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Calles de París marcadas por el luto tras ataques

DAVID MCNEW / AFP
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Bares vacíos, aceras desiertas, persianas bajadas. A pesar de algunos fiesteros irreductibles que quieren “seguir viviendo”, el silencio reinaba el sábado por la noche en unas calles de París marcadas por el luto, un día después de los atentados más mortíferos de la historia de Francia.

“Saldremos de fiesta hasta el amanecer”, asegura Jean Manuel Miquel de Flores, un trompetistas y cantante de 26 años que para nada se plantea anular su concierto de música cubana.

“Vamos a tocar esta noche, hacemos simplemente nuestro trabajo y no tenemos ganas de dejar de hacerlo. Seguro que habrá gente”, subraya a la entrada de un bar de la calle Oberkampf, una zona de fiesta de la capital.

Majide Kerzazi, el propietario del bar, lo confirma. “No vamos a darles la razón, vamos a demostrarles que nosotros estamos vivos. Hemos encendido una pequeña vela para aquéllos que se fueron”, explica señalando un candelabro.

“La mejor manera de apoyar a los que murieron, es seguir viviendo. No vamos a permanecer en la política del miedo”, añade.

Su objetivo de hacer frente a la tristeza no encuentra sin embargo mucho eco entre los fiesteros. Las sillas de las terrazas de los restaurantes permanecen casi vacías.

“Normalmente estamos llenos, tenemos capacidad para 300 personas. Y mira ahora, solo hay dos personas. La gente cedió al miedo. Vamos a cerrar a las 20:30″, explica Manseri Bachir, dueño del Café de París.

“¿Cerrar? Ni pensarlo”, dice por su parte Antoni Durand, director del bar La Mercerie. “Aunque todos tenemos miedo, no quiero caer en un miedo tetanizante, debemos mantener la cabeza alta”. Pero La Mercerie, en las horas que suele estar llena, estaba casi vacía el sábado.

En la acera opuesta, las puertas del Nuevo Casino, un club que abre a la medianoche, se mantuvieron cerradas.

‘El lugar más seguro del mundo’

A un centenar de metros de la sala de conciertos del Bataclan, donde 89 personas murieron, hay mucha agitación. En medio de los vehículos de canales de televisión, decenas de periodistas de todo el mundo transmiten en directo.

Cerca, el bar “Chez Gaston” está lleno. En las mesas, cuadernos y material audiovisual traicionan a los clientes sentados en las mesas, todos periodistas.

Rachel, de 25 años, y Sam, de 39, beben una copa de vino en la terraza del bar. Estos ingleses que llegaron a París el viernes por la noche querían “ver el lugar, rendir homenaje. Hasta el mediodía no sabíamos qué hacer, estábamos en nuestro hotel viendo la televisión”.

“Este es el lugar más seguro esta noche. No van a volver aquí”, asegura Rachel. La pareja no terminará la noche en una discoteca, como lo habrían hecho en otras circunstancias.

“Tenemos ganas de fingir que todo está bien, compartir, no quedarnos solos”, explica Benoît, en la barra de un bar en las orillas del canal Saint-Martin, cerca de uno de los lugares donde murieron 15 personas.

“Llevo tres horas en este bar y todo el mundo habla del mismo tema”. A su lado, Julien lo interrumpe y levanta su copa: “No renunciar jamás. ¡Jamás!”.

“Por principio, si mañana hay un concierto de un grupo que me gusta iré”. Benoît le responde que “esta vez no atacaron a Charlie Hebdo, sino a gente común. Es lo que cambió. Me siento en peligro por ser una persona común”.

Según el último balance provisional, al menos 129 personas murieron y unas 352 resultaron heridas, 99 en estado muy grave, tras atentados casi simultáneos perpetrados la noche del viernes en la capital francesa.

Michael B. Thomas / AFP

Michael B. Thomas / AFP

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