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Pequeña editorial clona misterioso libro que nadie ha podido leer: el Manuscrito Voynich

Agence France Presse
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Uno de los libros más misteriosos del mundo, escrito hace siglos en un lenguaje que ni los mejores criptógrafos han podido descifrar, será reproducido hasta en la más mínima imperfección del original por una pequeña editorial de España.

Investigadores han dedicado su vida a tratar de interpretar el llamado Manuscrito Voynich, una particular obra que mezcla una elegante escritura, dibujos de plantas raras y mujeres desnudas, al que incluso se le han atribuido poderes mágicos.

Durante décadas, el desgastado libro ha permanecido a resguardo en una bóveda de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, en el estado norteamericano de Connecticut, de donde ha salido solamente en contadas ocasiones.

Lograr el permiso para clonar el manuscrito no fue fácil: la editorial Siloé, con sede en Burgos (norte de España), insistió por diez años hasta conseguirlo.

“Tocar el Voynich es una experiencia”, dice Juan José García, en entrevista con la AFP en el último piso de un museo del libro en Burgos, a escasas calles de la emblemática catedral gótica de la ciudad.

“Es un libro que tiene un tal halo de misterio que cuando lo ves por primera vez es de un atractivo absoluto, te invade de una emoción que es muy difícil de describir”, apunta.

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¿Eterna juventud? ¿Da Vinci?

Siloé, especializada en facsímiles de viejos manuscritos, obtuvo los derechos para hacer 898 réplicas exactas del Voynich, tan fieles que reproducirán las manchas, agujeros y costuras del pergamino original.

La casa editora planea vender las copias por entre 7.000 y 8.000 euros (7.800 a 8.900 dólares). La expectativa es tan grande que ya hay 300 solicitudes.

Yale decidió hacer los duplicados ante la gran cantidad de solicitudes para consultar el delicado libro, explicó el curador de la Biblioteca Beinecke, Raymond Clemens.

“Pensamos que un facsímil facilitará a los interesados conocer cómo se ve y se siente el original”, dijo Clemens. “También permitirá a las bibliotecas y museos tener una copia con fines educativos”, apuntó.

El manuscrito recibe el nombre del anticuario Wilfrid Voynich, que lo compró en 1912 a los jesuitas en Italia y lo sacó a la luz pública.

Desde entonces, se multiplican las teorías sobre su significado real.

Por largo tiempo, se creía que era obra del fraile franciscano Roger Bacon, cuyo interés en la alquimia y la magia lo llevó a prisión en el siglo XIII.

Pero esa teoría fue descartada cuando una prueba con carbono permitió circunscribir el texto a entre el 1404 y el 1438.

Otras hipótesis sugieren que lo pudo haber redactado un joven Leonardo da Vinci, alguien que escribió en clave para burlar a la Inquisición, una persona que hizo una broma muy elaborada o incluso un extraterrestre que lo dejó al abandonar la Tierra.

Su misterioso contenido alimenta la incógnita. Las plantas dibujadas jamás han sido identificadas, mientras que sus cartas astronómicas y sus mujeres no aportan mayores pistas.

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¿Puede ser el manuscrito la clave de la eterna juventud? ¿O una mera recopilación de medicinas naturales?

Numerosos estudiosos han intentado descifrar el enigma, entre ellos el criptógrafo William Friedman, líder del equipo que logró comprender el código de la máquina japonesa de cifrado Purple durante la Segunda Guerra Mundial.

La única persona que pudo descodificar el Manuscrito Voynich fue Indiana Jones, en una novela sobre el personaje creado por George Lucas.

Más allá de la ficción, la Biblioteca Beinecke recibe todos los meses miles de correos electrónicos de personas que afirman haber resuelto el acertijo, dice Rene Zandbergen, ingeniero espacial dedicado a estudiar el manuscrito.

“Más del 90% de las entradas a su biblioteca digital se deben al Manuscrito Voynich”, indica.

Copia fidedigna

Apenas un poco más grande que un libro de bolsillo, la obra tiene 200 páginas, varias de ellas desplegables de gran tamaño.

Siloé tardará unos 18 meses en producir los primeros facsímiles, mediante un meticuloso proceso iniciado en abril cuando un fotógrafo se desplazó a Yale para documentar el original.

A partir de las fotos, los trabajadores de Siloé producen maquetas para luego imprimir las páginas con una técnica que logra que el producto final luzca exactamente igual al original.

El papel utilizado, fabricado por la propia empresa, será tratado para que se asemeje al pergamino del Voynich. Una vez impreso, las imperfecciones del códice original se reproducirán con herramientas especiales, señala Juan José García.

“Mi socio (…) dice que el autor del Voynich también pudo haber sido un sádico, porque nos tiene a todos envueltos en este misterio”, bromea García.

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