepararme para las preguntas del abogado. Iban a ser preguntar invasivas, agresivas, y hechas para confundirme, para contradecirme.

Fui atacada con preguntas dirigidas a examinar mi vida personal, mi pasado amoroso, mi vida familiar, solo para intentar explicar que un tipo que ni me preguntó mi nombre, que me tuvo tendida bajo suyo detrás de un basurero, inconsciente, no me había violado.

Luego de sufrir el ataque físico, fui atacada con preguntas diseñadas para poder decirle al jurado que yo no me acordaba de nada, que cómo me podían creer, que era prácticamente una alcohólica, que probablemente fui yo la que intentó enganchar con un atleta. Que los dos estábamos borrachos. Y lo peor, que era él quien tenía mucho que perder, y que estaba pasando por un momento difícil con todo esto.

Entonces llegó su turno de declarar. Acá es donde viví lo que llaman revictimización. Me gustaría recordarles que la noche después de que todo sucedió el dijo que nunca pensó en llevarme a su pieza. Que no sabía cómo habíamos terminado atrás de un basurero. Que se levantó y se intentó ir y que entonces fue perseguido y detenido. Después supo que yo no recordaba nada. Entonces, un año después, su historia cambió.

Su nueva versión era como sacada de una novela mal escrita de adultos jóvenes bailando y besándose y haciendo el amor en el bosque. Todo había sido consentido, según él, yo explícitamente le había dicho que quería que tuviéramos sexo.

Según él, me preguntó si yo quería bailar. Aparentemente dije que sí. Me preguntó si quería ir a su pieza, y yo dije que sí. Después me preguntó si me podía tocar y yo dije que sí. Normalmente nadie pregunta eso, es como algo que se da naturalmente, cuando hay consentimiento. Pero al parecer, según su relato, hubo preguntas y respuestas respecto de todo lo que pasó. Por lo que está todo bien, para él.

Pero incluso en su historia, no hay casi nada de diálogo, yo sólo dije alrededor de tres palabras antes de que me tuviera desnuda sobre el suelo. Nunca en mi vida había sido penetrada luego de intercambiar tres palabras. Incluso él reconoce que no intercambiamos una sola oración entera esa noche. Así que cuando las noticias dicen que “nos conocimos” esa noche, me resulta difícil de aceptar.

Para futuras referencias, si en algún momento tienes dudas respecto de si una chica te está dando su consentimiento para tener sexo, fíjate si puede decir una oración entera. Si no puede, entonces no la toques. Es tan simple como eso. Sentido común. Decencia humana.

En su declaración dice que nos caímos al piso mientras nos besábamos. Anota, para el futuro: si una chica se cae al suelo, la ayudas a levantarse, no te montas sobre ella, ni le quitas la ropa interior, ni metes tu mano en su vagina.

Siguiendo la historia, dices que dos personas se acercaron. Que huiste porque te sentiste asustado. En mi opinión estabas asustado porque te pescubrieron, no porque te asustaron dos terroríficos estudiantes universitarios. La versión de por qué huiste es ridícula. Huiste simplemente porque fuiste descubierto en el acto.

¿Por qué no les dijiste simplemente que estaba todo bien, que estábamos teniendo relaciones consentidas? Si yo no estaba inconsciente, podría haberles dicho lo mismo, ¿o no?

Y además, si pensaste que había peligro y que por eso huiste, ¿Por qué me dejaste tirada ahí sola?

En su declaración dice: “En ningún momento me di cuenta que estaba inconsciente, si me hubiese dado cuenta, habría parado inmediatamente“. Pero esta es la cosa, si tu plan era parar cuando yo estuviera totalmente inconsciente es porque todavía no entiendes nada. Por lo demás, ni siquiera paraste cuando estaba inconsciente, solo te detuviste porque te pillaron y arrancaste y te detuvieron.

Déjame preguntarte. ¿Cuáles eran tus planes si eso no hubiera sucedido? ¿Me hubieras vuelto a vestir y me ibas a llevar en brazos de vuelta a mi casa? Lo dudo. De solo pensar que hubiese pasado si no hubiera sido descubierto, vuelvo a sentir un terror profundo.

Que tengas las agallas de decir que yo quise que pasara lo que pasó, que yo lo permití, y que tu eres una víctima que fue atacada por ningún motivo mientras huías es enfermo, demente, egoísta, pero por sobre todo, estúpido. Prueba que estabas dispuesto a cualquier cosa por liberarte de tu responsabilidad y salvar tu reputación, a costa de mi vida.

Mi familia tuvo que ver fotos horribles, de mi cuerpo desnudo en la tierra inconsciente, con las piernas abiertas. Incluso después de ver eso, tuvieron que escuchar a tu abogado decir que eso no constituía prueba de nada. Que las heridas en mi vagina no significaban nada. Tuvieron que escuchar como intentó poner el testimonio de mi propia hermana en mi contra.

El punto es este, eso es solamente una parte de lo que mi familia y yo soportamos durante el juicio. Eso es parte de lo que tuve que aguantar en silencio. Es suficiente con el sufrimiento ocasionado. No era necesario tener a alguien desalmadamente trabajando para reducir la gravedad de los hechos.

Al final, sus afirmaciones sin fundamento y la retorcida lógica de su abogado no engañaron a nadie. La verdad ganó.

Eres culpable. Doce jurados consideraron que eras culpable de tres delitos sin duda alguna. 100% culpable. Y con eso pensé que esto llegaba a su fin, que finalmente ibas a decir que estabas consciente de lo que habías hecho y luego pedir disculpas sinceras, para que cada uno pudiese seguir con su vida. Después leí tu declaración.

Si tu esperanza es que alguno de mis órganos explote de rabia y eso me mate, te cuento que estoy casi en ese punto. La agresión sexual no es un accidente. Esta no es otra historia de enganche universitario y malas decisiones. De alguna manera, todavía no lo entiendes. De alguna forma, todavía suenas confundido.

Ahora me tomaré el tiempo de leer algunas partes de la declaración del acusado y responder.

Dijiste, “como estaba ebrio simplemente no pude tomar las mejores decisiones, pero ella tampoco“.

El alcohol no es una excusa. ¿Puede ser un factor? Si. Pero el alcohol no fue el que me desnudó, toqueteó, ni dejó que mi cabeza se arrastrara por el suelo. Tomar de más es un error que yo también admito, pero no es una acción criminal. Todo el mundo ha tenido una noche de la cual se arrepienta porque tomó mucho, o al menos conoce a alguien que le pasó. Pero arrepentirse de tomar de más no es lo mismo que arrepentirse de agredir sexualmente a alguien.

Dijiste, que si hubieses querido conocerme, me hubieras perdido mi número de teléfono, en vez de invitarme a tu pieza.

No estoy enojada porque no me pediste mi número. Incluso aunque nos conocieramos, no quisiera estar en esta situación. Mi pareja me conoce, pero si me preguntara si me puede toquetear detrás de un basurero, lo golpearía. Nadie quiere estar en esa situación. Nadie. ¿Qué importa si le pediste el teléfono antes o no?.

Dijiste que durante el juicio nunca quisiste re-victimizarme, que eso fue culpa de tu abogado.

A ver, tu abogado no es tu chivo expiatorio, él te representa. ¿Dijo tu abogado cosas increíbles y degradantes? Sí. Dijo por ejemplo que tuviste una erección porque hacía frío. No tengo palabras.

Dijiste que estabas en proceso de armar un programa para jóvenes de secundaria y universitarios en los cuales hablarías de tus experiencias para prevenir “el consumo excesivo de alcohol en los campus y la cultura promiscua que va asociada a ellos“.

Hablar contra la cultura del consumo excesivo de alcohol. ¿De verdad crees que esto se trata de eso? Tu crees que de eso se trató todo este año. No sobre tener consciencia sobre las agresiones sexuales en los campus universitarios, ni sobre violaciones, o aprender a reconocer consentimiento o no.

Si vas a enseñar algo que sea a respetar a las mujeres y no abusar de ellas cuando están borrachas. No sacar nada con enseñar a los chicos a tomar menos.

“Cultura de tomar en exceso y la promiscuidad que conlleva“. Espera. Pero yo no veo que los titulares hayan sido sobre alguien culpable de tomar mucho y ser promiscuo. Dicen claramente “Brock Turner, culpable de agresión sexual en un campus universitario.

Creo que ya expliqué demasiado. No tienes derecho ahora a encogerte de hombros y parecer confundido. No tienes derecho a decir que no viste las banderas rojas. Fuiste condenado por haberme violado, y solo puedes admitir culpa por haber tomado más de la cuenta.

Al final dijiste que querías mostrarle a la gente que una noche de borrachera podía arruinar una vida.

Fuiste tú quien destruyó nuestras vidas. Derribaste nuestras torres. A ti te quitaron tus títulos, tus notas, tu colegiatura. Lo que a mi me quitaste es interno, invisible.

Una vida. La tuya. Pero te olvidaste de la mía. Déjame corregirte. Puedes decir: “Quiero mostrarle a la gente que uno noche de borrachera puede arruinar dos vidas. La tuya y la mía“. Tu eres la causa, yo el efecto. Tu me arrastraste hasta este infierno, y me hiciste sumergirme en él nuevamente con tus mentiras. Fuiste tú quien destruyó nuestras vidas. Derribaste nuestras torres. A ti te quitaron tus títulos, tus notas, tu colegiatura. Lo que a mi me quitaste es interno, invisible. Lo llevo conmigo. Me quitaste mi valor, mi privacidad, mi energía, mi tiempo, mi seguridad, mi intimidad, mi confianza, mi voz, hasta el día de hoy.

Algo que tenemos en común los dos es que a los dos nos cuesta levantarnos en la mañana. No soy ajena al sufrimiento. Me convertiste en una víctima. En los diarios, mi nombre se transformó en “mujer inconsciente intóxicada” y nada más. Y por un tiempo, pensé que eso era todo lo que era. Tuve que obligarme a re-aprender mi nombre, mi identidad. Que yo no era solo una chica borracha encontrada desnuda e inconsciente atrás de un basurero, mientras tu fuiste el ultra-americano nadador, inocente hasta que se probó tu culpabilidad, con tanto que perder. Yo soy un ser humano herido irreversiblemente, que tuvo que estar en tela de juicio durante un año.

Mi independencia, ganas de vivir, gentileza, estabilidad se distorsionó hasta más allá de lo reconocible. Me volví una persona cerrada, enojada, cansada, irritable, vacía. El aislamiento por momentos fue insoportable. No puedes devolverme la vida que tenía antes de todo esto. Mientras tu te preocupabas de tu reputación dañada, yo congelaba cucharas para poder bajar la hinchazón de mis ojos luego de una noche sin parar de llorar, solamente para poder ver.

Llegué tarde todos los días al trabajo, tenía que esconderme a llorar en las escaleras. El dolor se hizo tan insoportable que tuve que renunciar. Usé mis ahorros para irme lo más lejos posible.

Todavía no puedo dormir sin una luz prendida, como una niña de cinco años, producto de las pesadillas en las cuales estoy siendo violada. Durante seis meses, tuve que esperar a que saliera el sol para poder dormir.

Si antes solía enorgullecerme de mi independencia, ahora me da miedo caminar sola en las tardes, ir a reuniones sociales, o compartir con gente junto a la cual antes me sentía cómoda. Ahora soy una persona necesitada, necesito que mi novio esté conmigo todo el tiempo, y siento vergüenza. Me avergüenza mi inseguridad y mi timidez.

Quizá algún día me puedas pagar el traslado en ambulancia y la terapia. Pero nunca podrás devolverme todas esas noches sin dormir. Las veces que me derrumbé y lloré inconsolablemente cada vez que veía una mujer siendo maltratada. Por decirlo de una forma simple, esta experiencia expandió mi empatía hacia otras víctimas. Perdí peso por el stress. Cuando me preguntan, digo que he estado corriendo.

Quiero decir esto. Todo el llanto, todo el sufrimiento, lo puedo resistir. Pero cuando veo a mi hermana pequeña sufriendo, cuando veo que ya no es capaz de rendir en el colegio. Cuando veo que ya no es feliz, que no duerme, cuando siento que se ahoga y no puede respirar mientras llora en el teléfono y me pide disculpas sin parar, cuando veo que está más arrepentida y lo siente más que tú, es entonces cuando sé que no te he perdonado. Esa noche la llamé e intenté encontrarla. Pero tu me encontraste antes. Y tu abogado intentó usar su testimonio en mi contra.

Si tu crees que ahora estoy bien, que salí bien de esto, mientras tu sufres las consecuencias de tus actos, estás muy equivocado. Nadie ganó. Todos estamos devastados. Y todos estamos intentando encontrarle sentido a tanto sufrimiento.

Nunca debiste hacerme esto. Segundo, nunca debiste hacerme pelear tanto para demostrar que nunca debiste hacerme esto. Pero acá estamos. El daño está hecho, nadie puede deshacerlo. Pero ahora los dos tenemos una opción. Podemos dejar que esto nos destruya. Puedo permanecer enojada y herida y tu permanecer en la negación. O podemos aceptar los hechos, aceptar el dolor, tú aceptar tu castigo, y seguir adelante.

Tu vida no se acabó acá, tienes décadas para rehacer tu historia. El mundo es grande, es más grande que Palo Alto y Stanford, y podrás hacerte un espacio en él donde puedas ser útil y feliz. Ahora tu nombre está manchado, así que te desafío a hacerte uno nuevo, y hacer algo tan bueno por el mundo, que los sorprendas a todos.

Tienes un cerebro, una voz, y un corazón. Úsalos sabiamente. Tienes el amor de tu familia. Eso puede ayudarte a superar lo que sea. Mi familia me ha sostenido durante todo esto. La tuya lo hará por ti y podrás seguir adelante.

Creo que algún día podrás entender esto bien. Espero que puedas convertirte en una persona mejor, más honesta, y puedas usar estar historia de una forma en que sirva para prevenir que una igual vuelva a sucederle a alguien. De verdad apoyo tu viaje hacia la sanación, a que reconstruyas tu vida, porque esa es la única forma en la que podrás comenzar a ayudar a otros.

Mi vida ha estado en pausa por más de un año, un año de rabia, angustia, e incertidumbre, hasta que un jurado tuvo que validar las injusticias que viví. Si hubieses admitido la culpa, responsabilidad, y ofrecido una disculpa sincera, hubiese pensado en pedir una sentencia menor, respetando tu honestidad, y agradecida de poder seguir adelante con mi vida.

Pero en vez de eso optaste por someterme a mí y a mi familia por un año de inexplicable e innecesario sufrimiento extra. Por esa actitud desafiante a mi dolor, por hacernos esperar un año por justicia, es por lo que debes pagar.

He dicho que no creo que debas pudrirte en prisión. Pero tampoco creo que debieses estar aún libre. La condena de un año o menos en la cárcel es una burla a la seriedad de los hechos, y al dolor que he sido forzada a revivir.

La seriedad del crimen es algo que no podemos permitir que se relativice al tipo de cosa que se aprende que es malo por “prueba y error”.

Tu defensa ha sostenido que no tienes antecedentes, pero yo creo, que como sociedad, no podemos perdonarle a nadie “su primera violación“. La seriedad del crimen es algo que no podemos permitir que se relativice al tipo de cosa que se aprende que es malo por “prueba y error“. Las consecuencias de una agresión sexual tiene que ser tan severa que la gente sienta la necesidad de ejercitar el buen juicio incluso si están borrachos. El hecho de que el agresor haya sido un destacado atleta tampoco puede verse como una atenuante, sino al contrario, como la prueba de que las agresiones sexuales son un problema que cruza todas las clases sociales.

Estarás de por vida en el registro de agresores sexuales. Así como yo seré una víctima de agresión sexual de por vida.

Durante tu tiempo en prisión espero que hayas recibido la terapia y los recursos suficientes para rehacer tu vida. Espero que te eduques respecto al problemas de las agresiones sexuales en las universidades. Espero que aceptes tu castigo y te empujes a volver a la sociedad como una mejor persona.

Como conclusión, quiero dar las gracias. A todos. Desde la persona que me dio avena cuando desperté en el hospital. Al policía que me acompañó. A las enfermeras que me calmaron. Al detective que me escuchó sin juzgarme. A mis abogados. A mi terapeuta que me ayudó a encontrar valentía dentro de mi vulnerabilidad. A mi jefe por su comprensión. A mis amigos que me ayudan a volver a ser feliz. A mi pareja por su paciencia y amor. A mi familia. A toda la gente que estuvo involucrada en el juicio. A todas las chicas alrededor del país que me escribieron cartas de apoyo.

Finalmente, y más importante, gracias a los dos jóvenes que me salvaron, a quienes aún no conozco. Duermo con dos bicicletas que dibujé, pegadas en mi techo para recordar a los héroes de esta historia.

Y a todas las mujeres del mundo, estoy con ustedes. En las noches que las que se sientan solas, estoy con ustedes. Cuando haya gente que dude o no te crea si te pasó algo, estoy contigo. Peleo todos los días por ti. Nunca dejen de pelear. Yo les creo. Los faros corren por su isla buscando barcos que salvar, solamente están parados ahí, alumbrando.

Aunque no pueda salvar a todos los barcos, espero que con este testimonio, pueda ayudarte a absorber una pequeña cantidad de luz, una pequeña certeza de que no puedes ser silenciada, la pequeña satisfacción de que la justicia existe. Y la gran certeza de saber que eres importante, incuestionable, intocable, que eres hermosa y mereces ser valorada, respetada, todos los minutos de todos los días. Eres poderosa y nadie puede quitarte eso. Para las mujeres en todos lados, estoy con ustedes.

Gracias.

Turner fue condenado en marzo por tres delitos: ataque con intención de cometer violación de una persona intoxicada/inconsciente, penetración de una persona intoxicada y penetración de una persona inconsciente.

El caso ha puesto el foco en las violaciones en las universidades estadounidenses, donde, de acuerdo a un estudio, más de una de cada seis mujeres son violadas durante su primer año en la universidad mientras están bajo efecto del alcohol o drogas, señala la agencia AFP.

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